¿Se puede ser católico a medias?

Es una cuestión que ya he discutido varias veces, con creyentes y con no creyentes. Con católicos y con no católicos.

Y siempre he pensado que la respuesta no puede ser otra que no.

Porque una de las normas básicas de la Iglesia Católica, uno de sus pilares ideológicos fundamentales es que sólo la jerarquía debidamente autorizada tiene derecho a interpretar las Escrituras. No la iglesia como conjunto de fieles, sino la iglesia como institución con una organización jerárquica.

Y eso, como digo, es uno de los pilares fundamentales del catolicismo, una de las cosas que separa (con difícil posibilidad de reconciliación) a la Iglesia Católica de las protestantes. Mientras que éstas consideran que cualquiera puede interpretar la palabra revelada por Dios en Biblia (de hecho, fue la libre interpretación de ésta uno de los motivos más evidentes que propiciaron el cisma protestante), aquélla afirma que sólo la jerarquía tiene esa potestad, sólo aquellos a los que Dios ha nombrado sus representantes autorizados pueden interpretar su palabra. Cambia eso y ya no tienes la Iglesia Católica. Tienes otra cosa, que podrá ser mejor o peor, pero es distinta.

Por tanto, si la jerarquía afirma que la virginidad de la virgen es dogma de fe, por poner un ejemplo, y tú interpretas de otro modo los pasajes de la Biblia donde se habla de ello, ya no te estás ajustando a las creencias de la Iglesia Católica y te conviertes, inmediatemente, en un hereje. No puedes decir “soy en parte católico porque creo que los dogmas X e Y son ciertos, pero no el Z”. El dogma debe aceptarse en su totalidad.

Porque la iglesia no es un club social donde, si uno está en desacuerdo con alguno de sus estatutos, puede convocar una asamblea de socios para modificarlos. Entre otras cosas porque, por definición, por diseño podríamos decir, no todos los socios pueden votar, sólo aquellos que son parte de la junta directiva o han sido elegidos por ésta para definir cuáles son las normas válidas.

Tengo amigos católicos para los que esto es difícil de tragar. Y lo comprendo. Se sienten católicos y ésa es la iglesia que sienten como suya. Sin embargo, buena parte de su ideario moral choca de frente con lo que la Iglesia Católica (la jerarquía de la Iglesia Católica) ha definido como dogma. No son católicos, aunque se sientan como tales. O, como mucho, son católicos descarriados, herejes que se han apartado de la ortodoxia.

Y no, no hay distintos puntos de vista en este caso. Mejor dicho, no hay puntos de vista distintos y correctos en este caso. Como he dicho, la Iglesia Católica no es un club social o un país con un sistema democrático. Es, por definición, una teocracia en la que sólo algunos miembros concretos tienen la potestad de interpretar la palabra de Dios. Es algo que a menudo los católicos olvidan (o quizá prefieren no pensar en ello): el hecho de que el rebaño (el pueblo de Dios) es incapaz de decidir por sí mismo el camino a seguir y debe ser guiado por los pastores (la jerarquía eclesiástica) y que la voz del rebaño puede ser oída y tal vez tenida en cuenta, pero no tiene voto. Sólo votan los pastores. De hecho, si aceptamos como ciertos los dogmas de la Iglesia Católica, los pastores ni siquiera votan: se limitan a interpretar la voz de Dios en sus corazones y, por tanto, lo que dicen cuando ejercen su labor de pastores no es su opinión personal, sino la de Dios.

Así que me temo que no me vale el “soy católico, aunque estoy en desacuerdo con algunas cosas”. Si esas cosas son parte del dogma y no estás de acuerdo con ellas, ya no eres católico. O mejor dicho, lo eres, porque una vez has sido bautizado no dejas de serlo hasta que no apostates o te excumulguen. Pero digamos que tu pensamiento ya no es católico, te has convertido en un hereje. Y no puedes decir que eres católico en parte, porque no es así como funcionan las cosas.

Y no soy yo quien lo dice. Son los representantes autorizados por Dios para hablar en su nombre. O, al menos, debes pensar que lo son, si eres católico.

15 comentarios

  1. A mí no me pasa como a tus conocidos, Rudy. Mis dos céntimos (aunque me temo que van a ser más, por el tocho que presumo):

    Según el planteamiento del post, un poco obligatorio en su lógica, no se puede ser católico sin aceptar los dogmas. Pero según una comprensión profunda de las realidades que afirman los dogmas, se podría ser católico aún sintiendo (o razonando) dudas sobre la formulación de los dogmas. En primer lugar, una obviedad: una cosa es ser católico y otra ser sólo cristiano. El catolicismo incluye al cristianismo. Para algunos, como yo y hasta que entienda lo contrario, es, el verdadero cristianismo.

