Muero por dentro, de Robert Silverberg

Hay obras de arte que son incapaces de negar su adscripción a una determinada época. Si en una película vemos un abuso abundante del zoom, una cierta predilección por congelar la imagen o una tendencia más que sospechosa a dividir la pantalla en varios trozos en los que se narran acciones paralelas, podremos afirmar sin demasiado temor a equivocarnos que la película pertenece a los años setenta del siglo XX, nos hayamos fijado o no en las patillas, el corte de pelo, los jerséis de cuello de cisne o los pantalones de pata de elefante de sus protagonistas.

Algo parecido ocurre en la ciencia ficción. Los años sesenta fueron el pistoletazo de salida para una preocupación formal mayor que en la década anterior y para que el espacio interior de los personajes tuviera tanta importancia como el exterior por el que viajaban. En los setenta, esa tendencia se acentuó, unida al deseo de acercar cada vez más la ciencia ficción a la sociedad en la que se escribía: los setenta son los años del futuro cercano y las advertencias sobre él, de la preocupación social y de la vida interior, del pesimismo y la depresión.

Muero por dentro es un claro representante de esa tendencia. Diría que es la historia de un telépata contada por él mismo si no fuera porque la novela apenas tiene historia, anécdota que contar. Es, en realidad, un intento de asomarse a una mente humana y mostrarnos lo que hay en ella. Es, también, un muestrario de diversos tipos humanos y, de paso, una descripción a vuela pluma del Nueva York de los años setenta.

El mayor lastre de la novela es su excesiva longitud. Puede parecer que estoy bromeando, pues el libro apenas sobrepasa lo que, en otros formatos, nos parecería una novela corta. Sin embargo, estamos ante lo que, en manos de otro autor más acertado, habría sido material para un cuento largo, nunca una novela. Al exceder su número de páginas ideal, nos encontramos ante un buen arranque y un final adecuado, pero también ante una cierta morosidad en la parte central que no permiten convertirse a Muero por dentro en una obra todo lo redonda que podría haber sido.

Pese a eso, y pese a los muchos tics que la marcan como una obra claramente “setentera”, la novela ha envejecido bien y se sigue leyendo con agrado.

3 comentarios

  1. Da gusto leer un blog en que un escritor da sus opiniones literarias. No he leido la novela, algún dia espero hacerlo, pues en principio me interesa todo lo de Silverberg, aunque a veces es mejor y a veces peor.

    Supongo que es imposible que una obra se separe de su epoca. La ciencia ficcion setentera, no se si la mezclo con la sesentera, a mi me hace pensar en “drogas ilumiadores”, poderes psiquicos tomados como algo evidente, catastrofes ecologicas al borde de la esquina y mucho, mucho sexo por todas partes.

    Debia ser muy dificil para un autor “cortarse”, en cuanto a numero de paginas. Mucho mas hoy dia, en que parece que solo se publican los tochazos de 500 paginas. Un inciso, he oido decir que la novela “Alas nocturnas”, fue inicialmente un cuento, y que en este caso la version novelada, que es la unica que he leido, es mejor, ¿puedes aportar mas informacion?

  2. Recuerdo haber leído el cuento (aunque igual me confundo, de Silverberg leí poco y hace ya años, así que es posible que todo esté mezclado en mi cabeza en un revoltijo bastante confuso) y me gustó bastante -o al menos eso me dice mi memoria, cada día más chunga-. No he leído la versión novelada, me temo.

    Y sí, es imposible separar una obra de su época, cierto. Aunque con ciertas épocas, y ciertas obras, es más evidente que con otras, creo.

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