El Asimov más cercano

Que Asimov es uno de mis autores-fetiche no es ninguna novedad, evidentemente. Entre otras cosas, ni siquiera yo soy tan bruto de iniciar la publicación on-line de un ensayo sobre la ciencia ficción de un autor por el que no siento menor aprecio.

Que odio documentarme tampoco es un secreto. Sólo que no es totalmente cierto. No me gusta documentarme cuanto tengo la sensación de estar haciéndolo: en ese momento se convierte en trabajo y deja de ser divertido. Sin embargo, no tengo ningún problema en hacerlo cuando el impulso es, simplemente, obtener más información de un tema, el que sea, que en ese momento me interesa.

Sin ir más lejos, fue mi interés por la Guerra Civil Española y la posterior dictadura franquista el que me llevó a leer durante algún tiempo todo lo que pude pillar sobre el tema. Sin ninguna otra intención más que la de saber un poco más sobre una época de nuestro pasado reciente. Lo que no sospechaba era que, sin saberlo, estaba documentándome para proporcionarle un telón de fondo adecuado a lo que, con el tiempo, iba a ser Sherlock Holmes y las huellas del poeta.

Estos días estoy leyendo (en muchos casos, releyendo) bastante material de Asimov. Su ciencia ficción, sin duda. Parte de su policiaco. Y algunos de sus libros de divulgación.

Y, por supuesto, sus textos biográficos.

Hasta ahora sólo tenía a mi disposición la edición española del I, Asimov que Ediciones B publicó bajo el título de Memorias. Pero hace unas semanas me decidí a pillar en el “klingon original” algún libro más.

Uno de ellos fue la colección de cartas que el hermano de Asimov, Stanley, compiló hace más de diez años y que apareció en 1995 bajo el título de Yours Asimov: A Lifetime of Letters.

Asimov pasó buena parte de su vida escribiendo sin parar. De lo que fuese. De hecho, era claramente un yonqui de la escritura y, cuando no podía escribir, no paraba de pensar en hacerlo y de desear que llegase el momento de poner de nuevo sus manos sobre el teclado. Era un adicto, vaya.

Y una de las cosas que hizo fue escribir numerosas cartas. A amigos, a parientes, a editores, o a fans. Procuraba responder toda su correspondencia (y era voluminosa) aunque fuese con un par de líneas garabateadas en una postal.

Como suele ser habitual en este tipo de libros, las cartas van agrupadas por temas, lo que permite ir viendo de un modo estructurado la forma de pensar de Asimov y sus puntos de vista sobre casi todo.

Evidentemente, el primer efecto que tuvo leer el libro fue corroborar una vez más lo mucho que me gusta el modo en que Asimov veía las cosas y lo identificado que me siento con su racionalismo, su antitribalismo y buena parte de su ideología.

Nada que no supiera, en realidad, después de haberme pasado los últimos treinta y tres años de mi vida leyendo y releyendo su obra.

Pero lo mejor de este libro no es tanto ver lo que Asimov opinaba sobre esto o aquello, sino el modo en que lo hace. Cada carta es como asistir a una conversación y, si el tono de Asimov en todo cuanto escribía solía ser llano e incluso campechano (sobre todo cuando hablaba de sí mismo), en estas cartas esa voz no sólo es predominante, sino sino que suena incluso más cercana que en otras ocasiones. Es como si el autor de esas cartas fuera un amigo que está hablando con nosotros, y lo hace sin tapujos, de un modo directo, siempre cordial.

Cálido.

Me es fácil imaginarme a los dos con una mesa de por medio y varios cafés, refrescos, cervezas o lo que sea entre los dos, mientras hablamos tranquilamente de esto, lo otro o lo de más allá. Una conversación tranquila, relajada y sin crispaciones, en la que los temas van saliendo sin ningún orden especial y donde el tono va pasando de lo íntimo a lo irónico, de lo solemne a lo divertido, de lo serio a lo lúdico sin solución de continuidad.

Obvio es decir que devoré el libro en dos patadas y que, al terminarlo, tenía ganas de más.

8 comentarios

  1. Al final, igual que ocurre con las memorias, te deja un punto amargo el saber que terminó siendo un hombre derrotado.

  2. Hombre, cierto que él se sentía así, hacia el final. Pero, si lo miras con un poco de perspectiva, tenía motivos para sentirse más que satisfecho.

    Y, al fin y al cabo, todos salimos derrotados, al final, si lo miramos así.

  3. Pues de regalo, por si no lo has visto antes:
    http://www.youtube.com/watch?v=LO0sCs8jI4k

    (con su continuación)

    De todos modos, te recomiendo que te pilles los libros:

    “In Memory Yet Green: The Autobiography of Isaac Asimov, 1920-1954”

    y

    “In Joy Still Felt:The Autobiography of Isaac Asimov 1954-1978”

    te vendran muy bien para tu otro blog sobre el autor.

    Buen trabajo con el blog Asimoviano, por cierto… (junto a éste, claro)

  4. Sí, esos son dos libros que están en el punto de mira, Este mes ya he gastado todos mis “puntos de Asimov” con las guías de la Biblia y de Shakespeare, pero seguro que al mes siguiente caen.

  5. ¿Derrotado al final? ¿Por qué? ¿Porque falleció? Eso nos pasa a todos, me parece a mi. A mi me parece que obtuve muchas, muchísimas victorias antes de la derrota inevitable.

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