Here lies one whose name was writ in water
-Epitafio en la tumba de John Keats

Archivo de Junio 2nd, 2008

Coleccionismo y repetición

Lunes, Junio 2nd, 2008 Pertenece a Superman, Visto y oído | 6 comentarios »

Soy un fan y una de las mayores maldiciones que padece un fan es el completismo.

En el caso concreto de Superman, la maldición me llevó a hacerme en su día con cosas tan absolutamente infumables como Superman IV o Supergirl (difícil decidir cuál de las dos es peor película, ciertamente), por poner sólo dos ejemplos.

Otra faceta de esa maldición es comprar una y otra vez lo mismo, en distintos formatos. No recuerdo cuántes veces habré comprado la trilogía original de Star Wars pero creo que son (contando VHS y DVD -y me libré del laser disc por los pelos-) como media docena, al menos. Y me temo que volveré a picar cuando una nueva “edición definitiva” salga al mercado. O cuando me pase al Blue Ray o al formato de vídeo que se lleve en ese momento.

Con los comics también me ocurre. Normalmente cuando me hago con la nueva edición, suelo desprenderme de la antigua regalándosela a algún amigo. Prefiero hacer eso a vender los tebeos: el dinero que sacaría no iba a ser gran cosa y regalándoselo a alguien que sé que le gusta tengo la seguridad de que cae en buenas manos. Otras veces, sin embargo (y confieso que no sé muy bien por qué) conservo ambas ediciones y no es infrecuente en mi biblioteca encontrar el mismo cómic en inglés y en castellano.

Creo que el tebeo que más veces he comprado ha sido Crisis en Tierras Infinitas (responsable, en buena medida, de que volviera a comprar comics tras un paréntesis de casi diez años y uno de los principales culpables de que, tras años ser fan de Marvel, acabara volviéndome a DC). Tuve la edición en doce comic-books que hizo Zinco en su día. Conseguí el trade paperback en inglés algunos años más tarde. Me hice con la edición mejicana de Vid. Compré el tomo que sacó Norma. Y, para rematar, no hace mucho que he comprado la edición Absolute que ha hecho Planeta. Añadamos a eso el poster que domina mi sala de estar (boceto de George Pérez y acabado de Alex Ross, la misma ilustración que sirve de portada a las últimas ediciones del cómic, reproducida en lo que viene a ser aproximadamente el formato y tamaño de una puerta) y no hace falta ser ningún genio para llegar a la conclusión de que Crisis en Tierras Infinitas es, para mí, el mejor tebeo de superhéroes al estilo clásico (o sea, de los de toda la vida, antes de que Moore llegase a darle un empujón y unos cuantos meneos al asunto) que jamás se ha publicado.

Pero como decía, generalmente, a medida que consigo una nueva edición (casi siempre la edición en el idioma original) voy deshaciéndome de las antiguas. Simple cuestión de espacio.

Gracias a eso, el hijo de mi buen amigo Javier Cuevas va teniendo el Superman post-Crisis primorosamente encuadernado en tapa dura, a medida que me voy comprando el Man of Steel que DC reedita con cuentagotas. Otros amigos fueron consiguiendo los Cuatro Fantásticos de Byrne en agónicas entregas: más o menos al mismo ritmo que yo me iba haciendo con los tomos americanos.  Otro tanto ocurrió con Sandman. Y con unos cuantos más.

Luego está el material de coleccionismo puro y duro. Comics que probablemente no leeré nunca pero que quiero tener. ¿Absurdo? Bueno, ya dije que estaba sujeto a una maldición.

Hablo de cosas como los Superman Archives o los Action Comics Archives (a los que se sumará en breve el World’s Finest Archives), donde se recopila en estricto orden cronológico todo lo publicado en esas dos series desde 1938 hasta (es de esperar) hoy en día, recogido en lujosos (y no precisamente baratos) tomos en tapa dura.

Ya he dicho que segurarmente nunca leeré esas cosas. Puede que acuda a ellas cuando necesite consultar algo o deje de vez en cuando vagar la vista por sus páginas. Pero, de verdad, ponerme a leer todos esos tebeos de Superman de los años cuarenta… Uf, no. Si ya de crío cuando los leía en las gloriosas traducciones de Novaro (ya sabéis esa versión hispana del universo DC donde Batman era Bruno Díaz o Flecha Verde, Oliverio Reina) me parecían simplotas y repetitivas, no quiero ni pensar qué me parecerán ahora.

¿Que por qué los compro? Porque tienen interés como documento para comprender la evolución de uno de mis personajes de cómic favoritos. Porque nunca se sabe cuándo puedo necesitar consultar tal o cual historia o ver cuándo apareció por primera vez este personaje o el otro. Porque…

Por completismo, qué coño.

El mismo motivo por el que voy coleccionando los gruesos volúmenes que recogen las tiras diarias y las páginas dominicales de Superman. El mismo por el que tengo varios tomitos de la infame y horrísona edición de Bruguera (algunos la recordaréis: aquélla donde los comics eran recoloreados por la propia editorial española con un resultado que…). El mismo por el que he conseguido, tras haberlos perdido en el paso de la infancia a la adolescencia, unos cuantos comic-books (tanto de la primera edición que respetaba las dimensiones del original, como de la siguiente, que reducía a la mitad el tamaño del tebeo) de Novaro y varios tomos recopilatorios de la misma editorial. El mismo por el que tengo dos libritos que recogen todas las portadas de Action Comics desde 1938 hasta mediados de los ochenta. El mismo por el que tengo varias novelas de Superman. El mismo por el que tengo una edición facsímil del Superman número uno pese a tener eso mismo en la edición de los Archives. Y el mismo por el que, en fin, no hace ni dos días me he comprado el tomazo -no se le puede llamar de otra manera- de La muerte de Superman (pese a que ya tengo ese material en el mismo idioma y bastante bien encuadernado) y el volumen con las cuatro historias que Alan Moore escribió del Hombre de Acero, aunque las tenía ya, en inglés y en castellano.

Soy fan de Superman desde que empecé a leer tebeos. No recuerdo a qué edad, pero posiblemente con siete u ocho años. Lo curioso es que ya entonces sus historias me parecían ñoñas y simplotas (gran parte del material que caía entonces en mis manos era de los años cuarenta y el más moderno, de los setenta, no es que fuera una maravilla, para qué engañarnos) y me molaba mucho más el universo Marvel que el DC. Pero, pese a todo, Superman era mi superhéroe favorito. Tenía algo. Algo poderoso e icónico que hacía que siguiera interesándome por sus comics pese a que no fueran, ni de lejos, de los mejores.

Algo que me ha llevado a que algo más de un tercio de mi biblioteca de tebeos esté relacionado de un modo u otro con el Hombre de Acero. Muchos de esos comics no son gran cosa, algunos son infectamente malos y otros son buenos. Unos pocos, muy buenos. Como pasa con casi todo en esta vida.

Debería hacer un esfuerzo y quedarme sólo con lo bueno.

Pero no puedo. Ya os lo dicho. Soy un fan. Y soy compulsivamente completista.

Es mi maldición.

Aunque, lo confieso, tampoco me causa muchos problemas. En realidad, me lo paso muy bien con ella.

© 2008, Rodolfo Martínez
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