Revisitando el Whedonverso
Miércoles, Mayo 28th, 2008 Pertenece a Imágenes en acción, Visto y oído | 22 comentarios »- El mismo día, hace un año: Venga, hombre, hasta la cocina
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Recientemente me he puesto de nuevo a ver Buffy. Y, claro, al llegar la cuarta temporada surgió la disyuntiva: ¿Qué hacemos con Angel? ¿Esperamos a terminar la serie principal y luego le damos caña al spin-off? ¿Las vamos alternando? Y, de ser así, ¿cómo?
Ver primero una temporada completa de Buffy y luego otra de Angel no nos parecía buena idea. Ir alternando un capítulo de una con otro de la otra, aunque parecía lo ideal, implicaba cambiar el disco en el reproductor con cada capítulo, a menos que tuviéramos dos DVDs, que no era el caso. Así que al final tiramos por la calle de enmedio: un disco de Buffy y otro de Angel. Y así hasta el final.
Ver así las dos series ha servido para darme cuenta de que están más relacionadas de lo que creía y que la memoria me había jugado una mala pasada, pues me había quedado con la idea de que las conexiones entre las dos eran escasas y sin demasiada importantacia.
El ejemplo perfecto puede ser el capítulo de la quinta temporada de Buffy donde Spike le cuenta cómo mató a su primera Cazadora en China, durante la revuelta de los boxers. Ahora bien, eso sucede en 1900, cuando Ángel ya había recuperado el alma y era, por tanto, un vampiro “bueno”. Sin embargo, vemos al cuarteto completo (Darla, Drusila, Ángel y Spike) paseando como predadores satisfechos en medio de las revueltas.
Luego, llega al episodio correspondiente de Angel y enseguida me doy cuenta de lo que ha pasado: en efecto, el personaje ya tiene alma y si aparece en China es en un intento desesperado de volver a ser el que era. Trata de engañar a Darla (y sobre todo a sí mismo) y convencerla de que puede volver a ser el de antes, tenga alma o no. Fracasa, evidentemente.
Y, mientras van pasando los episodios y los personajes y su entorno se van volviendo más complejos y más interesante, voy dándome cuenta de unas cuantas cosas que, en realidad ya sabía, pero en las que no me había parado a pensar últimamente.
Como el hecho de que aunque me gusta Buffy, la serie, encuentro a Buffy, el personaje, completamente odioso y, a menudo, hostiable por muchas de sus reacciones (su comportamiento con Ángel cuando éste intenta salvar a Faith de sí misma podría ser un ejemplo perfecto de lo niña estúpida, mimada y malcriada que es a menudo la Cazavampiros). Así que tiene su mérito que Whedon haya sido capaz de hacer una serie que me gusta y me engancha (y me gusta y me engancha cada vez más a medida que se va volviendo más compleja y va profundizando más en el alma de los personajes) a pesar de que no soporto a su protagonista.
Con Angel me pasa algo parecido, si bien en un grado bastante menor. Su pose de “alma atormentada” (ese resabio de vampiro sensible a lo Anne Rice que, lo reconozco, me repatea profundamente; cuánto daño ha hecho esa señora al mito vampírico) resulta irritante, cierto, pero el hecho de que todos los personajes de la serie -empezando por el propio Ángel- ironicen continuamente con ello y se lo tomen de vez en cuando a cachondeo, lo hace más soportable.
La segunda cosa que se me hace evidente en este segundo visionado de ambas series, es el modo magistral en que Joss Whedon maneja los clichés y los estereotipos. Jugando continuamente con ellos, dándoles las vueltas, buscándoles las esquinas y consiguiendo sacar algo nuevo y fresco de situaciones y personajes que no pueden ser más tópicos en muchas ocasiones. Whedon es un maestro del cliché y, sobre todo, es un maestro en el difícil arte de conseguir que los clichés parezcan novedodos y originales.
Y por último (no lo es, pero tampoco me voy a tirar el día entero hablando del asunto) he confirmado que el personaje más conseguido y con más potencial de ambas series -y hay personajes estupendos, sobre todo entre los distintos grupos de sidekicks que rodean a los héroes- es, sin la menor duda, Spike. De lejos. Y además, demuestra que toda esa cháchara de que cuando te transformas en vampiro pierdes el alma y tu yo es sustituido por un demonio con tus recuerdos, es una soberana chorrada. Si algo demuestra Spike a medida que la serie va avanzando (y su reacción ante la muerte de la madre de Buffy es un ejemplo clarísimo) es que tiene alma -léase “conciencia”, para aquellos a los que el palabro les de unas connotaciones demasiado religiosas- mucho antes de que se ponga a intentar recuperarla. En realidad, hasta podríamos decir que el mismo hecho de que intente recuperarla implica que ya la tiene.

Lo más curioso es que el personaje haya tenido que esperar para desarrollar del todo su verdadero potencial hasta el final de su participación en las dos series. Porque es en la séptima temporada de Buffy y en la quinta de Angel donde Spike se desarrolla por completo y consigue, en más de una ocasión, robarles las series a sus dos protagonistas.
No quiero decir que antes no fuera un buen personaje: su potencial está claro desde su primera aparición en Buffy cuando, tras meses de generar expectativas en torno a la temible amenaza que va a representar el Ungido, llega Spike y se deshace de él en menos tiempo del que tarda en pestañear (capítulo , por cierto, que es un ejemplo perfecto de la mala idea que destila Whedon y una muestra de lo mucho que le gusta jugar a cargarse las expectativas y a desorientar al espectador). Spike es un personaje que va creciendo poco a poco: desde sus primeras apariciones, donde es poco más que una fuerza destructiva y malévola, se va volviendo cada vez más complejo hasta el extremo de acabar aceptando (a regañadientes y echando pestes a cada paso del camino; al fin y al cabo es Spike) el incómodo papel de héroe a su pesar que parece haberle asignado el destino. Es en ese momento cuando alcanza su verdadera estatura y, como decía antes, casi les roba ambas series a sus protagonistas.
Por supuesto, no hace falta mencionar que lo que he confirmado con este nuevo visionado es lo condenadamente buenas que son las dos series y lo condenadamente bueno que es Whedon.
¿Y ahora? ¿Tal vez una nueva revisión de Firefly seguida del visionado de Serenity? Quién sabe.
