Las cosas buenas no se notan

El otro día necesitaba acceder a IMDb para ver unos datos. Estaba viendo una peliculilla ligeramente infecta titulada Los viajeros de la noche, una de esas cosas ochenteras de vampiros puestos al día en la que, entre otras cosas, aprendemos que un camión estalla siempre que te olvidas de frenar el el remolque antes de la cabina y que el vampirismo se cura con una simple transfusión de sangre. Seguro que los que la vieron en su momento pensaron que no estaba mal. O incluso les pareció una buena historia de vampiros.

(Es lo que tuvieron los ochenta: que sumergidos en ellos encontramos maravillosas una serie de cosas que, vistas hoy, nos producen repelús. No olvidemos que hablamos de una década cuyo máximo exponente de glamour era Miami Vice. Con eso está dicho todo.)

Los años, como era de esperar, no han sido muy bondadosos con ella y la peli se cae a trozos en cuanto intentas verla con un mínimo de atención. Lo curioso es que no tiene un mal reparto (casi la mitad de los protas de Aliens están presentes, contando a Lance Kenriksen, Bill Paxton y Jeanette Goldstein) y su directora, Kathryn Bigelow, ha hecho después alguna que otra cosilla decente.

El caso es que la chica protagonista (una rubita de pelo corto y rostro entre ingenuo y picarillo) me sonaba de algo, pero no sabía de qué.  Ni corto ni perezoso me fui a IMDB, tecleé el título original de la peli, busqué el reparto y luego, tras saber que la muchacha se llamaba Jenny Wright y comprobar su filmografía, vi al fin de que me sonaba: tenía un papelillo como la groupie que le chupetea los dedos a Bob Geldof en la adaptación que Alan Parker hizo de The Wall de Pink Floyd. Y no debía hacerlo mal, lo del chupeteo, digo, porque me acordaba de su cara aunque la había visto hace más de veinticinco años en una escenita de un par de minutos.

Pero a lo que íbamos y resumiendo: estaba viendo una película, me surgió una duda y, gracias a IMDB, la había resuelto un par de minutos más tarde. Hace menos de diez años, las cosas habrían sido muy distintas, sin duda.

Y es algo que estoy muy acostumbrado a hacer, supongo que como mucha otra gente: tienes una duda sobre una película, o un actor, o quieres comprobar una filmografía, deseas saber algún dato sobre una temporada concreta de una serie de televisión… o lo que sea. Te conectas a IMDB, tecleas lo que quieres buscar y, antes de que te des cuenta, allí lo tienes.

Y lo más curioso de todo eso es que lo hacemos (al menos yo lo hago) sin darle importancia. Sin ser realmente conscientes del modo en que todo eso nos ahorra tiempo y nos facilita la vida. En pequeñas chorradas, si queréis (al fin y al cabo, mi vida no depende de saber en qué otra película he visto a una rubita de pelo corto y carita apetecible), pero la vida se compone a menudo de multitud de pequeñas chorradas.

No apreciamos realmente lo que tenemos. Y supongo que es natural. Si faltara lo echaríamos de menos y seríamos conscientes de lo mucho que habíamos llegado a depender de ello. Pero mientras está ahí y funciona, es algo a lo que no le damos ninguna importancia. Lo asimilamos como un elemento más de nuestro día a día, una más de la multitud de pequeñas cosas que nos facilitan el tránsito diario.

Y una vez asimilado, es como si no existiera. Por poner un símil: como nuestras manos. Están ahí y las usamos continuamente, pero no nos pasamos el día pensando en lo maravilloso que es tenerlas y cómo mola el rollo ése del pulgar oponible. Están simplemente ahí, son parte de nosotros y no pensamos en ellas.

Supongo que todo esto no es más que una de esas cosas evidentes por sí mismas en las que todos hemos pensado alguna vez. Pero el otro día, mientras buscaba Jenny Wright por IMDB no pude evitar pensar en la cantidad de cosas que asimilamos como naturales y en las que no pensamos realmente. Y en lo que significaría que faltasen.