    Esto puede ser otra obviedad, o no tanto, pero sentirse cristiano (o mahometano) no es lo mismo que declararse de alguna ideología política, o del Real Madrid, o aficionado a la literatura de ficción. Ser religioso es algo más que una mera opinión más o menos razonada sobre la realidad que le rodea. Lo digo porque parece que es algo que meramente se elige de entre numerosas opciones, con la misma meditación necesaria que para decidir a qué película se entra en un multicines.

    Tambien y a mi modo de ver, sentir el catolicismo, o la creencia religiosa, o incluso la mera creencia en algo trascendente como un conjunto de condiciones de membresía, de obligaciones, trágalas y similares es una simplificación que pierde gran parte de la grandeza y altura de miras del concepto: todo parte de constatar, desde la absoluta libertad y con la razón o el sentimiento (y si ambos, mejor), que tu creencia, tus convicciones, te transforman (te convierten) y te instan a transformar la realidad, primero la personal y luego la realidad externa. Si esas creencias se sustentan en unos dogmas o coinciden con ellos, como creer que Dios existe y que Jesús es su Hijo, que vino, murió y resucitó, uno está muy cerca de la ICAR. El resto de dogmas, siendo importantes, no lo son más que los anteriores.

    No se puede pretender, es mi opinión, resumir dogmas controvertidos y discutibles como la infalibilidad papal desde este único axioma: “lo que dice el Papa lo tienen que creer todos los católicos y el que no es un hereje”. Nos estamos comiendo 2000 años de consideraciones al respecto. Yo no tengo sinceramente profundidad en la materia para ahondar ahora en ello, pero desde luego no me atrevo a simplificar de tal modo.

    Los dogmas, como también el magisterio de la Iglesia, y esto también es una hiper-simplificación a la que sí me atrevo, son ayudas, guías, para que las formas de religiosidad más sencillas se vean protegidas, no se confundan y puedan apoyarse en las certezas que la Iglesia les proporciona después de miles de años de consideración al respecto, fiándose de ellos. No son los dogmas hitos de acercamiento al cogollo de la catolicidad que según vas tragando, aún sintiéndolos inciertos, más católico eres.

    Se me ocurre el ejemplo, ahora que desgraciadamente está de moda, el creacionismo o el diseño inteligente, esas barbaridades. Aquellos que sabéis de biología sabéis que la evolución es un hecho, y sin embargo, hay preguntas difíciles de responder en una frase; recuerdo un post del Golem Blog que he leído hace poco y que comparto: cuando un creacionista plantea “la evolución no puede explicar la estructura compleja X”, discutir y demostrar eso puede ser abstruso, farragoso, prolijo, un latazo vamos. Pero es completamente demostrable científicamente. En estos casos, hay que “fiarse” de que ya está demostrado y manejar simplificaciones que ayuden a comprender la evolución sin conocerla realmente en profundidad. Pues eso es en mi opinión algo análogo a lo que hacen, en parte, los dogmas.

    A modo de penúltima simplificación, el Concilio Vaticano II trata de incluir la libertad de conciencia situando al cristiano frente a Dios y el mundo con la única norma suprema de su conciencia, rectamente formada y en constante búsqueda de la verdad a la luz de la Palabra de Dios. Y el que no quiera, pueda, profundizar en esa formación y búsqueda, para eso tiene la inestimable ayuda de los dogmas y especialmente del magisterio. Ayuda, no coerción.

    Finalmente, aquí hay un post con algunos argumentos sobre los dogmas católicos que comparto en buena parte y que resumen mejor que yo su valor y consideración.

  2. Como dices, ser cristiano y católico, son cosas distintas. Se puede ser cristiano y no creer en los dogmas de la Iglesia Católica, sin duda. Pero, ¿se puede ser católico sin compartir esos dogmas? No lo creo, sinceramente.

    La infalibilidad papal, por cierto (un dogma bastante tardío, si no recuerdo mal, del XVIII o del XIX) no implica que cada cosa que dice el Papa es cierta, sino que cuando habla ex catedra, es decir lo hace como representante oficial en la Tierra de la Iglesia de Dios, es infalible. Y normalmente, los Papas se cuidan muy mucho antes de hablar de ese modo, precisamente por lo delicado que es el asunto.

