Duermevela

Paso buena parte de mi tiempo de vigilia dándole vueltas a lo que estoy escribiendo. Esbozando mentalmente escenas, perfilando personajes, tratando de ver hacia dónde avanza la trama, ese tipo de cosas.

Sin embargo, en esos momentos apenas trato cosas nuevas. Me limito a ir componiendo detalles, haciendo un poco más nítido el paisaje narrativo que en esos momentos está aún borroso. Y que suele estarlo, aunque cada vez menos, hasta el momento mismo en que me pongo a escribir esa secuencia concreta; sólo entonces cobra su forma definitiva, a menudo no del todo igual a la que fui componiendo en mi mente.

Es por la noche cuando las ideas acuden. Por el día me limito, como he dicho, a ir dándoles forma, definiéndolas. Pero es en el momento de la duermevela, en esos cinco o diez minutos en que estoy tumbado en la cama esperando a que el Sandman venga a echarme arena en los ojos y me lleve a su reino del sueño, cuando las cosas encajan de verdad. Cuando la trama empieza a aclararse, los distintos hilos de la madeja se entrelazan y cobran sentido y lo que, en principio, parecían historias dispersas se van convirtiendo en una sola.

Es en esos minutos cuando la novela va naciendo y desarrollándose. Luego, a lo largo del día es simple cuestión de ir puliendo y dejando las cosas más definidas. Y suele ser, casi siempre, poco antes de quedarme ya completamente dormido cuando todo cobra mayor sentido y me doy cuenta de por dónde van las cosas, qué sentido tiene realmente tal personaje y por qué está ahí y para qué.

Así que supongo que la frase que leí el otro día en Visión ciega de Peter Watts es realmente cierta: que es el subconsciente el que de verdad hace el trabajo y la mente consciente se limita a pulir aristas, ordenarlo todo del modo adecuado y luego atribuirse el mérito del asunto.

Vamos, como un catedrático: deja que sus alumnos hagan el trabajo, lo supervisa, elimina incoherencias, lo ordena todo un poco y luego pone su nombre en la portada.

Un comentario

  1. Bueno es que no está claro que tengamos una sola mente o muchas, que de algún modo se combinan. Quizá queremos engañarnos a nosotros mismos con la idea que tenemos un control, un libre albedrío y todo lo demás, cuando en realidad no somos más que muñecos de un patrones de comportamiento inconscientes. O mucho peor, la ausencia total de patrones.

    Quizá cuando soñamos no formamos los patrones, de ahí el absurdo de los sueños, pero también explica un proceso creativo como el que comentas.

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