8 comentarios

  1. Estoy emocionado por este post, por varias cosa que me afectan de manera personal…

    Para empezar, yo tengo que usar a diario por motivos profesionales el BENDITO IMBD. y oiga, lo que usted dice, una maravilla. Esa “sense of wonder” me lleva a la segunda parte de su texto de hoy. La magia d elas pequeñas cosas: Es un tema que me maravilla. Llego a mi casa, pulso un botón y… luz! Puedo hacer que sea de día en medio de la noche sólo en un area localizada y con un simple gesto. Un gesto que también me permite ver (y oir) lo que está pasando en la otra punta del mundo en directo. O llevo un teléfono en el bolsillo. EN EL BOLSILLO. Tengo un armario blanco en la cocina que donde guardo comida que se mantiene fresca durante muchos días. O abro un grifo y sale agua potable. O hay un tren que recorre el subuelo de mi ciudad a gran velocidad, por debajo de edicifios y grandes moles arquitectónicas.

    Y un sin fin de ejemplos…

    Es genial poder vivir todos los días como si acabaras de llegar a un planeta desconocido deonde todo es mágico y alucinante, algunas veces incluso un poco misterioso. vivimos en un mundo de ciencia-ficción y creo que no lo apreciamos lo suficiente. durante mi carrera de Bellas Artes es un tema con el que trabajé y que me encanta. y también me gusta mucho su otra faceta, que es la pérdida de “sentido de la maravilla”. Me aprece terrible que demos por hecho cosas tan alucinantes que incluso hace veinte años, eran… Cienciaficción.

    Genial su post Sr. Martínes. Me ha inspirado usted para lo que queda de día.

  2. Pues nada, hombre me alegro.

    Pero sí, el tema de lo maravilloso que se vuelve cotidiano y al que acabamos por acostumbrarnos y no darle importancia, da para mucho. Y supongo que es una constante a lo largo de la historia.

  3. imdb es una parte, en general ahora cuando quieres cualquier tipo de información de cualquier tipo vas a internet y está. Imagino que para documentar una novela eso es impagable, pero sirve para muchas otras cosas, ahora mismo cualquier tipo de información está disponible, si sabes hacer la pregunta.

    Hace algo menos de veinte años mis padres se gastaron mucho dinero en una enciclopedia para que yo pudiera estudiar. Ahora no creo que nadie con conexión a internet se plantee comprar una enciclopedia. Y sí, es ciencia ficción, la siguiente generación se va a educar en un mundo en el que toda la información está a su alcance, y eso va a tener que notarse por fuerza.

  4. En cuanto a eso, como todo, tiene dos filos: en internet está toda la información del mundo a tu alcance, cierto… pero también está toda la desinformación.

    Lo cual no digo ni que sea bueno ni malo. Pero para una serie de generaciones que no están siendo educadas precisamente para que aprendan a filtrar y discriminar puede tener resultados catastróficos.

    El síndrome de “si está en internet, es que es verdad”, muy parecido, de hecho, al actual de “si salió en televisión es que es cierto”, que vendría a ser lo mismo para generaciones anteriores.

  5. Pero ahora la gente inteligente y con criterio, que será poca esta generación como ha sido poca en todas, tendrá un acceso más fácil a mucha más información (obviamente sólo hablo del pequeño porcentaje de la población mundial que tiene acceso a internet).
    Yo creo que los genios surgen en una condiciones muy concretas, no solo depende de las capacidades innatas de la persona, espero que este acceso a la información pueda servir para que más personas tengan la oportunidad de serlo, porque es algo que nos beneficia a todos.

  6. Yo de niño estaba enamorado de la rubita de Brazil, pero luego no volví a verla nunca en ninguna otra peli. Más tarde busqué info sobre ella en internet y leí que su relación con el director había sido de pesadilla, y que era la típica niñata que iba de diva sin merecérselo. Decepciones que se lleva uno cuando se hace mayor.

  7. Curiosamente, ahora que lo pienso, eso también me pasó con la princesa Leia. En fin, es mejor enamorarte de personajes de películas de dibujos, esos nunca defraudan :)

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