Con América, James Ellroy se embarcó sin duda en su proyecto más ambicioso, que continúa en este Seis de los grandes narrando la historia de la América secreta entre el asesinato de John Kennedy y el de su hermano Bobby.

El personaje focal de la obra es un matón de poca monta de la Mafia que se ve tangencialmente involucrado en el atentado del Presidente y que, a lo largo de toda la novela, recorrerá su historia personal sin darse cuenta muchas veces de que está recorriendo también la historia de su país, esos años sesenta que estamos acostumbrados a identificar con la psicodelia, el flower power y Vietnam, pero que son también los años de la Mafia, el FBI conspirando contra su propio gobierno y el dislocamiento final del sueño americano.

El lector conocedor de la obra de Ellroy no encontrará aquí sorpresas en cuanto su forma de narrar: titulares de periódico y conversaciones telefónicas intercaladas en medio de la narración principal, en la que usa una vez más su característico estilo entrecortado y desnudo, lleno de elipsis y que tan eficaz se reveló en obras anteriores.

Pero que aquí se convierte en un problema. Estamos ante una forma de narrar (que Ellroy ha ido depurando magníficamente de una obra a otra, todo hay que decirlo) que funciona a la perfección en historias más cortas pero que usada sin piedad a lo largo de más de ochocientas páginas acaba provocando el cansancio y la irritación del lector. Las pausas en ese estilo que son los artículos periodísticos, los informes del FBI o las conversaciones telefónicas de Hoover con otros personajes, no aportan el descanso suficiente para que el lector pueda seguir con la lectura. Así, y pese a que lo que nos cuenta Ellroy es interesante y está bien narrado, uno pasa las páginas cada vez con más impaciencia, deseoso de llegar al final y terminar, por fin, de escuchar esa voz entrecortada, atonal y sin matices que nos va relatando implacablemente los acontecimientos. Terminar la novela es, en cierto modo, una liberación para el lector.

Y eso hace que me pregunte si Ellroy no estará sobreviviéndose a sí mismo en sus últimas obras, si el rumbo narrativo que ha emprendido con ellas no le estará exigiendo un cambio de voz que el autor no ha sabido o querido encontrar. Si en L.A. Confidential o Jazz Blanco esa voz funcionaba a la perfección y obtenía los resultados deseados entre los lectores, en esta obra se convierte en el principal escollo a salvar y uno termina disfrutando de esta novela pese al modo en que está contada, en lugar de gracias a él.

5 thoughts on “Seis de los grandes, de James Ellroy

  1. Apuf, algo me estás diciendo. Teniendo en cuenta que yo con L. A. Confidencial me aburrí como un cosaco y me costó horrores acabarla, deduzco que no me aconsejas estas últimas obras, ¿verdad?

  2. Yo hasta ahora nunca me he cansado de él. Pero bien es cierto que lo he leído con intervalos bastante grandes entre novela y novela. Seguramente leer varios de sus libros más o menos seguidos, sí puede llegarse a hacer algo cansino.

  3. Rodolfo Martínez, tu comentario me parece muy bueno.

    Yo estoy solo en mi casa leyendo el libro \América\ (de Ellroy). Me he comprado \Seis de los grandes\, porque pensaba que eran dos libros que me iban a llevar a otro mundo de la narración, o con la narración, pero me ha pasado bastante de lo que dices, lo de la irritación, etc.

    He pensado a menudo que el autor está intentando todo el rato ponerte a prueba con acertijos. Vaya, que lo pone difícil para comprobar si llegas a lo que escribe. Y creo que de eso no se trata. No sé explicar tan bien como tú lo que me pasa, pero, con todo lo extensos que son esos libros, les falta algo para conseguir lo que debieran conseguir.

    Sancho

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