Jesucristo Superstar

Después de todos estos años (debió ser allá por 1980 cuando la oí por primera vez) sigue sorprendiéndome lo buena que es.

Hablo de la obra original, por supuesto. Musicalmente me parece un ejemplo perfecto de mestizaje de géneros, donde los elementos de pop, rock y ópera conviven de una manera sorprendentemente armoniosa y sin estridencias, con el resultado de que cada uno de ellos resalta y amplía las virtudes de los demás.

Dramáticamente, la obra me funciona aún mejor: el libreto me parece modélico, con una estructura dramática casi perfecta y un fascinante estudio de personajes a través de lo que se dice y lo que se deja de decir.

Y la combinación de ambas ya me parece, directamente, una obra maestra. Que, además, desde mi punto de vista, no ha sido superada jamás en ninguna de las composiciones posteriores de Webber. No sólo por la pérdida de Tim Rice como libretista, que termina convirtiendo a Webber en la estrella absoluta para la que la letra deja de ser  la otra mitad, necesaria e imprescindible, de la obra final y se queda en un mero apoyo dramático de sus composiciones, sino porque su estilo se ha ido volviendo con el tiempo hacia un clasicismo cada vez más grandilocuente. (Agradable de escuchar, sin duda, pero sin la garra de sus primeros tiempos).

Y después de todos estos años (debió de ser allá por 1983 cuando la vi por primera vez) sigue sorprendiéndome lo buena que es.

Hablo de la adaptación fílmica, dirigida por Norman Jewison a principios de los setenta. Creo que es una película injustamente subvalorada (quizá porque su aire visual hippie-setentero nos echa para atrás) pero que tiene todas las virtudes de lo que debe ser, no sólo una buena película, sino una buena adaptación cinematográfica. En cierto modo, Jewison hizo en su momento lo mismo que lleva haciendo Brannagh con las adaptaciones de Shakespeare: respetar al máximo el texto original (en este caso, la combinación de texto más música) y, al mismo tiempo, trasvasarlo con fortuna a un medio distinto, con unas reglas narrativas distintas.

Jewison tiene éxito en su empeño y sus imágenes son un complemento, y en ocasiones un contrapunto, casi perfecto a la obra original. He visto la grabación de algunas representaciones en el escenario de Jesucristo Superstar, y me temo que ninguna alcanza la intensidad emocional y el sutil juego de interacción de personajes de la película.

Y en lo puramente musical, confieso que es la versión que más me convence. No sólo porque la producción de los distintos temas que se hace para la película me parece superior a la original, sino por la calidad de los intérpretes.

Esto quizá pueda sonar a herejía, por cuanto en la grabación original de la obra era nada menos que Ian Gillan (el mítico cantande de Deep Purple) quien le prestaba su voz a Jesucristo. Ted Neeley, sin embargo, no tiene nada que envidiarle y, de hecho, en su momento cumbre en el huerto de Getsemany supera, para mi gusto, la interpretación de Gillan. Por no mencionar el espléndido Judas que nos regala Carl Anderson. En cuanto a Ivonne Elliman, ya presente en la grabación original, repite aquí su contradictoria María Magdalena.

Como dije antes, quizá sea su estética (unido a que, al fin y al cabo, es un musical, lo que la convierte ipso facto en un producto menor en las mentes de la crítica, algo parecido a lo que pasó en su momento con la espléndida Moulin Rouge de Baz Luhrmann, que tengo que revisitar un día de estos) lo que ha condenado a esta película ser minusvalorada y no apreciada como merece. Pero curiosamente, ese aspecto hippiondo es, para mí, uno de los grandes aciertos del film y, con el tiempo, le ha ido dando a la película un adecuado aire retro, casi añejo.

Ver de nuevo Jesucristo Superstar (y mira que han tardado en editarla en DVD; en una edición que no es precisamente una maravilla, ya que estamos)  ha tenido, además, otra consecuencia.

Viéndola estos días y mientras contemplaba cómo se iba preparando la puesta en escena (el autobús que llega al desierto, la gente descargando el atrezzo y preparando el escenario, los actores vistiendo sus personajes) y viendo después esa especie de eclectismo minimalista con el que se ha vestido la historia (aprovechando los escenarios naturales como se puede, vistiendo a los actores con lo que uno podría encontrar en el desván de su casa -el aspecto de los soldados sería un buen ejemplo-) no he podido evitar pensar que, en realidad, lo que nos cuenta la película es una partida de rol en vivo de unos tipos que han decidido irse a Israel a jugar a Jesucristo Superstar

Y les ha salido una campaña cojonuda, además.

14 comentarios

  1. Por seguir con la terminología de la época, yo diría que es un happening donde invocan a JC (que no baja ni sube del autocar) que acaba en akelarre.