  3. Lo de la infalibilidad es sólo un ejemplo.

    El resumen del ladrillo anterior es más o menos este: Que ser católico y discrepar de los dogmas de tal manera que se genere una herejía o incluso haya que “anatemizar” esas discrepancias es un absurdo, es incongruente; y claro, ser católico y discrepar seria y profundamente de los dogmas no es ser católico. Eso es así.

    Lo que pasa es que en los casos en que yo me he encontrado, diría humildemente que generalizables, las discrepancias de los dogmas están debilísimamente basadas argumental y vitalmente, normalmente responden -repito, en mi experiencia- a poses y/o ignorancia sobre los dogmas y el sentido último del cristianismo según lo proclama la ICAR. Muchas veces, cuando las discrepancias se informan y ello se medita con actitud abierta se suelen entender y asumir todos y cada uno de los dogmas, convenientemente resumidos en el Credo Católico.

  4. Bueno, al respecto de lo que se está comentando en este hilo, creo que es un tema de no excesiva enjundia en los tiempos que corren. Quiero decir, a la Iglesia Católica del hoy día ni se le pasa por la cabeza ponerse a anatemizar al primero que asome la cabeza diciendo que sí, que creen en Dios y en que Cristo es su hijo hecho hombre, pero que lo de la virgen María se lo va a creer su tía. Primero porque en la propia jerarquía eclesiástica abundan los hombres que viven su tiempo y conocen los tiempos del personal católico; aunque a los ateos nos parezca lo contrario, los fanáticos que siguen defendiendo según qué dogmas son minoría (incluyo a los defensores del “diseño inteligente”: como todo buen fanático, más o menos peligroso, son pocos pero hacen mucho ruido).
    Dicho lo dicho, yo sigo creyendo que un católico que no cree en según qué dogmas no es católico, sino cristiano. El problema del catolicismo, en su esencia, es que es la secta cristiana más dogmática de todas y la más extremista en sus planteamientos; aunque hoy día el cristiano católico sea, probablemente, el menos militante de entre todos los religiosos de fe cristiana, es una paradoja que no deja de tener su gracia si uno se fija en la historia del culto cristiano en cuestión.
    Yo no sé cuál de todas las sectas cristianas es la que daría mejor cabida a los creyentes de hoy día; aquellos que creen en la evolución, que no defienden la virginidad “física” de la Virgen (aunque sí su importancia en cuanto a madre de Cristo), que sospechan de la mayor parte de los hechos milagrosos de los santos posteriores a Cristo pero que sí creen en un Dios y en que Cristo, resucitara o no (porque hay cristianos que lo cuestionan), era el hijo elegido de Dios. Probablemente no exista ninguna iglesia cristiana que ciñéndose a sus planteamientos en su creación sea lo bastante flexible, y no creo que fuera buena idea crear un nuevo culto cristiano; así que cada cristiano (católico, ortodoxo, protestante… lo que sea) prefiere seguir con sus ritos e interpretar las escrituras de modo flexible, cuestionándoselas más o menos dependiendo de lo mucho o poco que cada quién pretenda profundizar en el tema.

  5. Hombre, V, entendiendo y hasta aceptando bastante de lo que dices, eso de pensar en qué secta habría que incluir a los cristianos que dudan de la resurrección de Cristo… ¿hay de eso? Pero si es una contradicción. Un cristiano lo es porque su principal certeza es que Cristo es Dios que, como hombre, muere y resucita. Vamos, eso creo yo.

  6. Hay varios grupos religiosos que se autodenominan cristianos que sí, dudan del acto de la resurrección de Cristo (la cuál consideran una metáfora) pero no de su divinidad como humano escogido por Dios para el sacrificio y el perdón de los pecados. También hay grupos de judíos (los mesiánicos, sin ir más lejos) cuyos ritos son propiamente judíos pero que reconocen a Cristo como el mesías (judío) prometido y como a tal veneran. No creen tampoco en la resurrección de Cristo, pero sí en su carácter de mesías. De veras, cada religión tiene uno o dos grupos cuyos ritos o creencias básicas se contraponen en apariencia a las de la religión madre. Los hombres somos así :P

  7. Lo digo porque parece que es algo que meramente se elige de entre numerosas opciones, con la misma meditación necesaria que para decidir a qué película se entra en un multicines.

    Aunque te parezca mentira, Eduardo, hay gente que toma postura en estas cuestiones de esa manera. Y es que hay gente para casi todo. Y un poco más de rigor sería exigible en estas cuestiones. Creo que la inmensa mayoría de ateos y creyentes no han pensado en profundidad sobre lo que implican sus tesis filosóficas de partida. Y se hablar,por tanto, muy a la ligera.

