Things change

La escena, hace unos años:

Una estación. Sentado en un banco, un hombre solo espera su tren. A su lado se sienta una mujer que lleva una niña de unos dos años: una carita expresiva de enormes ojos azules que se está riendo continuamente. Mira al hombre y sonríe. Él le devuelve la sonrisa, le hace algunas gracias y monerías y los dos se pasan un buen rato hasta que llega el tren y el hombre se va.

La escena, hoy:

Una estación. Sentado en un banco, un hombre solo espera su tren. A su lado se sienta una mujer que lleva una niña de unos dos años: una carita expresiva de enormes ojos azules que se está riendo continuamente. Mira al hombre y sonríe. Él está a punto de devolverle la sonrisa y, de pronto, piensa:

“Quieto. A ver si su madre se va a pensar algo chungo. Un tío solo, haciéndole monerías a una niña, a ver si se va a creer que eres un pervertido.”

Así que el hombre finge no ver a la niña y continúa esperando su tren como si estuviera solo.

6 comentarios

  1. La última vez que hablé con una niña desconocida (hace ya varios años) yo venía precisamente de Gijón. En el vuelo, yo iba sentado junto al pasillo, y la niña, que viajaba sola, a mi izquierda. A su izquierda había otro viajero (junto a la ventanilla), y las filas delante y detrás de nosotros estaban también llenas. Vamos, que no era precisamente una situación de alto riesgo.

    En el momento de acelerar los motores para despegar, la niña y yo nos miramos y dijimos a la vez: “qué guay”. Así que empezamos a hablar.

    ¿Te haces a la idea de lo difícil que es estar hablando una hora con una niña (muy simpática, por cierto), mientras controlas mentalmente que NADA de lo que digas pueda ser malinterpretado ni por los pasajeros que te rodean, ni por los padres que la recogerán en la terminal de Madrid, si a ella le da por contar que su vecino de asiento estuvo charlando con ella todo el viaje?

    Creo que entre hablar de dibujos animados y cosas así, dije unas cien veces cosas “positivas” como que hay que hacerle caso a los padres y estudiar mucho. Y aún así no te creas que me fui totalmente tranquilo…

  2. Yo estaba con Rafa en Valencia, y él me dice: “Mira, esa niña es igualita a mi hija”. Y ni corto ni perezoso se va a hablar con ella y le enseña la foto de su hija para que viera el parecido. Yo lo vi de lejos y pensé es mismo que comentas, y en lo que podria parecer aquello en un país como Estados Unidos.

  3. A mí me gustan mucho los críos. Y se me cae la baba con ellos. Los veo por la calle y les sonrío. Por fortuna, como siempre voy con mis hijos les digo: “Mira, Laura, qué bebé tan bonito”, y Laura mira también al bebé y le hace monerías. Creo que me salvo por eso. Pero sí, es un tema que va cada vez a peor.

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