Las aventuras del joven Clark Kent

Los que me conocen lo saben: cualquier cosa relacionada con Superman tiene muchas posibilidades de captar mi atención de inmediato.

Y hace unos seis o siete años la captó una serie de televisión que recreaba los mitos del Hombre de Acero centrándose en su adolescencia en esa Villachica que recordamos los que conocimos a Superman por primera vez a través de aquellos comics de Novaro.

Hablo de Smallville, por supuesto.

Serie que, en principio no parecía gran cosa. Recuerdo que Rafa Marín la acusó de “spidermanizar” a Superman. Y, sin duda, algo de eso había, especialmente en las primeras temporadas, con situaciones y personajes que recordaban la etapa clásica de Lee y Romita. No hacía falta ser un lince para darse cuenta de que la relación entre Lex Luthor y su padre, Lionel, incurría en una deuda no reconocida con la familia Osborn.

Pero eso no era lo malo. En realidad, era una de las pocas cosas buenas que la serie tenía en sus primeras temporadas. Porque, reconozcámoslo: más allá de unos personajes con potencial, Smallville  tenía poco más en un principio. Tenía, eso sí, unos horripilantes tonos pastel que parecían omnipresentes (hasta en el hospital, madre de Dios) y una tendencia un tanto cansina a repetir una y otra vez el mismo esquema argumental.

Poco a poco, sin embargo, la serie fue despegando, sobre todo a medida que empezó a introducir (readaptados, refiltrados, pasados por las preferencias de los guionistas, reinterpretados una vez más como ya lo hicieron en su día la radio, el cine, los dibujos animados o los propios comics) elementos del universo de Superman: a medida que Jor-el, Krypton, la Zona Fantasma, Brainiac e incluso Supergirl van entrando en la serie, van enriqueciéndola y permitiendo que esta convierta en realidad, en ocasiones, el potencial que tiene.

No contentos con esto, los responsables deciden ampliar el asunto introduciendo a otros personajes de la DC. De este modo van apareciendo (con cuentagotas, eso sí) Green Arrow, Impulso, el Detective Marciano, Aquaman… Hasta llegar a la formación de una embrionaria Liga de la Justicia en la que Clark, empeñado aún en no admitir su encarnación del ideal heroico, todavía no participa del todo.

Y, a medida que pasa el tiempo uno se queda con una sensación bastante frustrante. Smallville está construyendo,  alrededor de la figura de Clark, un universo superheroico rico, coherente, bien amueblado y cada vez más atractivo. Y al mismo tiempo, no termina de despegar del todo. El entorno cada vez es, como digo, más atractivo. Y sin embargo, buena parte de los guiones no terminan de estar a la altura.

Por hacer una analogía fácil: como el propio Clark en la serie, que después de siete años aún no ha aprendido a volar… salvo cuando se vuelve malo o es poseído por alguien.

El esquema que habían venido siguiendo las últimas temporadas de Smallville era un tanto irritante: tres o cuatro buenos episodios al principio de temporada, tres o cuatro buenos en medio y tres o cuatro buenos al final, todos ellos enlazados argumentalmente y que aportaban cosas interesantes al universo de ficción en que se desarrollaban. Y, en medio, episodios de relleno a paletadas que ni aportaban nada ni resultaban especialmente interesantes como historias autoconclusivas o como momentos de definición de personajes.

Lo dicho, frustrante. Daba la impresión de que la serie tenía el potencial de ser de primera, pero no terminaba de arrancar nunca, de definirse de una vez.

Acabo de ver la séptima temporada, sin embargo, y parece que las cosas han cambiado. No hay un solo episodio prescindible en toda ella. Incluso los más tontos, los que parecen de puro relleno (y sí que hay algunos) aportan algo al conjunto y contribuyen a fortalecerlo.

De hecho, parece que los guionistas han decidido pillar el toro por los cuernos y lanzarse al ruedo de una vez, dejando de jugar con ambigüedades, situaciones esbozadas que no se resuelven nunca o intrigas interminables que jamás llegan a puerto. Es cierto que en las dos temporadas anteriores podíamos ver rastros de que el equipo creativo de la serie estaba decidido a encarrilar por fin el asunto, pero es en esta séptima donde vemos, finalmente, lo que llevábamos todo este tiempo queriendo ver: una historia en veinte episodios que aproveche de forma inteligente los mitos de Superman, juegue con toda la riqueza que el personaje ha ido acumulando en sus más de setenta años de historia y lleve a los personajes al lugar al que deben estar.

Tras la séptima temporada de Smallville no habrá (eso espero) marcha atrás. El destino de Lex y de Clark ya es irreversible. Y, si los responsables de la serie son capaces de estar a la altura del universo que han ido recreando, nos esperan cosas excelentes en el futuro.

O eso, o la cancelarán justo cuando empezaba a volverse realmente interesante. Que no sería la primera vez.

POSTDATA: Lo peor de la serie sigue siendo, de lejos, esa insufrible Lana Lang. Con un poco de suerte, parece que no la veremos asomar por allí en las siguientes temporadas. Ojalá.