  8. En realidad, ¿qué más da? Sobre la doctrina y tal siento el mismo interés y fascinación que por el culto a los dioses fenicios. Mi postura ante la Iglesia es de admiración en algunos casos (ese papa Julio dándole caña a Chalton Heston, esos jesuitas metiéndose en el infierno si hace falta, etc.), y de repulsa en otros; como cualquier otra cosa hecha por los hombres, la verdad. El balance creo que es positivo; la Iglesia, al contrario que otras religiones ha sido capaz de ir aceptando el mundo moderno y adaptándose a él mucho mejor que otras religiones (cuando ya no le quedaban más cojones, vale, pero lo ha hecho). Me pregunto dónde estaríamos ahora si a Juan Pablo I no lo hubieran apiolado.

  9. Perdón, equivocado me he por leer apresuradamente. Donde Juanmi dice “Juan Pablo I” yo, a saber por qué autosugestión extraña, leí “San Pablo”. Lo mío va de San Pablo, no de Juan Pablo XDDDD

  10. Es curioso, la segunda novela que íbamos a escribir Javier y yo, inmediatamente después de “Mundos en el Abismo” y antes que “Hijos de la Eternidad”, era una novela sobre San Pablo. Aun tengo por ahí toda la documentación que reunimos. Una de las escenas que escribimos fue la del encuentro entre San Pablo y el líder de la iglesia de san Juan Bautista, para firmar la paz entre las dos sectas (vale, yo te concedo que tu Jesús era hijo de Dios y todo eso, pero a cambio tiene que bautizarse, etc.). Estábamos en ello cuando Domingo Santos nos llamó para animarnos a escribir la continuación de “Mundos en el Abismo”. Es que el personaje de San Pablo es fascinante. Tiene lo que Sender decía de Aguirre, el contraste de un tío algo canijo y poco impresionante físicamente, que a la vez está dotado de una enorme fuerza interior. Y a la gente le gustan esos contrastes, decía Sender.

  11. Es un placer charlar con vosotros. Ya veo que estáis más que puestos en el asunto.

    Pero considerad algo: los cristianos entendemos los textos bíblicos contienen la revelación, están divinamente inspirados no sólo ellos mismos sino incluso la “selección de la colección” que como “editora” la ICAR ha hecho durante tantos años. Ello no impide el estudio exhaustivo con los métodos científicos e historiográficos, pero la perspectiva desde la cual los cristianos usamos esos métodos es para profundizar en la revelación, no tanto para demostrarla porque para nosotros, es. Algo de esto dijo Mons. Blázquez cuando era presidente de la CEE en una instrucción pastoral de 2006 (apdos. 18 y 19).

    Lo que quiero decir es que, como ha compartido conmigo un amigo hace poco, que Jesús sea Dios encarnado es una deducción que puede ser razonable (para los no ateos, claro), pero es una verdad de fe. Por lo tanto, no se impone con evidencia ni necesariamente. Es/puede ser razonable, y no es absurdo ni irracional creer en el Hombre-Dios. Teniendo en cuenta que la razón nos acerca a los cristianos a la fe, pero una vez que nos conduce a ella, no debe ocupar el primer plano, sino cedérlo a la fe misma. Y eso en el uso de nuestra libertad, no porque deba ser así, sino porque queremos.

    Me consta que esta afirmación limita, si no elimina, el debate posterior, pero quiero constatar que nuestro estudio del catolicismo, de Jesús, de San Pablo y de la religión se aborda sobre los mismos textos físicos, pero a partir de ahí comienzan las diferencias porque los objetivos son distintos, aunque no sabría decir cuánto.

    Por cierto que V, no sé qué autor eres y, la verdad y sin falso halago, tengo curiosidad por saber sobre tu obra. Por suerte o por desgracia me gusta leer y si tengo la enorme suerte de poder tratar con el autor al que leo ya ni te cuento. Si quieres mantener el anonimato me gustaría que, si no te incomoda, me dieras un par de links sobre eso, tu obra, en eduardoj punto cabrera arroba gmail com.

  12. Eduardo, más quisiera yo que ser un autor del que poder leer algo. No, yo he escrito un buen puñado de relatos más bien cortos, que se han ido publicando, alguno largo, al que también le fue bien, y otro montón de relatos que se han quedado en el disco duro. Pero con las novelas aún ando en pañales, con una en el horno y dos en proceso de documentación.

    Juanmi: Sí, es lo que tiene. San Pablo siempre me ha intrigado, y creo que va a ser un malo fascinante… ;-)

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