Ciencia ficción, por supuesto

Decía, no hace mucho, que el proceso de normalización de la ciencia ficción dentro de la literatura general puede desembocar en que la denominación, como tal, desaparezca. Decía también que eso no importaba (al menos a mí) en tanto la CF no perdiera sus señas de identidad, aquellos elementos que la hacen una herramienta literaria potente y con garra.

Eso no quiere decir, por supuesto, que quiera que el término “ciencia ficción” desaparezca, por más que  algunas personas hayan sostenido siempre que la normalización del género tenía que pasar por fuerza por un lavado de cara que lo volviese “respetable”, lo que implicaba, entre otras cosas, la pérdida del nombre y su cambio por uno más “aceptable”.

Como volverme respetable nunca ha sido una de las prioridades de mi existencia, la verdad es que toda esa argumentación me sonaba, directamente, a esnobismo intelectual (y sí, vuelvo a usar el símil de los que se empeñan en decir “novelas gráficas”, no vaya a ser que alguien los acuse de leer -y, peor, de disfrutar con ello- tebeos), carro al que, me temo, no estoy muy ansioso por subirme.

Pero es que además creo que “ciencia ficción” describe perfectamente al género. Y que, si atendemos a propósitos estrictamente descriptivos, no es necesario buscarle un nombre nuevo que le encaje mejor.

(Podríamos, tal vez, quejarnos de la mala traducción que es “ciencia ficción” del original “science fiction”. Afirmar, quizá, que una expresión como “ficción sobre la ciencia” sería más apropiada y, desde luego, mejor castellano. Pero, en realidad, el término ya está demasiado asentado en nuestro idioma para ahora intentar retroceder y retraducirlo.)

Alguien dirá, seguramente, que llamarla ciencia ficción es engañoso y ofrece una idea distorsionada del género, puesto que buena parte de la CF no tiene un contenido científico real y muchos de los autores que se dedican a ella, ya sea desde dentro del género, ya como francotiradores externos, no tienen verdadera formación científica ni interés alguno por el hecho científico.

Puedo aceptar que es así.

Lo que, por otra parte, no importa.

El meollo no está en que la CF use ciencia real y la use de un modo correcto. El meollo está en que la CF usa, como parte de su terminología (y, por tanto, como parte de su estilo, de sus recursos para producir un efecto determinado sobre la mente del lector) una serie de clichés sobre la ciencia. Que esos clichés se correspondan a la realidad o no, es irrelevante. Lo que importa es que, sean o no ciencia de verdad, sí que suenan a ella, lo parecen. Y, al parecerlo, producen un efecto.

Incluso la tecno-jerga más descabellada. La más traída por los pelos, la más absurda.

Si yo digo

se trataba de un campo de torsión n-dimensional en un espacio-tiempo probabilístico a punto de colapsar su función de onda a lo largo de todo el hiper-tiempo

no estoy diciendo absolutamente nada. Lo que acabo de escribir (y de improvisar sobre la marcha) no tiene ningún sentido ni, probablemente, ni pies ni cabeza. (Y si por casualidad resulta que lo tiene, es que el azar tiene un sentido del humor bastante retorcido).

Pero el uso de ciertas palabras, de cierta terminología, de ciertas expresiones hace que nuestra mente reaccione de un modo concreto.

Por decirlo de un modo más sencillo. Si digo que he encontrado una puerta al país de las hadas o afirmo que he dado con un portal dimensional a un universo alternativo, en realidad estoy diciendo lo mismo. Pero, a la vez, estoy implicando cosas distintas, estoy despertando reacciones distintas en la mente de mis lectores.

En un caso estoy usando lenguaje de lo mágico, lo arcano, lo feérico; en el otro de lo científico y lo tecnológico. Y no importa que esa magia sea un camelo o esa ciencia lo sea de pacotilla. Lo que importa es que esa elección de términos conduce, no sólo a una estética distinta, sino a una concepción distinta del universo narrativo por el que me estoy moviendo. Y lleva, en definitiva, a que el lector juegue con unas reglas o con otras en el juguete literario que le propongo.

Así que sí, para mí “ciencia ficción” describe perfectamente al género. Y define con contundencia una de sus principales señas de identidad: la ciencia, o los clichés sobre la ciencia, o simplemente la idea que hay el el inconsciente colectivo de lo que es la ciencia usada como hecho narrativo, novelable (a veces como foco de la narración, en otras, como simple decorado; eso ya queda a gusto del consumidor).

Volviendo a lo que decía al principio, quizá el término acabe desapareciendo, a medida que el proceso de normalización de la CF dentro del tronco principal de la literatura vaya llegando a su fin. No lo sé. Si lo hace, que lo haga.

Pero la verdad es que me molestaría que en lugar de desaparecer acabara siendo sustituido por algo más “inocuo” y lo hiciera a causa de ese esnobismo avergonzado y acomplejado, ansioso de ser “aceptado”, que ha movido a muchos a querer acabar con el término, en busca de una respetabilidad que, lo confieso, siempre se me ha antojado ridícula.

