Dos momentos en la Feria del libro

Como comentaba en mi última entrada, este fin de semana he estado en Madrid y, concretamente, el sábado por la tarde en la caseta de Estudio en Escarlata.

Ese mismo día sucedieron un par de cosas que no puedo resistirme a contar.

El verdadero origen de Escrito en el agua

Alguien (cuyo nombre no mencionaré salvo para comentar que podría ser traducido al inglés como James Brown) me hizo llegar un libro que ponía al descubierto la terrible verdad sobre este blog.

Porque, vamos a ver, ¿de verdad os creías que esto de Escrito en el agua tenía algo que ver con Keats? Venga, hombre, mucho rollo cultureta y tal, que si poesía romántica inglesa del XIX y todo eso, pero todo el mundo sabe que lo que me va a mí es la literatura perronera, las novelas de andar por casa y todo eso.

Quería ocultarlo, pero junto al libro, se me adjuntó una nota amenazándome con revelar la verdad al mundo si no me dejaba de mestizajes, fantasías varias, paseos nostálgicos con detectives victorianos y todas esas milongas y me ponía inmediatamente a escribir ciencia ficción. Que ya estaba bien de que los autores españoles del género lo abandonásemos por pastos más frescos sin importarnos nada el incontable número de aficionados (seguro que más de veinte) que nos habían enriquecido gastando su dinero en nuestras novelas.

Así que, antes de que lo haga público alguien más, mejor salgo del armario y revelo que Escrito en el agua va en realidad por una novela de Vicki Baum (una de las reinas de la novela romántica del siglo pasado) y que todas esas pretensiones gafapasta-culturetas no son más que una maniobra (bastante burda, además) para que no se me vea el plumero.

Ya está. He salido del armario. Ha costado, pero menos de lo que pensaba.

(Un día de estos, reproduciré por aquí completa la nota que acompañaba al libro -una edición latinoamericana de los años cincuenta, por cierto- y que no tiene desperdicio. La verdad es que pasé un rato muy divertido con todo esto.)

La boca del infierno

Poco después de recibir el libro (junto a la nota amenazadora) di un paseo por la Feria del libro. Allí me encontré, entre otros, con Marc R. Soto, José Luis Mora y Raxar (al que, con mi caraja habitual, le puse mal el nombre en la dedicatoria del libro; desde aquí le pido disculpas e intentaré desfacer el entuerto la próxima vez que nos veamos).

Poco después, me dirigí a Estudio en escarlata, donde David Mateo ya llevaba un rato en su sesión de firmas. Coincidimos durante una media hora aproximadamente, y entre firma y firma aprovechamos para charlar un poco.

La anécdota que quiero comentar es la de una pareja que se me acercó (creo recordar que sus nombres eran Puri y Dale, pero como soy un desastre es posible que me equivoque) y que, mientras firmaba el ejemplar que habían adquirido de Sherlock Holmes y el heredero de nadie, no sólo me comentaron que les gustaban mucho mis novelas holmesianas sino que, tras la lectura de Sherlock Holmes y la boca del infierno, y durante un viaje a Portugal, habían decidido acercarse a Boca do Inferno, a ver si de verdad era tan impresionante como decía en la novela.

Una tontería, ya lo sé, pero confieso que me hizo ilusión. Supongo que la expresión de mi rostro debió ser bastante cómica cuando me comentaron lo de su viaje a la boca del infierno y yo exclamé (confieso que no me lo acababa de creer): “¿De verdad?”. Desde aquí espero que esta última novela de Holmes les guste, al menos, tanto como las anteriores (aunque, espero que por mi culpa no decidan viajar hasta Tunguska, que debe estar bastante complicado.)

Por lo demás, un fin de semana bastante satisfactorio. Aprovechamos para ver a unos cuantos amigos, firmé unos cuantos libros, hice una entrevistas para la agencia EFE y, en general, confieso que el tiempo se me pasó volando.

Sí, parte de él volando con Iberia, ya lo sé. Mejor hago yo el chiste malo antes de que alguien se aproveche de la oportunidad que le he dejado en bandeja.

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