Churres con merines
Viernes, Mayo 9th, 2008 Pertenece a A mi alrededor, Paseando por la calle | 45 comentarios »- El mismo día, hace un año: Crónicas del enano cabezón: Cordelia Naismith
¿Es el asturiano una lengua o un dialecto?
Creo que es una lengua… o para ser más exactos, lo fue. Hoy en día, tras siglos de contaminación lingüística (principalmente del castellano, pero sospecho que también del gallego) lo que queda son unos cuantos términos autóctonos (dominantes en la toponimia, que es donde más tiempo aguantan estas cosas, y con una representación respetable en otros ámbitos) y restos de una gramática propia.
Es decir, un vestigio.
Lo que los asturianistas han intentado es tomar ese vestigio y reconstruir a partir de ahí una lengua funcional y viva con personalidad propia.
Nada que objetar a ello.
El problema viene, sin embargo, cuando los criterios para hacer eso dejan de ser estrictamente filológicos y empiezan a ser políticos. Cuando el propósito ya no es tanto hacer las cosas de la forma correcta, sino hacerlas de forma que el resultado pueda ser vendido como un “hecho diferencial indiscutible”.
Empezamos entonces a mezclar churras con merinas y acaba pasando lo que acaba pasando.
Cuando una lengua está tan deteriorada como el asturiano, no se tienen muchas opciones a la hora de “reconstruirla”. Lo más evidente es acudir a préstamos de otras lenguas, en este caso el castellano (algo que han hecho, en mayor o menor grado, el gallego, el vasco y el catalán cuando iniciaron su proceso de normalización lingüística, por otro lado), e intentar “asturianizarlos” en la medida de lo posible. No es la única forma, pero la otra sería reinventarla totalmente partiendo casi de cero y como que no resulta muy viable.
Por ejemplo, en asturiano la terminación para el masculino suele ser en “u” en lugar de “o” (el “o” se reserva para el neutro, si no recuerdo mal). Así, cuando es necesario, se toma la palabra castellana y se la asturianiza aplicándole esa regla.
Pero a veces eso no es suficiente. Porque el resultado no parece lo bastante alejado del castellano. Cambiar pedido por pedidu no suena lo bastante “diferenciador”. Y es entonces cuando la filología deja paso a la voluntad política y se empiezan a hacer las cosas que se hacen. En lugar de acudir a la forma estándar del participio en castellano y asturianizarla, se toma su forma vulgar y se asturianiza. Así, ya no tenemos el incómodo pedidu, que resulta demasiado parecido al castellano, sino el más diferenciador pedíu, que queda como más autóctono y vernáculo.
Buscando (casi diría que desesperadamente) diferenciarse de la lengua dominante que ha contaminado el asturiano todos estos siglos se empiezan a hacer ese tipo de barbaridades: en lugar de acudir a la forma estándar castellana y asturianizarla, se acude a la forma vulgar y se asturianiza. O, directamente, y ya es el colmo, se toma la forma castellana vulgar tal cual y se nos pretende venderla como algo autóctono y diferenciador, propio del asturiano.
Pues va a ser que no, neños.
Decir voy p’allá en lugar de voy para allá o ‘toy en lugar de estoy (en realidad, voi y toi, que lo de usar la grafía para aumentar los “hechos diferenciadores” es algo que no sólo los vascos -perdón, los baskos- saben hacer), no es asturiano. No tiene nada de diferenciador ni de autóctono. Es, simplemente, una forma vulgar de castellano que se usa de aquí a Cádiz por toda España. Pretender vendernos elementos característicos del habla coloquial (la aféresis y el apócope en estos casos) como parte del “hecho diferencial asturianista” es una tomadura de pelo. Y es, también, el motivo por el que a muchos españoles el asturiano les suena, básicamente, como un castellano mal hablado. Porque, en muchos aspectos, lo es.
El problema, como digo, es político y, en buena medida, está motivado por la inseguridad. Por no sentirse seguro de que los rasgos propios del asturiano que han pervivido (la existencia de un género neutro que ya he comentado, el vocabulario que ha sobrevivido, unas cuantas diferencias en la gramática) sean suficientes para que los demás acepten al asturiano como una lengua de “primera división”.
Así nace la voluntad de intentar hacer el asturiano estándar lo más distinto posible del castellano estándar. Y dado que los restos de asturiano que han pervivido no son suficientes para garantizar eso (o para que los demás lo vean como suficientemente distinto) se acude a una solución tan ridícula como utilizar el castellano vulgar en lugar del estándar y usarlo como estándar sobre el que asturianizar.
Una auténtica babayá, vamos.
Pero, claro, ye lo que pasa cuando xuntes churres con merines.
POSTDATA 1: No he usado el término “bable” en esta entrada, como habréis podido ver. Y no es casual. Su origen fue claramente peyorativo y la palabra fue acuñada por una persona que (por mucho que ahora intenten reivindicarla desde ciertos lugares) sentía bastante desprecio por el habla autóctona asturiana.
POSTDATA 2: El verdadero problema de muchos de los asturianistas militantes es, como de costumbre, su escandalosa falta de sentido del humor. Es un problema habitual cuando conviertes esas cosas en una religión y no aceptas el menor asomo de crítica (y no digamos ya algún chascarrillo que otro) hacia tus dogmas fundacionales.
POSTDATA 3: La política lingüística del gobierno autonómico asturiano es, literalmente, demencial y absurda. Una especie de “sí, pero no” o “no, pero sí” que no contenta a nadie y deja las cosas en un terreno indefinido. Mientras, una y otra vez, sigue negándose a incluir la co-oficialidad del asturiano en el estatuto de autonomía, al mismo tiempo emprende una activa campaña para que nombres de calles y topónimos estén en bilingüe o reconoce los derechos de los asturianos a dirigirse a la administración pública en asturiano. La oposición del PP no es que lo haga mucho mejor, convirtiéndose en defensora o detractora del asturiano según parezca putear más o menos al gobierno.
Estaría bien, algún día, tener una política coherente al respecto. La que fuera. Si el asturiano no es oficial, no lo es, con todas sus consecuencias. Y si es oficial, que también lo sea con todas sus consecuencias. O una cosa o la otra, pero ese jugar a nadar y guardar la ropa, la verdad, me infla bastante los adminículos reproductores.
POSTDATA 4: Una cosa de la que algunos de los asturianistas más militantes no son conscientes es de su condición de minoría. Minoría con unos derechos evidentes, claro es. El asturiano (o lo que queda de él) debería ser preservado por la administración pública y protegido en la medida en que eso se pueda hacer. Pero pretender imponerlo a golpe de decreto a una sociedad que, en general, pasa del tema, es absurdo. Porque si mañana se hiciera un referendum sobre la co-oficialidad del asturiano, el resultado mayoritario no sería ni el sí ni el no, sino una abstención aplastante y un desinterés por la cuestión apabullante. Le pese a quien le pese, la realidad es ésa.
POSTDATA 5: Los asturianos que nos consideramos castellanoparlantes no somos menos asturianos que los otros, por cierto. Y ya que estamos, los escritores asturianos que escribimos en castellano somos tan “escritores asturianos” como los que lo hacen en asturiano, le joda a quien le joda.
POSTADATA 6: Y mejor termino.
© 2008, Rodolfo Martínez
