Premios, decisiones y juegos de rol

Durante la pasada Semana Negra (recién clausurada ayer mismo) me tocó ser uno de los jurados del Premio Celsius 232 a la mejor novela de ciencia ficción o fantasía en castellano.

Gracias a eso tuve la oportunidad, entre otras cosas, de leer La llave del abismo, de José Carlos Somoza. Confieso, con cierto rubor, que aún no había leído nada de este hombre, pese a que las referencias que tenía sobre su obra eran invariablemente positivas.

Y confieso también que la La llave del abismo me sorprendió. Quizá porque esperaba una de esas tibias obras slipstream, donde el autor juega con algunos temas de género, pero lo hace de un modo lo bastante ambiguo y “descafeinado” para poder vender la novela fuera del gueto de aficionados.

Y no. Para nada. La llave del abismo es ciencia ficción y no pretende disfrazarse de otra cosa, por más que las estrategias editoriales obvien cualquier referencia en la solapa del libro. Ciencia ficción, además, potente y llena de sentido de la maravilla  y que deja bien claro que su autor no es ningún “intruso” (queja frecuente de los aficionados cuando un autor mainstream aborda el género) sino que José Carlos Somoza es un buen conocedor del asunto y que, sin duda, lleva muchos años siéndolo. Es, además, buena ciencia ficción, diría que de la mejor que he leído en castellano en los últimos años, llena de imágenes poderosas y de momentos brillantes. 

Las deliberaciones del jurado fueron arduas. Todos teníamos claro que había dos novelas que destacaban con claridad sobre las demás (sin que eso implique que el resto fueran malas novelas, eso debe quedar claro) pero, al mismo tiempo, a ninguno de nosotros nos gustaba demasiado la fórmula de ex aequo.

Así que hubo que decidir. La ganadora fue finalmente Alejandro Magno y las águilas de Roma, de Javier Negrete, que, considerando todos los aspectos, nos pareció una novela más sólida narrativamente que La llave del abismo. Pero, al mismo tiempo, teníamos claro que ésta era una novela que merecía la pena destacar, con lo cual optamos por hacer mención especial de ella en la lectura del acta del jurado y destacar el modo en que, de una forma brillante, se insertaba en la mejor tradición de la ciencia ficción literaria. 

El viernes por la mañana se hizo lectura pública de los fallos de los distintos premios (podéis encontrarlos aquí, si estáis interesados) y después, mientras los ganadores eran fotografiados y entrevistados por la prensa, estuvimos un rato charlando en la terraza del hotel Don Manuel.

No me sorprendió descubrir que José Carlos fuera aficionado a la ciencia ficción desde hace bastante tiempo. Como he dicho, basta leer su novela para darse cuenta de que es un buen conocedor del género. Descubrí, con agrado, que es un hombre asequible y de sonrisa fácil y no tardamos en estar charlando sobre unas cuantas cosas.

Me resultó halagador, lo confieso, que alguien como él, uno de los autores que ahora mismo están situados en los primeros puestos de ventas en nuestro país, conociera mi obra. Y, poco después, al descubrir que uno de nuestros compañeros de mesa era Ricard Ibáñez (creador, entre otras cosas, del juego de rol Aquelarre, y con novela recién publicada sobre la batalla de las Navas de Tolosa) José  Carlos se confesó un aficionado casi obsesivo a los juegos de rol, ya fuera en mesa o en vivo.

Los conoce todos, a fondo, y los ha jugado. De hecho, lleva jugándolos desde hace más de veinte años.

Hablaba de ellos con auténtico entusiasmo y, de hecho, creo que fue ese entusiasmo, mientras Ricard, él y yo charlábamos del tema (yo, más bien poco, todo hay que decirlo; ellos eran los expertos en el asunto, al fin y al cabo), lo que hizo que Elia Barceló dejase la conversación en la que estaba y se uniera la nuestra. No tardó en manifestar su interés y, de hecho, es probable que el año que viene, si se organiza una partida en mesa en casa de algún amigo durante la Semana Negra una vez más (como ya se hizo este año y el anterior), que Elia y José Carlos se unan a ella, si es que están por aquí esos días.

Leer La llave del abismo tuvo, en seguida, la consecuencia inevitable de querer conocer mejor la obra de José Carlos. Y confieso que hablar con él y descubrir que, en cierto modo, es un friki de pro, que vive su afición con naturalidad y sin complejos (algo no muy frecuente dentro del cerrado mundillo de los aficionados, todo hay que decirlo) ha hecho que espere su próxima novela casi con impaciencia.

4 comentarios

  1. DE José Carlos Somoza yo siempre recomiendo “Clara y la penumbra”, una muy buena novela de ciencia ficción que, al igual que dices que pasa con “La llave del abismo”, no se queda en una cosa descafeinada sin más.

  2. Me quedo parado con los detalles que has dado sobre la persona de José Carlos Somoza. Lo que más me ha sorprendido es que conociera tu obra. Creo que Rudy es el “más fandomero” de los escritores del fandom (no trato de faltar, ni de echar un piropo; es un hecho neutro). ¿Qué obras tuyas te dijo que había leído? ¿Las de Drímar? ¿Las de Sherlock Holmes? ¿El cuento de la antología de Díez/Minotauro? ¿Qué conocía exactamente de ti?

    Este Somoza parece un tipo muuuy interesante.

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