No importa lo insignificantes que seamos en el orden real de las cosas. Nuestra vida puede ser irrelevante y nuestro papel en la historia del universo completamente intrascendente. Pero, para nosotros mismos, somos los protagonistas.
Así que supongo que el destino más paradójico y chungo de todos debe ser darte cuenta de que no pasas de ser un personaje secundario en tu propia vida.

O peor, darte cuenta de que tu vida es una excusa para narrar lo que le pasa a otros.
A mi no me suena tan mal: ¿Contar historias no es eso, en definitiva?
Yo hay días en los que ni siquiera paso de extra con frase. Otros, para compensarme a mí mismo, me subo a un cajón o a una mesa y me erijo en primera voz de un musical. Hasta la fecha, voy tirando con eso.
Parece un buen plan.