Nueve años de comics

Para algo tenían que servir las Navidades, al fin y al cabo. Aprovechando este pequeño periodo de vacaciones me he puesto al día con la mayoría de los comics que, durante los últimos años, he ido comprando, acumulando y no leyendo. En algunos casos (sobre todo en Superman), más de nueve años de lecturas pendientes.

¿La conclusión?

Que me temo que me reafirmo en la decisión que tomé hace ya algunos años. Pese a que durante mi infancia fui un marvelita de pro, desde mediados de los ochenta me he vuelto a DC y sigo sin encontrar motivos para cambiar de idea. Me gustan las series de DC; algunas (como la JSA de los noventa, surgida a rebufo de la JLA de Morrison) me gustan mucho. Qué demonios, hasta me gustan las crisis de identidad, las crisis infinitas, las crisis de conciencia y hasta, seguramente, las crisis finales cuando las lea. Que en DC encuentro una forma de hacer tebeos (sin duda anticuada) que me sigue funcionando y me llega, al contrario que lo poco que he podido leer de Marvel estos años. De hecho, a pesar de mi tendencia de cada vez comprar menos novedades y lanzarme a pillar reediciones de material antiguo, DC aún me interesa lo suficiente para leer alguna cosa nueva de vez en cuando; el grueso de mis compras en Marvel, por el contrario, se compone de tebeos de los años setenta.

Me sigue fastidiando que se hayan cargado la “intercontinuidad” entre las distintas series de Superman, cierto. Echo de menos a Mike Carlin como coordinador de los títulos del Hombre de Acero. Pero, pese a todo, los tebeos del kryptoniano siguen estando entre mis lecturas favoritas.

Vamos, que me lo he pasado de miedo poniéndome al día con los tebeos de superhéroes.

Y ahora… bueno, a darle caña de una maldita vez a la novela que estoy escribiendo e intentar que la pila de libros pendientes de leer vaya reduciéndose un poco. Tarea, esta última, que preveo imposible.

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