Quantum of Solace

El principio de la película me hizo temer lo peor: una persecución de coches confusa, en la que cada plano apenas guardaba relación con el siguiente y que, en general, me pareció aturullada, mal montada y un tanto mareante. En la peor tradición del cine actual de acción, vaya.

Así que mi primera reacción fue de desconfianza. Desconfianza que, sin embargo, se desvaneció en la primera secuencia tras los títulos (que, por cierto, son poco “bondianos”), con ese interrogatorio interrumpido bruscamente y la persecución posterior por las calles de Siena.

A partir de ese momento, mis temores desaparecieron y la película me ganó sin problemas. Me ganó por ese Bond que interpreta Daniel Craig (me había gustado ya en Casino Royale, pero aquí me gusta más aún), por el modo crispado en que se va deslizando la historia, por lo crudo de muchas de sus situaciones, por los breves momentos en que el personaje se relaja (aunque nunca del todo: Craig está en tensión toda la película), por la relación de Bond con el resto de los personajes, tanto amigos como enemigos, por los cambios de ritmo, de lugar y los distintos giros que va dando la trama.

Y, sobre todo, me ganó porque compré sin problemas la moto que me estaban vendiendo: ese intento de reinventar la franquicia que iniciaron con la película anterior y que aquí sigue redefiniendo el origen y las motivaciones de 007. El Bond de Daniel Craig es brutal e implacable (“Dios, qué burro”, me decía a mí mismo una y otra vez a lo largo de la película) y, al mismo tiempo, tremendamente vulnerable, algo que Craig se las apaña para dejar bien claro sin perder por un momento su fría determinación y su rabia casi helada. Como en Casino Royale, el Bond de Craig mete miedo, acojona. De hecho, creo que resulta más atemorizante en Quantum of Solace, tal vez porque ahora toda su rabia, su violencia y su afilada determinación son una coraza que intenta ocultar sus cicatrices. Bond es ahora más humano, más frágil y, por eso mismo, más peligroso.

La película no es, como podría parecer a primera vista, la historia de una venganza, sino más bien la de la curación de una herida. Herida que, una y otra vez, 007 se niega a reconocer y que sólo acepta al final, cuando confiesa ante M que ella tenía razón con Vesper.

Es, también, el descubrimiento de un nuevo enemigo (una suerte de puesta al día de la añeja SPECTRA) que medio asomaba en el film anterior, está tras la conspiración de éste y, sospecho, será el enemigo a batir en el siguiente.

Porque parece claro que Casino Royale era la redefinición del icono (que aquí prosigue, y de un modo que confieso que cada vez me gusta más) mientras que Quantum of Solace es el descubrimiento del gran enemigo en la sombra. Es casi inevitable pensar que la siguiente llevará a la historia a su conclusión lógica y culminará el intento de reinventar a Bond, James Bond para el siglo XXI.

Un intento que, como digo, de momento me convence. Cada vez más, de hecho. Y tengo que confesar que el 007 que Craig ha compuesto en estas dos películas empieza a ganar muchos puntos para convertirse en mi versión favorita del espía creado por Ian Fleming. Me gusta su salvajismo y su brutalidad, y también la fragilidad que asoma tras esa mirada dura y esas facciones implacables. Me gusta la reconstrucción de su entorno y sus acompañantes (aunque sí, echo de menos al viejo Q, pero no se puede tener todo) y me gusta el tono que tienen sus nuevas aventuras.

En Casino Royale, Bond era un animal salvaje. Aquí es un animal herido. No sé lo que será en la próxima, pero estaré encantado de descubrirlo, sospecho.

2 comentarios

  1. Yo esta de “cuánto sol hace”, como creo que leí en este mismo blog, no la he visto aún. De hecho, me estoy peleando con Casino Royale, que no consigo ponerme a ver. La premisa no me llama, no me apetece que me reinventen y readapten el mito para el siglo XXI, a mi el mito me gustaba como estaba.

    Y tampoco soy (en general, excepciones hay para todo) amigo de las precuelas ni las historias de “orígenes”. Si un personaje me gusta como está, no me suele interesar que me cuenten cómo llegó allí.

    En fin, supongo que terminaré por verla. Pero por buena que sea, seguro que a mi me hubiera gustado más si fuera exactamente igual pero el personaje se llamara de otra manera. Es que tengo un concepto tan claro de “mi” Bond en la cabeza…

  2. A mí me ha pasado algo parecido…

    Me acerqué a Casino Royale con cierta aprensión… Y la peli no me gustó nada. Ese no era mi Bond que me lo han cambiado. Mi Bond tiene ccharritos raros y tiene un punto de comedia que yo a esa peli no le veía pro ningún lado. Además ese Bond… Bueno, mi teoría es que un tipo que parece un agente secreto ruso no puede ser Bond, que yo veo entrar a Daniel Craig en las oficinas del M:I6 y fijo que hago saltar las alarmas…

    el caso es que como soy un frikazo y tangencialmente me dedico a algo relacionado con el cine, pues me fui a ver Quantum cuando todo el mundo ya echaba pestes de ella— Y oigan uestedes, que a la segunda persecunción (unos 15 minutos de metraje o así…) ya estaba yo metido en el bote… Porque este Bond me mol amucho! Es un tipo duro y frío… No usa cacharritos raros más que lo justo y necesario… y la acción frenética pues… Sí, lo han copiado de las pelis de Bourne, pero… Es qu ela pleis de Bourne me molan mucho, así que no hay problema.

    El caso es que Casino Royale sigue sin gustarme, pero esta me ha gustado una barbaridad! no se si es ya una de mis pelis de Bond preferidad… A lo mejor me la veo otra vez a ver si me aclaro…

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