Oh, say can you see

Sostenemos como evidentes por sí mismas estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad. Que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla, o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad. La prudencia, claro está, aconsejará que no se cambie por motivos leves y transitorios gobiernos de antiguo establecidos; y, en efecto, toda la experiencia ha demostrado que la humanidad está más dispuesta a padecer, mientras los males sean tolerables, que a hacerse justicia aboliendo las formas a que está acostumbrada. Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al mismo objetivo, evidencia el designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, es su derecho, es su deber, derrocar ese gobierno y proveer de nuevas salvaguardas para su futura seguridad y su felicidad.

Y doscientos treinta y tres años más tarde nadie ha conseguido escribir todavía un texto que refleje mejor que éste lo más grande del espíritu humano.

5 comentarios

  1. Es un gran texto, aunque estoy en una etapa de descreimiento acerca de las bondades del espíritu humano…

  2. El espíritu humano es como es, capaz de lo más rastrero y mezquino y al mismo tiempo de lo más grande y acojonante. Y a menudo en la misma persona.

  3. Lo malo es que en muy contados casos es capaz de lo más grande y acojonante, y aún más extraño ese acto grande y acojonante se hace de modo altruista, desprendido, y sí empujado por alguna motivación de origen egoísta. Que luego esa inercia se aproveche para hacer algo desinteresado, pues sí, a veces, y que luego la “literatura” (ya me entiendes) convierta al tipo en héroe, pues también, casi siempre.
    En fin, descreimientos míos, ya te digo.

  4. No, si en realidad estoy de acuerdo contigo. De hecho, si hacemos caso “El gen egoísta” (creo que se llamaba así el libro) el comportamiento altruista como tal no existe, y cuando parece existir está enmascarando un comportamiento evolutivo de pura supervivencia (quizá no de ti mismo, pero sí de tu “familia genética”).

    Pero tampoco veo nada esencialmente malo en eso, la verdad.

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