  2. Sin embargo tampoco se lo dejan crucificado como muchos piensan. Me he fijado en la escena final y las tres cruces están vacías. Parece que Jesucristo es un personaje imaginario para los otros actores. O, como dice Rafa, que lo han invocado. De hecho eso es justamente lo que parece que hacen en el baile (agitando las manos, moviéndose en círculos) en el que Jesús parece surgir desnudo del centro del grupo. Y mientras sale de la tierra le van colocando la ropa, justo como si naciera en ese momento. Así que esa interpretación me parece muy buena.

  3. Cristo es una invocación solar. Bailan y al bailar sale del sol.

    Cuando se marchan, Judas (que estaría muerto si no fuera una representación) sube al autocar.

    Vemos las tres cruces. Vacías.

    Y mientras la cámara se aleja del plano general, se ve un pastor que conduce un rebaño en la distancia.

    Para ser judío, Jewison tuvo mucho respeto hacia los católicos: Cristo no hace milagros exagerados (no puede con todos los leprosos), pero hay pinceladitas que debieron poner a los curas modernos como motos.

    Sin embargo, la versión teatral que estaba en Madrid hace unos meses, zas, en la invocación solar hay un milagro de resurrección. Y en español, en la cruz, Cristo pregunta por su madre. Concesión al catolicismo.

  4. Hombre, Jesucristo es claramente un PNJ, llevado seguramente por el máster de la partida.

    Y, por cierto, que no se le ve bajar del autobús, es cierto, ni subir luego. Pero sí que se lo llega a ver con ropa de “civil” (o sea, setentera) antes de desnudarse y ponerse la túnica.

    Que no es inconsútil, por cierto, se le ven las costuras.

  5. Comprobado. En efecto, cuando bajan la cruz del camión Neely pasa y se queda mirando la cruz. Luego, María le entrega la túnica blanca y lo “divinizan”.

    ¡Se notan mejor los detalles sin la música!

  6. “pero hay pinceladitas que debieron poner a los curas modernos como motos.”

    Ya te digo. El libro de religión que yo tenía estaba ilustrado con fotos de la película. Era la época de la Iglesia Hippy, cuando circulaba un librito de cómic titulado: “Que bueno que viniste”, y por todas partes se veían posters de “Se Busca” con la cara de Jesucristo, y al pie “Recompensa: la Eternidad”.
    Venían nuevos tiempos y la Iglesia movía sus fichas para no quedarse fuera de juego. Entonces llegó Woityla y arrasó con todo, como Jesucristo en la peli con los comerciantes del templo.

  7. “Comprobado. En efecto, cuando bajan la cruz del camión Neely pasa y se queda mirando la cruz. Luego, María le entrega la túnica blanca y lo “divinizan”.”

    Pero era una teoría cojonuda. Si non è vero è ben trovato.

  8. A fin de cuentas, es lo mismo: la miradita que echa Neely a la cruz, y la carita que pone en ese primer plano donde suenan por primera vez los acordes de Superstar (que luego se repite cuando en Hosana dicen aquello de “morirías por mí”) dejan claro que es el chivo expiatorio de la función.

  9. Ya estabas tardando en dedicarle una entrada a JCS. Peazo de obra maestra por sí sola, pero además, de efecto devastador en una mente de cierta edad. La sigo viendo todos los años en Semana Santa. Echo en falta el comentario reivindicativo del vinilo, con ese álbum repleto de gloriosas fotos. Mi favorito con creces es Carl Anderson, además de por su personaje (es lo que más me gusta, que se echa mano de la lógica pura y dura para reivindicar la figura de Judas, “damned for all time”), por la voz de Carl Anderson, quien, curiosamente, medio fracasó en su carrera en solitario, a pesar de que tiene auténticos temazos de lo que hoy llaman smooth jazz.

  10. Hace tiempo que quería dedicarle una entrada a JCS, pero quería revisionar antes la peli y, como me he deshecho de mi reproductor VHS, he esperado a pillármela por fin en DVD (a ver si en algún tiempo razonable tenemos una edición más decente, por cierto) para ello.

    Y sí, Anderson está brutal como Judas. Y, sin duda, es el mejor personaje de la obra. El único que entiende mínimamente a Jesús, por otro lado, porque el resto de los apóstoles están a verlas venir de una manera que…

  11. Yo tengo grabaíta la versión castellana, Camilo Sesto y Ángela Carrasco mediante. La interperteté a los 5 añitos, casi seis, en la obra de final de curso de mi hermana y claro, se me quedó grabada…

    La interpretación se redujo al agite de una rama de olivo, pero fue muy emotiva… Mi hermana a era Herodes!:-)

  12. Ah, la función de Navidad, qué tiempos. La nuestra era una mezcla de Hair y JSC, cantábamos y bailábamos el Aquarius y el Superstar.

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