Unas bonitas flores… en la cabeza de un perro muerto

Walter Kovacs y Dan Dreiberg. O, lo que es lo mismo, Rorschach y Búho Nocturno.

Las dos caras de la misma moneda, en realidad.

Porque, en el momento cumbre de Watchmen, Rorschach representa la opción moral que nos gustaría tomar si fuéramos lo bastante valientes para ello. Búho Nocturno, por otra parte, es nuestra cobardía optando por contemporizar y aceptando el mal menor.

Rorschach (sí, el tarado, el fascistoide, el maniqueo que todo lo ve en blancos y negros) acaba convirtiéndose en lo que nos gustaría ser. Y Búho nocturno (el pringáo, el fondón, el inútil lleno de buenas intenciones) refleja lo que somos realmente.

Creo que nunca me cansaré de leer Watchmen (que, por cierto, no es una novela gráfica, nunca ha sido una novela gráfica y nunca será una novela gráfica, por si no lo he dejado claro otras veces) y que jamás dejaré de encontrar en él nuevos detalles.

Si algo tienen las obras maestras, si algo las define por encima de cualquier otra cosa, es el hecho de que son continuamente reinterpretadas, que nunca dejan de generar interpretaciones y que cada nueva generación que las lee encuentra en ellas algo distinto.  Son, en cierto modo, un pozo sin fin que no se seca jamás por mucha agua que se saque de él. Que, de hecho, cuanta más agua saques, más quedará dentro.

4 comentarios

  1. Pues yo a Rorschach lo veo de otra forma, pero creo que hay tantas lecturas del comic como personas. Yo durante el comic también lo fui viendo como un ideal moral, pero un ideal ciego. Al final, veo el discurso de Moore de que el fin justifica los medios, de hecho usa al “hombre más inteligente del mundo” para defender esa tésis en contra de Rorschach.

  2. Yo, en cambio, ni de lejos veo que Moore use a Ozymandias para justificar nada. De hecho, el Dr. Manhattan se lo dice bien claro a Vedit cuando este le dice algo así como “It all worked out in the end” y Manhattan contesta: “In the end? Nothing never ends, really”. Y, de hecho, para mí el retrato que Moore hace de Veidt te lleva deliberadamente a pillarle antipatía al personaje.

    Pero, como dices, una de las cosas grandes del cómic es que tiene tantas lecturas como lectores.

  3. —->Si algo tienen las obras maestras, si algo las define por encima de cualquier otra cosa, es el hecho de que son continuamente reinterpretadas, que nunca dejan de generar interpretaciones y que cada nueva generación que las lee encuentra en ellas algo distinto.

    O que las ve, o que las escucha.
    Yo estoy con Juaki.

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