Regreso al futuro: nostalgia y paradojas

Durante algún tiempo, fue lugar común entre los aficionados hablar de los “dos que hicieron tres” para referirse a los dos cineastas responsables (en un caso en colaboración) de las tres trilogías fundamentales del cine fantástico y de ciencia ficción. Los dos eran, por supuesto, Steven Spielberg y George Lucas, y las trilogías se referían a la saga de Star Wars, Indiana Jones y Regreso al futuro.

La frase ya no es cierta, por supuesto, no desde que Lucas se embarcara en la realización de los episodios I, II y III de La guerra de las galaxias, y lo fue menos tras cristalizar el proyecto de filmar una cuarta entrega de Indiana Jones. Posibilidad, por cierto, que en su momento fue contemplada con más miedo que expectación por los aficionados.

De este grupo de películas era, precisamente, la saga de Regreso al futuro la que se consideraba por parte de los aficionados a la ciencia ficción como “obra menor” en comparación con las otras dos. Y es sorprendente, porque mientras que las películas dedicadas al arqueólogo se orientan hacia la vertiente más fantástica del género y la doble trilogía de las galaxias es un space-opera sin complejos, las aventuras de Marty McFly y “Doc” Brown son ciencia ficción pura y dura que, además, se ha atrevido a embarcarse en uno de los subgéneros más difíciles de la CF: el viaje en el tiempo.

Es frecuente que el viaje temporal se utilice como poco más que excusa argumental, un puro mcguffin, especialmente en el cine. Sin embargo se convierte un elemento imprescindible de la trama de Regreso al futuro, hasta el punto que cada una de las películas se sustenta en una, o varias, paradojas temporales, sin las que los filmes no funcionarían.

Quizá el motivo para que esta trilogía haya sido considerada como “menor” por los aficionados, reside precisamente en su tercera parte, cuya apariencia de western camufló quizá demasiado bien un estupendo proto steam punk en el que los elementos del viaje en el tiempo y sus inevitables paradojas, sin bien ocupan poco metraje, resultan indispensables para la resolución satisfactoria de la trama.

Como otras historias de viajes en el tiempo, las tres películas juegan con la nostalgia de un pasado que, seguramente, nunca fue como recordarmos. Los años cincuenta de los rebeldes sin causa y el western de las ciudades sin ley, desde luego, pero también los años ochenta que son el “presente” a lo largo de toda la trama y que para nosotros, más de veinte años después, se convierten en un cliché nostálgico tanto o más como lo fueron para los responsables de la trilogía las otras dos épocas. En cuanto al futuro que se visita en la segunda entrega, podemos decir otro tanto, con todo lo que tiene de futuro imaginado en una época pasada y que, inevitablemente, nunca llegará a ser como esperábamos o temíamos.

Es curioso, por otro lado, el título de la película, pues ese futuro al que Mary McFly intenta regresar es, en realidad, su presente. Presente que altera una y otra vez con sus continuos viajes en el tiempo y que, en cierto modo, podríamos decir que va retocando aquí y allá (casi siempre de un modo inconsciente, sin saber muy bien lo que hace y, a menudo, de una forma atropellada y un tanto desesperada, buscando arreglar sus propias torpezas o las de los demás) hasta dejarlo bien a su gusto. Cuando la trilogía se cierra, de hecho, ha conseguido poner en su sitio, no solo el presente, sino su futuro personal, pues aquella visión premonitoria de su propia decadencia que tuvo en la segunda entrega de la saga se ha convertido en un futurible que, presumimos, ya no se realizará.

Es posible que a más de uno le sorprenda descubrir que, en ningún momento, Regreso al futuro fue concebido como una trilogía, sino como una única película en la que sus responsables contaron, o creyeron contar, cuanto querían. En realidad es fácil verlo retrospectivamente: el que la novia de Marty suba con ellos a la máquina del tiempo al final de la primera película hace que los guionistas de la continuación se pasen buena parte de la siguiente entrega pensando en cómo deshacerse de ella. Algo que no habría sido necesario de haber tenido continuaciones en mente: el personaje no habría aparecido al final de la primera cinta, y punto.

Fue el éxito de taquilla de esta primera película lo que motivó la posibilidad de una secuela. Conscientes Zemeckis y Bob Gale (guionistas de la saga, director el uno y productor el otro) de que el estudio haría las continuaciones con o sin ellos, decidieron subirse al carro y procurar, cuando menos, que el resultado les resultara satisfactorio.

Cuando aceptó la oferta de dirigir las continuaciones, Zemeckis estaba rodando ¿Quién engañó a Roger Rabbitt? así que Gale escribió en solitario un primer tratamiento para la segunda película, cuyo tercer acto se desarrollaría en los años sesenta. Habría sido, sin duda, interesante de ver, pero Zemeckis decidió, con bastante buen sentido, que la secuela les ofrecía la oportunidad de revisitar la primera parte y volver a contarla parcialmente desde otro punto de vista, creando así una interesante trama de paradojas y cuasi-paradojas que aún no ha sido superada en el cine de ciencia ficción.

La premisa argumental, por otro lado, ese 1985 alternativo en el que Biff se ha convertido en todopoderoso y George McFly ha muerto, vino motivada por algo tan nimio como el hecho de que el actor que había encarnado al padre de Marty en la entrega anterior no aceptó las condiciones que se le ofrecían para participar en la secuela. Gale se dijo: “de acuerdo, mataremos al personaje”. De ahí pasó a preguntarse “¿cómo?” para finalmente desarrollar esa enloquecida trama en torno al almanaque deportivo que motiva toda la segunda película.

