Watchmen: lo fácil y lo difícil

Confieso que los tres trailers que he visto hasta ahora de Watchmen me han impresionado. Me han dejado boquiabierto y con ganas de ver la película.

El respeto al look original del cómic (no, no es una novela gráfica, nunca fue una novela gráfica y, se pongan como se pongan los esnobs culturetas acomplejados de que los pillen leyendo tebeos, nunca será una novela gráfica) es casi total y uno no puede evitar tener esperanzas y pensar que quizá, pese a todo, lo que veamos en la pantalla sí que va a ser una traslación de Watchmen tal como querríamos verla.

Luego, sin embargo, el entusiasmo se te pasa y te das cuenta de lo difícil que es eso. Y de que, en realidad, lo que has visto en el trailer es lo más sencillo de hacer: ganarte por los ojos, mostrarte en pantalla algo que visualmente se parece tanto al original que pierdes de vista lo realmente complicado.

¿Y qué es eso?

Bueno, una nimiedad como el modo en que está contada la historia.

Y recalco lo del “modo”. Porque no dudo que la película se las apañará para contar, más o menos, la misma historia del cómic y traspasar al celuloide (o lo que se use hoy en día) sus momentos más relevantes. Y seguro que respetará la caracterización de los personajes, y el ambiente y hasta me atrevería a decir que conservará en buena medida la carga ideológica del original.

Sin embargo, no era nada de todo eso lo que convertía al cómic de Moore y Gibbons en una obra maestra. Sino su estructura precisa, de mecanismo de relojería, el modo milimetrado en que todo estaba narrado y todas las piezas encajaban en su sitio: la propia partición de la historia en doce comic-books que funcionaban como capítulos de una novela (incluyendo las cubiertas, que formaban parte de la historia), el contrapunto a la peripecia principal que era el tebeo de piratas que leía un personaje, el acercamiento una y otra vez a la misma esquina neoyorquina sin aparente importancia, el uso magistral del tiempo y el ritmo a la hora de narrar (ese capítulo del doctor Manhattan en Marte que cada vez que lo releo me hace quedar con la boca abierta)… en fin, todo eso y mucho más que me dejo en el tintero.

Y, cuanto más lo pienso, más difícil veo que todas esas cosas se puedan trasladar a una película. Que se pueda contar la historia del modo que merece; no de la misma forma que en el cómic (el cine es otro medio, con otro lenguaje) pero sí de un modo análogo que produzca la misma fascinación y atrape al público de las salas como en su día Watchmen atrapó a los lectores.

No digo que sea imposible, ojo. Sólo muy difícil. Una dificultad acrecentada por el metraje que supongo que tendrá la película: dos o tres horas a lo sumo. ¿Cómo puedes encajar en ese tiempo todo lo que tienes que contar y como tienes que contarlo?

No lo sé.

Confieso, sin embargo, que en el fondo no pierdo la esperanza de que, de algún modo que no soy capaz de imaginar, los cineastas salgan triunfantes del desafío y lo que vea en las pantallas el año que viene me haga salir del cine deseando volver a entrar otra vez y preguntándome cómo han podido hacerlo, cómo se las han apañado.

Ya veremos. Nos quedan menos de tres meses de espera hasta resolver la incertidumbre.

4 comentarios

  1. Es imposible. Pero, ¿y qué? Yo me conformo con revivir un poco las sensaciones que me produjo en su momento Watchmen. Son lenguajes completamente distintos, y las historias se recrean de una forma distinta en la mente del espectador o lector.
    Recuerdo cuando leí “From Hell” (el tomo completo con un dedo puesto en los apéndices finales), la sensación que tuve era casi holográfica, mucho más tridimensional de lo que puede ser jamas una película. En Watchmen los innumerables destalles de cada página están ahí porque significan algo (no para crear confusión o barroquismo como suele suceder en el cine), y el lector puede asimilarlos uno a uno, a la vez que entiende la historia, salta hacia atrás para revivir algo, y luego sigue adelante. Al leer un cómic (una novela también, pero sobre todo un cómic) todos somos un poco como el doctor Manhattan, percibimos el tiempo de una forma distinta. Vemos la página como un todo, y luego cada viñeta, y luego cada detalle de la viñeta.
    Es imposible trasladar eso, y ahí tienes el resultado cinematográfico de “From Hell”.
    Pero creo que con Watchmen, la película, voy a disfrutar, sin plantearme nada más complicado que ver cómo las manchas de la máscara de Roschard cobran vida.

  2. Protesto, en From Hell ni siquiera lo intentaron. Es una película sobre Jack el Destripador que ha comprado los derechos de un comic como excusa.

  3. En efecto.

    From Hell usa la tesis del médico real (que ni siquiera es de Alan Moore sino de Stephen Knight) y el título del cómic. Nada más.

  4. Está claro. Para eso ya teníamos “Asesinato por decreto”. De todos modos, aún sería más difícil trasladar fielmente “From Hell” al cine que Watchmen.

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