Los Cantos de Hyperion: la traca final de los 80

It was twenty years ago today, cantaban los Beatles al principio del Sgt. Pepper’s. Y no ha pasado tanto tiempo desde la publicación original del Hyperion de Dan Simmons, pero casi. El año que viene se cumplirán los veinte años del descomunal space opera con el que, en cierto modo, se despidió la década de los ochenta del pasado siglo.

Los más viejos del lugar seguro que recuerdan el alborozo con que se anunció la novela, el entusiasmo con que ciertos sectores tanto de crítica como de público, la acogieron. Iba a ser la obra de ciencia ficción definitiva, el compendio total y exhaustivo, el libro que resumía, recontaba y analizaba todo lo que hasta entonces había sido la ciencia ficción. Encima, la cosa iba con pretensiones culturetas, llena de continuas referencias a la literatura “de verdad” (hombre, si hasta había tomado de modelo a Los cuentos de Canterbury y los poemas de John Keats, nada menos), tours de force estilísticos y narrativos y una ambición en el escenario y la historia que debían convertir ambas novelas (Hyperion y La caída de Hyperion) en un clásico desde el momento mismo de su publicación.

Así que aprovechando la edición en su solo volumen que Ediciones B ha hecho de los dos libros bajo el título de Los Cantos de Hyperion volví a releerlos con la idea en mente de ver cómo habían resistido el paso del tiempo y hasta qué punto la pretendida relevancia de los Cantos ha sido confirmada por el tiempo o se ha quedado en nada.

Confieso que las novelas me siguen funcionando (pese a que la edición de B está tan plagada de erratas evidentes que uno a veces se pregunta en qué demonios gastan su dinero los grandes grupos editoriales en este país) aunque el berenjenal narrativo en el que Simmons se mete en el segundo libro y la forma en ocasiones embarullada en que lo resuelve sigue causándome, aquí y allá, algún que otro dolor de cabeza y ciertos momentos de perplejidad.  Más allá de eso (que siempre sospecharé que fue una de las cosas que motivaron la continuación del asunto, esos Endymion y El ascenso de Endymion que no terminan de funcionar del todo) los Cantos consiguieron engancharme desde la primera página y me mantuvieron pegado durante toda la lectura al universo literario abigarrado, barroco y emocionante que Simmons había construido.

Pero tengo que decir también que toda la relevancia, la trascendencia, todos aquellos intentos de vendernos la moto de que con los Cantos la ciencia ficción alcanzaba por fin unas cotas de excelencia literaria que nadie podría negar ya nunca se me han ido al cuerno en esta relectura.

Y no, no es que estén mal escritos, que la historia no funcione, o que los personajes estén mal diseñados. Simmons es un buen narrador, sabe meternos en la historia y su juego de continuas referencias literarias me funciona sin problemas.

El meollo está, quizá, en esa palabreja: “juego”. Porque ahora, leídos casi veinte años después, Los Cantos de Hyperion me parecen básicamente un intento de jugar con los clichés de la ciencia ficción y construir con ellos un juguete que, en cierto modo, la resuma y compendie.

Y lo logra: en los Cantos está metida casi toda la ciencia ficción anterior; desde el space opera al cyberpunk pasando por la ciencia ficción hard, la CF filosófica y religiosa, la militarista, la post-humana… nombrad cualquier subgénero de la ciencia ficción que se os ocurra y casi seguro que lo encontraréis en estas novelas. Y, encima, Simmons se las apaña para ensamblar todas esas tradiciones distintas en un todo que no chirría y donde encajan sin problemas, regalándonos un conseguido mestizaje de géneros que, pese a todo, resulta consistente. Lo que no es poco.

En cierto modo, estos Cantos son la despedida, el fin de fiesta, la gran traca final de fuegos artificiales con los que se nos va la década de los ochenta. Poco o nada aporta de nuevo al género en el aspecto temático, pero su inteligente mezcla de distintas tradiciones dentro de él consiguen un resultado más que satisfactorio.

En cuanto a las referencias literarias (la estructura de la primera novela, tomada de la obra de Chaucer, el giro una y otra vez alrededor de los conceptos poéticos de Keats, el evidente homenaje a la literatura romántica inglesa, el remake de Romeo y Julieta que cuenta el Consul, los escarceos con el tono de novela negra a lo Hammett en la historia de Brawne Lamia, el regustillo a new thing que tiene el cuento del sacerdote) son un elemento más, que sin duda enriquece el conjunto y lo hace más atractivo. Pero no es difícil darse cuenta de que esa cierta pátina culta que quiere vendernos, una vez que el tiempo atenua el deslumbramiento inicial, no va mucho más allá del simple juego por el juego en sí. Vamos, que sí, que mola, queda “fardón” y aparente, pero su relevancia es, como poco, discutible y, en el fondo, lo que aporta a la historia es poco más que una apariencia de respetabilidad por si acaso algún día el stablihment intelectual condesciende a echarle un vistazo.