En la tercera entrega decidieron que la historia se centrase en “Doc” Brown, al igual que las anteriores habían girado alrededor de la familia pasada y futura de Marty (por cierto que, para ser el protagonista de la serie, es el personaje que menos cambia y al que menos se explora: funciona más como pivote para que ocurran las cosas que como auténtico personaje). La cuestión a resolver era, en apariencia, simple: ¿De qué clase de mujer se enamoraría un hombre como ése y, sobre todo, qué clase de mujer se enamoraría de un hombre así? A eso, por supuesto, había que añadir un nuevo viaje temporal que, por la manía de los guionistas de usar números redondos, convertiría el 1985 (que es el “presente” de toda la saga, como hemos dicho) en 1885 por el sencillo procedimiento de restar cien años.

Gale confiesa que siempre quiso rodar un western y la tercera entrega de Regreso al futuro le da la oportunidad de hacer realidad su sueño. Y es lo que ruedan, un western autoconsciente, posmoderno en cierto sentido, lleno de referencias al género: desde las más clásicas (el traje que Marty se pone para viajar a 1885, sacado directamente de las películas de Roy Rogers, y el happy trails con el que el “Doc” de 1955 le despide) al spagueti western de los años setenta, con el poncho (en realidad, el jorongo) y el sombrero que Marty le ha robado a Clint Eastwood junto con el nombre y que lleva durante casi toda su estancia en el Oeste.

Pero no olvidan que están haciendo ciencia ficción, que la película va de viajes en el tiempo, y es precisamente en el elemento romántico de la película donde vemos cómo los guionistas resuelven elegantemente esos temas, con la aparición de esa Mary Steenburgen (actriz que parece abonada a los romances con los viajeros en el tiempo) que debería haber muerto nada más llegar a Hill Valley y que se convierte en el amor de “Doc”.

Regreso al futuro es una de las grandes sagas de ciencia ficción de todos los tiempos, con una historia muy bien equilibrada en la que los aspectos aventureros, humorísticos y de ciencia ficción se conjuntan a la perfección para darnos tres de las películas más divertidas e interesantes del género. Especialmente su segunda parte es casi un manual de cómo crear y resolver paradojas, con ocasionales toques de carrusel enloquecido (hay momentos en que son dos Martys de distintos periodos temporales los que entran en contacto con los personajes de 1955 y están a punto de entrar en contacto consigo mismos). Son tres películas llenas de referencias y guiños muy bien resueltos, por no mencionar la cuidadosa y plausible (que no necesariamente realista) reconstrucción de una época, algo que parece haberse convertido en la marca de fábrica de Zemeckis como director: basta mencionar su Forrest Gump o su ¿Quién engañó a Roger Rabbit?.

Termino comentando algunas curiosidades. La primera que, si uno se fija mucho, en la segunda entrega podrá ver una breve aparición de un jovencísimo Elijah Wood. Una pista: es en el año 2015. También verá a Billy Zane (el malvado ricachón de Titanic, entre otras películas) como uno de los sicarios de Biff en 1955. Recomiendo también no perderse el cameo de Huey Lewis (responsable del Power of Love que acompañaba los créditos de la primera película) como el profesor encargado de decirle a Marty que su grupo de música es demasiado ruidoso para los estándares del instituto. Y, para terminar, las breves apariciones de los tres secundarios del western de toda la vida que se pasan toda la tercera entrega en el saloon convertidos en versiones de frontera americana de los tres viejecitos de Astérix en Córcega.

7 comentarios

  1. Esta trilogía siempre me ha parecido bastante buena y muy bien trabajada. Solo hay un detalle que no se explica: por qué los padres de Marty McFly no se dan cuenta en 1985 de que su propio hijo fue quien les echo un cable cuando ellos eran jóvenes? Me parece extraño que algo que se supone tan trascendental para los padres como fue iniciar una relación en donde Marty McFly fue el “catalizador” se les borrase parcialmente y sin más de la memoria…

  2. Hombre, es un adolescente al que ellos vieron durante una semana, hace treinta años, cuando ellos mismos eran adolescentes. Y no tienen fotos de él. Sin duda recordarán al tipo que conocieron, el tal Kalvin Klein (Levis Strauss en el doblaje español) y que fue quien los unió. Pero ni se les pasa por la cabeza que sea su hijo.

    No olvidemos que, si al principio de la película no dan muestras de recordar eso es porque Marty, al cambiar el pasado, cambia el futuro, y cuando vuelve vuelve a un futuro mejorado donde su padre no es un pringao, sino un escritor de éxito. Así que no es improbable que en ese nuevo futuro ellos recuerden al Kalvin (Levis) que los unió. Lo que pasa que no lo llegamos a ver. La película se acaba antes.

  3. … ya, eso se entiende. Vamos, era un comentario de algo que el espectador se supone que ha de considerar sin mas.

    Por cierto, que supongo que te acuerdas que el padre se convertia en escritor de ciencia-ficción, cosa que sinceramente me agradó ver.

    Es curioso tambien el hecho de que Michael J. Fox siempre ha conservado esa imagen de “joven marchoso y algo liante” desde entonces, a pesar de que ha protagonizado papeles muy variopintos, como el de “Casualties of War”, pelicula recomendable (y muy dura; a mi me dejó muy impresionado). Es una pena que el parkingson le haya jugado tan mala pasada, porque siempre me pareció buen actor.

  4. Pues a mí es una saga que no me gusta especialmente. Quizá es que me estoy volviendo muy crítico con el cine de ciencia ficción, pero cada día me gustan menos películas.

  5. Es que es una saga para haberla visto en la adolescencia cuando se estrenó. Yo vi la primera con pocos años en un programa doble junto a Legend…
    Salí extasiado de aquel cine.

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