En fin, como decía no sé quién, hacer las cosas por el motivo correcto es a veces más importante que hacer las cosas correctas.

5 comentarios

  1. Curioso que el género ciencia ficción se defina por el uso de clichés cientificos o pseudocientíficos creados por el mismo género. Recursiva la cosa, como de ciencia ficción podriamos decir ;)

  2. Creados por el mismo género, cierto, pero no a partir de la nada. Muy de ciencia ficción, por otra parte, en efecto.

  3. Recién llegado de Londres y me cuesta mucho creerme eso de que se pierda el nombre, al menos por aquellos lares. La sección de Science-Fiction en las librerías era bastante respetable, más pequeña que la de Fiction, pero aún así no daba señas de desaparecer en un futuro próximo.

    También había sección de Graphic Novels, lo siento, no todo podían ser buenas noticias :)

  4. Hasta ahora, nadie ha conseguido definir la CF de una forma irrefutable. En el jurado del que formamos parte hace poco lo discutimos y no hay una solución clara, excepto aquella de “es ciencia-ficción lo que aparece en colecciones de ciencia-ficción”. Pero también lo es “La llave del abismo”, que ha sido publicada por Plaza&Janés.
    No sé cómo definir la CF, pero sí sé lo que no es. No es fantasía. Últimamente he ojeado algunas de la novelas de caballería de las que se citan en el Quijote (el Tirant lo Blach y el Amadís de Gaula entre otras), y a pesar del tiempo transcurrido enseguida reconoces que aquello es fantasía. No me vengan con que la Biblia o la Odisea son libros de fantasía, porque al leer los libros de caballería te das cuenta de que están hechos de una forma muy distinta. Estos últimos proponen conscientemente una suspensión de la incredulidad, un juego entre el lector y el autor con la única intención de que este pase un buen rato. La ciencia ficción es otra cosa. Es hija de la Revolución Industrial, del miedo y de la fascinación ante la tecnología. Por eso no importa, como dices, que se hable de una falsa ciencia (la mayor parte de la gente no sabe cómo funciona un televisor o un móvil), ya que lo que una novela de ciencia-ficción lo que pretende es mostrar las reacciones humanas ante esos avances.

  5. De todo lo dicho por Rudy, me quedo con esto:

    En un caso estoy usando lenguaje de lo mágico, lo arcano, lo feérico; en el otro de lo científico y lo tecnológico. Y no importa que esa magia sea un camelo o esa ciencia lo sea de pacotilla. Lo que importa es que esa elección de términos conduce, no sólo a una estética distinta, sino a una concepción distinta del universo narrativo por el que me estoy moviendo.

    Ahí se resume todo, la carga gnoseológica de un relato de ciencia ficción reside ahí, frente a la propia de la fantasía. Lo que define a la ciencia ficción no es contenido científico sino la adopción de una visión científica de la realidad. La ciencia ha transformado nuestra forma de entender la realidad y eso trasciende el mero ámbito científico.

    De hecho todas las fuentes de inspiración de la ciencia ficción externas al mundo de la ciencia son todas pseudocientíficas.

    Por cierto, quién no comprenda la ciencia será muy fácil de manipular. De hecho muchos ya lo estamos siendo, y las los títulos y los saberes literarios gafapastas no sirven de nada si no tenemos ni puñetera idea de lo que es un transgénico o cómo interpretar las evidencias que las ciencias físicas nos aportan sobre el cambio climático. Algo que ya anticipó la ciencia ficción hace mucho tiempo…

    Sobre lo dicho por Juanmi, estoy de acuerdo con esto:

    Es hija de la Revolución Industrial, del miedo y de la fascinación ante la tecnología. Por eso no importa, como dices, que se hable de una falsa ciencia (la mayor parte de la gente no sabe cómo funciona un televisor o un móvil)

    Exacto, no puedo estar más de acuerdo. Recuerdo haber comentado en algún blog que la próxima película de zombies romerianos incluiría como elemento zombificador las antenas de móviles con esas misteriosas radiaciones que tanto miedo le provocan a la gente.

    En realidad la ciencia ficción está condenada a cometer errores, y el tratar de evitarlo conlleva una labor muy tediosa de documentación para los autores. Como lector sucede que muchas veces veo errores de bulto en la disciplina que conozco, física, pero no aprecio otros en temas que desconozco, como la biología. Y lo mismo a la inversa. Al final es casi imposible no meter la pata.

    Pero de lo que se trata no es de que aparezca ciencia correcta o no en la ciencia ficción, es que se tenga en cuenta la concepción científica del mundo. Así como las reacciones ante el mundo tecnológico, algo de lo que Asimov era muy consciente cuando presentaba su definición de ciencia ficción. Pues sí bien es incompleta, es mucho más profunda que la de muchos defensores del estilismo literario.

    Pero como quien lo dice es el porquero friki de Agamenón me temo que todas estas palabras se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.

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