Newcomer

Se te caen borbotones de palabras
que nosotros, repudiados hijos de Babel,
exploramos con asombro y desconcierto.

Tus ojos hacen suyo el territorio hostil de los adultos.

Y el toque irrefrenable de tus manos
(la primera línea de tu cuerpo)
reduce el universo a una escala comprensible.

Enjambres de ideas sin domar crean laberintos en tu sueño.

Torbellino.
Esponja.
Maravilla.

El mundo es tu patio de juegos.

15 comentarios

  1. Imagino que los propios pueden llegar a ser cansinos, como un tamagochi que uno no puede apacar y hacia el que existe un imperativo moral que impide qu elso dejemos olvidados en un cajón (a no ser que se sufra una severa deformación psiquiátrica). Pero imagino también, que esto es inversamente proporcional a lo orgulluso que peude llegar a sentirse uno de ellos y lo felicidad que pueden ofrecer.

    Imagino, quiero pensar, no se, supongo…

  2. Como bien dices, yo también “imagino”.

    Y creo que me quedaré en eso, en imaginarlo.

    Confieso que cuanto más oigo hablar a conocidos, sobre todo compañeros de trabajo, de sus hijos, más me convencen de que la pérdida de independencia y la responsabilidad que conllevan no me compensa. Evidentemente, no me compensa a mí. Y está claro que ni de lejos son un estándar en esas cosas.

  3. Por otro lado, la infancia (como tema de estudio, por llamarlo de algún modo) es algo fascinante: todo es nuevo y está llena de “primeras veces” (tanto buenas como malas), algo que se va reduciendo drásticamente a medida que te haces mayor.

    De hecho, hace tiempo comentaba que, en cierto modo es una putada: la época más feliz de tu vida (suponiendo que tengas una infancia “buena” y no traumática) en la que casi lo único de lo que tienes que preocuparte es de comer, dormir y que el universo entero gira a tu alrededor… y no la recuerdas.

    O quizá no es una putada y es un mecanismo de protección. Porque si, de adultos recordásemos que una vez fuimos el centro del universo y lo que se sentía al serlo… quizá nos traería más problemas que otra cosa.

  4. Es qu ela gente que cuando se hace mayor sigue pensando que es el centro del universo conocido y tal, luego se hace llamar Doctor Muerte o Magneto, a usar capas y máscaras/cascos de metal… Y eso no es… ¿no? Porque esta mal… ¿verdad?…

  5. ¿Si fracasan en llevar capas y cascos de metal?

    Perdón, era la coña estúpida del día.

    Pero es que es muy chungo tener éxito en eso… hay que tener percha y estilo. Casi que esas vestimentas deben de ser más un obstáculo que una ayuda para dominar el mundo, ¿no?

    Ah, que hablábamos de los niños…

  6. Bueno, unas buenas clases de declamación con voz potente y de sesudos soliloquios de supervillano ayudan a llevar esas cosas con dignidad.

  7. Yo de vez en cuando, me calzo una papelera en testa, me echo una manta por los hombros (sábana si es verano) y ensayo frente al espejo el cómo explicarle, con todo detalle, al héroe de turno cómo funciona mi plan no-tan-inefable de conquista mundial, justo en ese momento en que parece que empieza a soltarse de la trampa-no-tan-mortal en la que le tengo preso…

    BWA-JUAS-JUAS!

    P.D: Por cierto, qué asombrosa capacidad tenemos para cambiar de tema y dirigirnos a materias más— ejem… FRIKIS…

    ^_^

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