La princesa prometida… otra vez

Ahora la culpa ha sido de César Mallorquí. Hace unas semanas me pidió un artículo sobre la novela fantástica de aventuras y añadió que incluyera un listado de las que eran, a mi entender, las diez mejores novelas de aventuras de todos los tiempos (ya fueran de género fantástico o no). Decidí hacer la lista ferozmente subjetiva, sin preocuparme demasiado de la consideración crítica o popular que tuviesen las novelas elegidas.

Entre ellas estaba, por supuesto, La princesa prometida. César me respondió manifestando su sorpresa ante la inclusión de ese libro, no porque no le gustara (que sí, y mucho) sino porque normalmente cuando habla de ella la reacción que recibe es de cierta displicencia, como si fuera una obra menor. “¿Menor?”, fue mi reacción. “Las narices va a ser una obra menor.”

¿El resultado? Que me he puesto a leerla de nuevo. Y, una vez más, me ha atrapado desde la primera página, desde ese delicioso juego metaliterario que Goldman se trae fingiendo ser simplemente el tipo que está resumiendo (compendiando las “partes buenas”) la novela S. Morgenstern para el público moderno.

Allí estaban de nuevo Westley, Buttercup, Íñigo, Fezzik, el taimado Vizzini (¡inconcebible!), el malévolo príncipe Humperdink, Máx el milagroso… como si los años no hubieran pasado por ellos.

“Sigue siendo el libro que más me gusta”, dice Goldman al principio de la edición especial del trigésimo aniversario (del vigésimo quinto, en realidad, pero eso es otra historia), “y me encantaría haberlo escrito yo”.

Toma, y a mí.

3 comentarios

  1. Que todas mis “culpas” sean tan gratas como impulsarte a leer de nuevo esa deliciosa novela. Supongo que el motivo de la displicencia con que algunos la tratan residen en que es un relato de humor y, al parecer, las cosas que te hacen reir no son serias. Yo, sencillamente, la adoro; leí la primera versión y la releí cuando salió el tomo conmemorativo. Y ahora, por tu culpa, me están entrando ganas de leerla otra vez.

    Por cierto, también me encanta “Puente de pájaros”,de Barry Hughart, una novela que me recuerda mucho, por el tono, a “La princesa prometida”.

  2. Pues sí. “Puente de pájaros” es otra de esas cosas que lees de apariencia “ligera” pero que, de algún modo, devoras y luego no puedes olvidar. Es cierto.

    Quizá la clave, o al menos parte de ella, esté en la engañosa sencillez con que están contadas, como si fuera inevitable que las cosas pasaran así. No sé.

  3. Hacía mucho que no escribía por aquí, pero es que es tocar el tema Princesa prometida y no puedo evitarlo…

    Los juegos metatextuales son mi debilidad, y una de las constantes de mis relatos y cortometrajes. Y sólo Goldman podía hacer lo que hizo con La princesa, y luego atreverse a ir más allá, con esa ficticia compilación del ficticio primer capítulo de una secuela que jamás se planteó escribir… Maravilloso.

    Me anoto “puente de pájaros”, pues.

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