Hemos parado a la Wehrmacht

Los que me conocen saben que futbolero no es precisamente una de las palabras que me definen.

Y que, por otro lado, toda esa emoción “patriótica” tiene por costumbre atragantárseme.

Pero, qué narices, ha molado. Incluso aunque me fuera enterando de lo que pasaba en el partido mientras esperaba en el aeropuerto mi avión de vuelta a casa.

No nos va a solucionar ninguno de los problemas reales que tenemos, es evidente. Pero si hubiéramos perdido, seguiríamos igual de mal, y  además habríamos perdido.

Así que, qué coño, ¡de puta madre!

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