Un poco harto, la verdad

Es la enésima vez que veo u oigo el asunto. En esta ocasión ha sido mientras ojeaba el periódico y ni siquiera recuerdo de qué iba la noticia. Sólo que en algún momento, alguien lo comentaba como la cosa más natural del mundo.

¿A qué me refiero? A esa idea que intentan vendernos una y otra vez (y no creo que haga falta decir desde dónde) de que una sociedad laica es, por definición, una sociedad sin valores morales.

Una de esas mentiras que se repiten machaconamente a ver si por la simple fuerza de su repetición acaban quedando como una verdad evidente en la mente de quien las oye.

Y sí, como decía en el título de la entrada, empiezo a estar un poco harto de esa manipulación tan burda y malintencionada.

No es que haya mucho que pueda hacer, ciertamente, más allá de decir, cada vez que vea y oiga algo como eso, que no es cierto, y que no lo ha sido nunca.

Fueron un puñado de laicistas los que, entre otras cosas, alumbraron la Declaración Universal de Derechos Humanos. Los mismos que parieron el concepto de separación entre Estado e Iglesia, ya que estamos. Y a lo mejor es precisamente por ahí por donde van los tiros y es lo que realmente molesta y escuece, vete tú a saber.

8 comentarios

  1. Y además, esa afirmación implica veladamente la no menos falsa afirmación contraria: que una sociedad confesional y religiosa es por fuerza una sociedad con valores morales.

  2. Yo sólo voy a decir lo que digo siempre que se plantea este tema: yo nunca hablo ni de religión ni de política, porque aquellos que no tienen la conciencia tranquila, tienden a ofenderse con facilidad. Así, que suscribo lo que afirmado hasta el momento.

  3. Esa mentira, que lo es, y grande, deviene en el corolario de considerar a los ateos como hombres sin moral y, por tanto, cuasi delincuentes. Curiosamente, les estadísticas señalan que los estados USA más religiosos tienen un índice de delincuencia muy superior a los estados más laicos. ¿Acaso la religión conduce al crimen? No creo, pero sin duda proporciona magníficas coartadas.

  4. De hecho, siempre me ha hecho “gracia” (por llamarlo de alguna manera) esa obsesión de los americanos por las creencias religiosas, en el sentido de que si tienes alguna creencia de ese tipo, no importa la que sea, estás bien, eres un tipo cabal, por estrefalario que seas.

    No sé si me explico: no importa en qué dios creas, en tanto creas en algún dios, por decirlo de alguna manera. Que una figura pública (y no digamos ya un político) tenga las narices de declararse ateo es poco menos que imposible.

    Lo cual no deja de ser curioso en uno de los principales adalides de la separación entre Iglesia y Estado y que, sin embargo, recoge en sus billetes el “In God we trust” o se sigue jurando “decir la verdad y toda la verdad con la ayuda de Dios” en los juicios o se jura el cargo de Presidente del País terminando con un “so help me God”.

  5. A mí me parece que deberíamso hacer como el bueno de Alan Moore: ya puestos a creer en un dios, que sea el que cada cual elija. y ya puesto, pues una serpiente azul emplumada no está nada mal. yo pro mi parte creo que elegiré a Frank Miller… O a San Michel Bendis… Mignola tiene su tirón, no se crean ustedes… Aunque claro, lo de “soy la voz de mi propio dios” tiene su encanto, y eso de ungirse uno mismo su propio dios debe ser una pasada… Y que mejor dios que uno mismo?

    Por otra parte, lo de los billetes de Dollar, bueno, qué otro dios respetan los yankies por encima de los demás? Sólo el gran verde (no, no me refiero a Hulk)… Justifica sus acciones y obedecen sus designios… A mí me parece toda una relgión. Es un culto muy bien montado, así que me parece de recibo que tengas muestras de cariño hacia él en cada billete. Así, cada transacción económica se convierte en una especie de eucaristía no?

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