Un par de citas

En la edición digital de El País:

En nuestros días y en nuestro entorno, el nacionalismo podrá adoptar todos los colores de la izquierda en todos los ámbitos imaginables, pero, en lo que le es propio y distintivo, es un puro movimiento de derechas, de ruptura de la igualdad, de división de la ciudadanía, de defensa o búsqueda de privilegios para unos (generalmente unos pocos) a costa de otros (generalmente los más). Que los Otegui o los Carod se apunten a todas las causas de izquierda menos a una, la defensa del espacio y la igualdad ciudadana ya conquistados, es de una tremenda inconsistencia moral, pero de una gran sagacidad táctica, tanto para sí mismos como para toda esa cohorte de intelectuales, profesionales y funcionarios que les siguen dispuestos a conquistar el aparato del Estado.

Mariano Fernández Enguita

En Re(d)forma en serio:

La primera: la izquierda sólo puede defender ideas nacionalistas instrumentalmente, porque cree que el nacionalismo sirve a otros propósitos emancipadores más básicos. Y sucede que el nacionalismo, por definición, no puede ser instrumental, no busca razones ulteriores, porque entonces deja de ser nacionalismo. Para el nacionalismo los intereses de los míos, simplemente porque son los míos, tienen prioridad sobre cualquier otra consideración, vencen cualquier principio de justicia.

Y la segunda es que todas las razones instrumentales a las que se puede apelar, todos los valores que identifican a la izquierda (la igualdad, el control democrático, la libertad para elegir la propia vida), cuando se miran de cerca, tienen implicaciones antinacionalistas.

(…)

La idea de que hay unos pueblos que han de tener un trato especial no puedo dejar de asociarla a lo que antes te decía del trato con los reyes, a desandar lo recorrido desde la revolución francesa. Pensamiento reaccionario en estado puro.

Félix Ovejero

Recomiendo, ya que estamos, la lectura completa de ambos textos, a los que podéis acceder desde los links que encabezan las citas.

3 comentarios

  1. Lo he pensado sólo unos segundos y me he dado cuenta de la pasmosa cantidad de gente que conozco que se define a sí misma como progresista, solidaria, concienciada, de izquierdas… y nacionalista. Y de la cantidad de veces que me he dicho a mí mismo -pero sólo a mí mismo, para no tener movidas- que no se puede ser las cuatro cosas a la vez, o en su caso, que lo que ellos creen que es ser esas cosas no es exactamente lo que se entiende por tal.

    Y esta reflexión me lleva al tema del Asturiano que discutíais hace unos días. Y me pregunto si precisamente esa política confusa y aparentemente incoherente del Principado no ha servido -no digo que a posta, les puede haber salido bien por casualidad- para evitar el nacimiento de ciertas ideas insidiosas de las que hasta ahora -toco madera con cierto orgullo- nos habíamos visto libres.

    Por lo demás, y puestos ya a meter el dedo en la llaga, siempre me he preguntado si ese despertar casi ansioso de los nacionalismos no tiene más que ver con complejos e inseguridades colectivas que con otra cosa. Quiero decir que si tu identidad está clara, sabes quien eres y qué te define, etc, no sueles albergar esos miedos atávicos -a la invasión, a la absorción, a la pérdida de identidad, a la disolución -que los partidos nacionalistas explotan con tanta eficacia. Si eres, eres.

    Supongo que, como siempre, es una confusa mezcla de temas terribles (la Historia suele serlo, pero cada vez que acusamos con nuestro dedo a alguien de haber jodido a nuestros antepasados y haber puteado a nuestros padres nos bastaría con volvernos para encontrar a alguien que podría señalarnos exactamente por lo mismo) y de la misma jodida vanalidad de siempre (ser tal y cual cosa a la vez, aún siendo contradictorias, ahora mismo es “guay”, como lo era ser esclavista y demócrata, por ejemplo, en la Atlanta de 1868).

  2. Yo no me lo he preguntado; tengo pocas dudas al respecto: los nacionalismos irredentos son complejos de inferioridad. O sea, lo mismo que has dicho: cuando tu identidad la tienes clara no necesitas que te reafirmen nada.

  3. Ah, añado:

    evitar el nacimiento de ciertas ideas insidiosas de las que hasta ahora -toco madera con cierto orgullo- nos habíamos visto libres

    Eso del cierto orgullo lo veo justificadísimo. Precisamente si es uno de los pocos sitios donde puedo ir y encontrarme a gusto y cómodo es porque no me encuentro insultos a la inteligencia (y al sentido común, y a la memoria histórica, y a lo que quieras) cada vez que pongo los pies en la calle. En otras zonas me resulta casi doloroso.

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