Sherlock Holmes y el heredero de nadie

Rodolfo Martínez
Sherlock Holmes y el heredero de nadie
Alamut, Madrid, junio 2008
ISBN: 978-84-9889-008-2

Iba a ser mi tercera novela holmesiana. Y también la última. Por esos azares de la vida (tal como he contado aquí mismo) acabó convirtiéndose en la cuarta. ¿Y última?

Diría que sí, pero a estas alturas, desde luego, no me voy a atrever a ser categórico. Así que digamos que sí, que es la última, de momento.

Han sido cuatro años de mi vida, los que van desde que empecé a revisar Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos para la edición de Bibliópolis, hasta este Sherlock Holmes y el heredero de nadie en Alamut, el nuevo sello de Luis G. Prado.

Evidentemente, no me he pasado esos cuatro años dedicado por entero a Sherlock Holmes. He escrito algunas otras cosas (varias ya publicadas; las otras, espero que no tarden mucho en ver la luz), he revisado material antiguo (El abismo en el espejo, por ejemplo, aunque no es lo único) y, en general, me las he apañado para seguir teniendo tiempo para continuar con mi vida.

Pero sin duda, la presencia de Sherlock Holmes (y, sobre todo, del universo de ficción que iba construyendo a su alrededor) ha sido dominante, en el sentido literario, durante estos cuatro años.

¿Y qué siento ahora que, por lo que parece, he terminado mi relación con el detective? En parte alivio. En parte liberación. Y en parte, no lo negaré, cierta pena porque las cosas hayan llegado a su fin.

Si es que lo han hecho, claro. Ya veremos.

Soy consciente de que puede haber personas que piensen que haber escrito estas novelas y haberles dedicado tanto tiempo de mi vida, es una tarea baldía. Una pérdida de tiempo, en cierta forma. Se podría pensar que todo eso que le he dedicado al personaje de otro, es tiempo y esfuerzo que le he quitado a trabajar en mi propia obra. De hecho, comenté eso mismo en Sherlock Holmes y la boca del infierno (o, más exactamente, lo hizo el Rodolfo Martínez que tradujo la novela, que no soy yo, sino un personaje literario que comparte mi nombre y alguna de mis características).

No tengo esa sensación, sin embargo. Ni de haber perdido el tiempo, ni de estar quitándole ese tiempo a mi propia obra. Entre otras cosas porque estas cuatro novelas son, también, mi propia obra. Tan mía como lo puedan ser El sueño del rey rojo o Los sicarios del cielo, por mencionar sólo dos.

Y, por otro lado, estas cuatro novelas me han traído abundantes gratificaciones. No sólo por la acogida, en general favorable, que han tenido entre los lectores, sino porque en lo puramente literario han sido, para mí, de lo más satisfactorio que he escrito. Por no mencionar que en ellas me he lanzado a hacer cosas nuevas y a probar técnicas y fórmulas narrativas que, por algún motivo que no termino de comprender, no intento en mis otras novelas. Bueno, sí que lo hago: al fin y al cabo, una de mis constantes es estar siempre buscando una forma de contar las cosas distinta a las que he probado previamente; y no, no es por afan de experimentación, sino por puro y simple miedo al aburrimiento. Sin embargo, en mis novelas holmesianas he sido más audaz que en el resto de mi obra.

¿Por qué? Lo desconozco, la verdad. Pero a lo largo de estas cuatro novelas me he embarcado una y otra vez en territorios que antes no había explorado y, lo más importante, lo he hecho sin miedo y sin detenerme ante la posibilidad del fracaso. Creo que me lo pasaba tan bien buscando cosas nuevas (completando el escenario, buscando nuevos elementos que aportaran interés al universo que estaba recreando, probando suerte con formas de contar la historia que no hubiera usado antes, intentando acercarme a la trama desde lugares nuevos, jugando con los aspectos metaliterarios del asunto) que ni siquiera consideré la posibilidad de estrellarme en el proceso.