Y lo mejor, como ya pasaba en las temporadas anteriores, el personaje de Lionel Luthor.

ANECDOTARIO: Los productores de Smallville parecen decididos a que pase por la serie cualquier actor que haya tenido que ver en el pasado con el Hombre de Acero. Ya desde el primer episodio, en realidad: al fin y al cabo, Martha Kent era interpretada por Annette O’toole, que había hecho de Lana Lang en Superman III

No contentos con eso hemos visto a Christopher Reeve dando vida al profesor Swan (homenaje evidente al nombre de uno de los dibujantes de Superman más reconocibles), y a Margot Kidder (“su” Lois Lane) interpretando a su colaboradora y amante. Para rematar la faena tenemos a Marc McClure (el Jimmy Olsen de Reeve) haciendo de kryptoniano, a Dean Cain (el Clark de Lois & Clark) encarnando a un científico loco inmortal, a Lynda Carter (la Wonder Woman de los años setenta) como madre de Chloe Sullivan … y, finalmente, como pirueta casi genial por lo enloquecida que es, a Terence Stamp (quien encarnó a maligno Zod en las dos primeras películas de Reeve) dándole voz a Jor-el.

Una de las señas de identidad de la serie, desde un principio, es el modo en que juega con el rojo y el azul (los colores básicos en el traje de Superman) en la indumentaria de Clark. Con la llegada de su prima kryptoniana, Kara, mantienen el juego haciendo que vista siempre con los colores inversos a los de su primo: donde él lleva azul, ella llevará rojo y viceversa. De hecho, utilizan el mismo truco cuando aparece el doble malvado de Clark, Bizarro.

¿Está abonado James Masters a obsesionarse con rubias superpoderosas con pinta de animadoras? Porque el modo en que Masters (que aquí encarna a Brainiac, el malvado ordenador viviente que, como en la serie de animación de los noventa, es responsable de la destrucción de Krypton) persigue a Kara durante la séptima temporada hasta, finalmente, llegar a suplantarla, darían para varias tardes de diván en la consulta de algún psicoanalista.

Y, sin duda resulta rematadamente extraño ver que Jimmy Olsen es encarnado por Aaron Ashmore, hermano gemelo del Shawn Ashmore que hizo del Hombre de Hielo en las películas de X Men. A partir de ahí, empezar a imaginar un cruce DC/Marvel es casi inevitable.

3 comentarios

  1. Espera a ver los capítulos que van de la octava temporada. Más que Smallville, debería llamarse Metrópolis. Supermán empieza a actuar (casi) como tal, y resulta absolutamente coherente en motivaciones y en todo; la relación con Lois apunta a superar con creces la vivida con Lana; si hasta ahora (con excepción de esa séptima temporada), la serie daba un pequeño apunte superheróico a una historia netamente teenager, en esta temporada el aroma a comic de superhéroes es continuo; Luthor es un supervillano entre muchos, el más importante, pero no el único. Vamos, que es Supermán aunque no vuele. Y el capítulo anterior al parón de diciembre es apoteósico (superheróicamente hablando).
    He seguido la serie con una especie de morbo indolente, me he tragado mucho pufo entre medias, pero tengo que admitir que desde hace temporada y media la estoy disfrutando de veras. Más que la repetitiva, plagiaria y, en suma, decepcionante Héroes, por ejemplo.

  2. Bah, que Shawn Ashmore ya había aparecido desde la primera temporada de Smallville como una especie de Bug-man… El cruce se imaginaba desde allí, ponle ;)

  3. El actual Superman del comic que ha sido re-editado hace un año atrás es un Clark tímido, torpe y destiado a ser un “looser” (perdedor). Parece un intento de divorciarse de la serie Smallville, pero paradojicamente se han empezado a importar las personalidades y personajes de ésta: aparece un papá Kent más “cercano” al de Smallville, Chloe Sullivan tambien aparece, algunas rectificaciones de Lex L., etc.
    Sin embargo la génesis de Smallville obedeció a otras causas: se pensaba hacer un pre-batman (o batman adolscente), cuando las películas estaban en apogeo. Se abandonó esta idea para no afectar las películas y los créditos (copyright). Tampoco se podía hacer una serie de “superboy”, porque existía un antecedente muy mediocre, pero principalmente por los derechos de autor. Pelea legal que literalmente duró décadas y no fue satisfactorio. Por eso, para no meterse en problemas, surge Smallville, sin un superboy…pero también sin un superman. Estiraron el concepto hasta que este reventó y es cuando empezaron a aparecer los demás superhéroes. Por esta época se atravezó la fallida pelicula Superman Returns.
    Mejoraba-empeoraba, empezaban a olerse las primeras cancelaciones del programa, pero subsistió. Despues volvió a decaer, y su fin ha llegado con la 8a temporada en donde los actores principales ya no pueden encarnar (por vejez) a los “adolescentes” de Smallville, y muy sanamente declinaron protagonizar más temporadas.
    Ha sido una gran serie (aunque concuerdo en que hubo muchos, muchos, capítulos “relleno”), y espero que termine dignamente.

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