Claro que a menudo se olvida que no es el origen de los referentes de una obra literaria lo que la hace mejor o peor, sino el modo en que los utiliza y los integra en su estructura. Que procedan de la alta literatura o de los textos más populares y barriobajeros es algo que simplemente la vuelve más o menos aceptable por ciertos sectores de la intelectualidad. Ciertamente, es más fácil vender a ciertos gafapastas esnobs un homenaje a Keats que uno a Doc Savage, independientemente del resultado final del asunto.

Por ir resumiendo y acabando, Los Cantos de Hyperion me siguen funcionando narrativamente, sólo que ahora, con la perspectiva que da el tiempo, me funcionan como lo que probablemente siempre fueron: un juguete divertido y algo desmesurado (y un tanto embarullado en algunas partes); una lectura absorvente, un escenario interesante y una peripecia que engancha. Ciencia ficción posmoderna (vestida de un ropaje trascendente y cultista bien integrado con el resto), con todo lo que tiene eso de revisitación irónica y autoconsciente de los clásicos del género.

Y un resumen casi perfecto de lo que fue la ciencia ficción de la década de los ochenta, que no es poco.

3 comentarios

  1. Tras mi viaje (forzoso) por Europa, Asia, América, África, la Zona Azul de la Luna, Corustant y el Mundodisco, regreso a este fantástico blog que tanto me gusta.

    Movido por ese mismo hype que comentas, Rudy, me hice con los libros de Hyperión en edición de bolsillo. Y bueno, puedo decir que me aburrí bastante. Y a pesar de su etiqueta de “space opera”, me asaltó la misma sensación que con obras de ciencia ficción más “hardcore” como las de C. Clarke (por ejemplo). Y es que mi preferencia confesa por una diversión más pulp, me hace que prefiera sagas como la de Ender, o incluso John Carter de Marte.

    De aquí, hago unsalto con pirueta a otro tema que mi sinapsis ha realizado: mientras que en la literatura fantástica hay una gran cantidad de títulos llenos de aventura y de épica, me da la sensación de las novelas ciencia ficción carecen de ese ritmo. Me explico: no encuentro libros de ciencia ficción que sean “Star Wars”. Me gustaría leer sobre grandes batallas espaciales, guerras libradas con rayos laser y misteriosos planetas (y ya de paso, recomiendo a todo el mundo la serie de animación de CLONE WARS, que para ver, sin más pretensión que pasar un buen rato, tiene todo eso).

    Es como si la ciencia ficción tubiera miedo de quitarse las gafapastas, dejar a un lado su filosófica disección de la sociedad y divertirse haciendo el cabra.

    Dejo aquí también una pregunta abierta: ¿alguien puede recomendarme algunos títulos de ciencia ficción “in the star wars way”?

    Gracias!

  2. Completamente de acuerdo; “Los cantos” son un enorme ejercicio de síntesis que vienen a “cerrar” (boutade) la tradición americana del género como un gran fin de fiesta. Parece que Simmons dijo “chicos, hasta aquí hemos llegado” y le salió una obra para recordar.

    Yo quedé maravillado cuando lo leí y me gustaría haber hecho esta relectura también. Ilión y Olimpo me dejaron un poco mosca y quiero comprobar hasta qué punto sus (inmensos) defectos estaban también en aquéllas. Pero vista la edición me morderé la lengua un tiempo. Estoy cansado de las editoriales que nos toman el pelo una vez sí y otra también.

  3. Hombre, yo no me arrepiento de haberme pillado esa edición, a pesar de las erratas. Tener las dos novelas en tapa dura, en un solo volumen me mola y la edición en otros aspectos no es mala. Da la impresión de que lo que han hecho es usar la edición original de Nova sin corregir nada y han tirado p’alante,

    Lo de los defectos que apuntas yo no lo noté tanto en esta relectura (salvo muy ocasionalmente) pero sí y bastante en las dos de Endymion que leí a continuación (es una compulsión empiezo a leer una serie de libros o ver un de TV o una serie pelis y tengo que llegar hasta el final, no puedo evitarlo).

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.