Lo hacía después, claro. Una vez terminada cada novela. Ahí llegaba la inseguridad: ¿me ha salido bien, la he cagado? Pero esas preguntas no existían mientras escribía. Sólo la… creo que euforia es la palabra, fruto de estar haciendo algo que me gustaba y el sentimiento de estar disfrutando como un crío a cada paso del proceso.

Soy de esos escritores que se lo pasan bien con la propia escritura (y cuando buenos amigos, como Juan Miguel Aguilera, me comentan que para ellos el acto físico de escribir es una tortura, confieso que me quedo perplejo y manifiesto mi incomprensión) y creo que ha sido en estas novelas donde más me he divertido. En cierto modo he vuelto a ser un adolescente y he escrito sin preocuparme de lo que pudiera pasar, adónde iba a llegar o qué pretendia conseguir. Simplemente, estaba pasándomelo de miedo escribiendo. Como hacía tiempo que no me lo pasaba.

He vuelto a ser, en cierta forma, el niño para el que Superman, Phileas Fogg, el Zorro, Spiderman, el Corsario Negro, Old Shaterhand, D’Artagnan, Tarzán, Tom Sawyer, Miguel Strogoff, los Vengadores, Shane, Scaramouche… y, por supuesto, el propio Sherlock Holmes, vivían en el mismo universo, en diferentes momentos o diferentes lugares, pero en el mismo cosmos de ficción. Así que el que un día llegasen a encontrarse no me parecía desabellado. De hecho, recuerdo que cuando, siendo niño, un amigo se trajo de Alemania el cómic con el primer encuentro entre Superman y Spiderman, no encontré nada de extraño en ello. Como mucho, me pregunté cómo era que no se habían encontrado antes, viviendo tan cerca.

He vuelto a ser ese niño, decía, y he reconstruido sobre el papel lo que había entonces en mi cabeza. Ese universo donde todo tenía cabida y todo podía pasar. Y, en el proceso, como ya he comentado, me lo he pasado como hacía tiempo que no me lo pasaba.

Permitidme que caiga en el pernicioso vicio de la autocita y que termine con un pequeño párrafo que he incluido en los agradecimientos de Sherlock Holmes y el heredero de nadie:

¿Significa eso que se ha acabado, que ya no escribiré más novelas de Sherlock Holmes? Es probable que así sea (aunque no abandono del todo la idea de un libro de relatos sobre el detective, pero eso sería otra historia).

Pero, ¿significa que he terminado con el universo ficticio que he ido re-creando en estas cuatro novelas? Diría que no.

La única pregunta, en realidad, es cuándo volveré a él. Ya veremos, no creo que tarde mucho. Me gusta demasiado estar allí.

5 comentarios

  1. Ayer te escuché en una radio que no recuerdo bien. Disfruté conocerte y la manera en la que sentías la literatura. Será un placer comprar algún libro tuyo para ahondar en tu imaginario.
    Estos de Holmes me llaman mucho la atención, precisamente estaba intentando escribir algo sobre el célebre detective pero sin pretensiones de ningún tipo, como puro divertimento.

    Saludos.

  2. Gracias por tu comentario. Espero que, cuando le hinques el diente a alguno de mis libros, te resulte satisfactorio.

  3. Por las reseñas que he leído aquí mismo estoy convencido que los disfrutaré. Gracias por responder.

    También será un placer venir por aquí a leerte.

    Saludos.

  4. Hola.
    La primera de tus novelas sobre Holmes me ha gustado tanto que voy a leer las siguientes. Y la de Rafael Marín.
    Yo intento escribir y la verdad es que me inhibo mucho porque para mí también es una tortura. Sólo cuando es más doloroso no escribir que hacerlo me animo… Por eso mi producción es parca. No hablemos de su calidad, no puedo juzgarme. Tengo todas las dudas del mundo.
    Por otro lado, me entusiasmó Fieramente Humano. Y también ando enganchado, es un decir, con NGC Ficción!
    Un cordial saludo.

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