¿Se puede ser católico a medias?
Miércoles, Marzo 19th, 2008 Pertenece a A mi alrededor, Y sobre esta piedra | 15 comentarios »- El mismo día, hace un año: Obra breve
Es una cuestión que ya he discutido varias veces, con creyentes y con no creyentes. Con católicos y con no católicos.
Y siempre he pensado que la respuesta no puede ser otra que no.
Porque una de las normas básicas de la Iglesia Católica, uno de sus pilares ideológicos fundamentales es que sólo la jerarquía debidamente autorizada tiene derecho a interpretar las Escrituras. No la iglesia como conjunto de fieles, sino la iglesia como institución con una organización jerárquica.
Y eso, como digo, es uno de los pilares fundamentales del catolicismo, una de las cosas que separa (con difícil posibilidad de reconciliación) a la Iglesia Católica de las protestantes. Mientras que éstas consideran que cualquiera puede interpretar la palabra revelada por Dios en Biblia (de hecho, fue la libre interpretación de ésta uno de los motivos más evidentes que propiciaron el cisma protestante), aquélla afirma que sólo la jerarquía tiene esa potestad, sólo aquellos a los que Dios ha nombrado sus representantes autorizados pueden interpretar su palabra. Cambia eso y ya no tienes la Iglesia Católica. Tienes otra cosa, que podrá ser mejor o peor, pero es distinta.
Por tanto, si la jerarquía afirma que la virginidad de la virgen es dogma de fe, por poner un ejemplo, y tú interpretas de otro modo los pasajes de la Biblia donde se habla de ello, ya no te estás ajustando a las creencias de la Iglesia Católica y te conviertes, inmediatemente, en un hereje. No puedes decir “soy en parte católico porque creo que los dogmas X e Y son ciertos, pero no el Z”. El dogma debe aceptarse en su totalidad.
Porque la iglesia no es un club social donde, si uno está en desacuerdo con alguno de sus estatutos, puede convocar una asamblea de socios para modificarlos. Entre otras cosas porque, por definición, por diseño podríamos decir, no todos los socios pueden votar, sólo aquellos que son parte de la junta directiva o han sido elegidos por ésta para definir cuáles son las normas válidas.
Tengo amigos católicos para los que esto es difícil de tragar. Y lo comprendo. Se sienten católicos y ésa es la iglesia que sienten como suya. Sin embargo, buena parte de su ideario moral choca de frente con lo que la Iglesia Católica (la jerarquía de la Iglesia Católica) ha definido como dogma. No son católicos, aunque se sientan como tales. O, como mucho, son católicos descarriados, herejes que se han apartado de la ortodoxia.
Y no, no hay distintos puntos de vista en este caso. Mejor dicho, no hay puntos de vista distintos y correctos en este caso. Como he dicho, la Iglesia Católica no es un club social o un país con un sistema democrático. Es, por definición, una teocracia en la que sólo algunos miembros concretos tienen la potestad de interpretar la palabra de Dios. Es algo que a menudo los católicos olvidan (o quizá prefieren no pensar en ello): el hecho de que el rebaño (el pueblo de Dios) es incapaz de decidir por sí mismo el camino a seguir y debe ser guiado por los pastores (la jerarquía eclesiástica) y que la voz del rebaño puede ser oída y tal vez tenida en cuenta, pero no tiene voto. Sólo votan los pastores. De hecho, si aceptamos como ciertos los dogmas de la Iglesia Católica, los pastores ni siquiera votan: se limitan a interpretar la voz de Dios en sus corazones y, por tanto, lo que dicen cuando ejercen su labor de pastores no es su opinión personal, sino la de Dios.
Así que me temo que no me vale el “soy católico, aunque estoy en desacuerdo con algunas cosas”. Si esas cosas son parte del dogma y no estás de acuerdo con ellas, ya no eres católico. O mejor dicho, lo eres, porque una vez has sido bautizado no dejas de serlo hasta que no apostates o te excumulguen. Pero digamos que tu pensamiento ya no es católico, te has convertido en un hereje. Y no puedes decir que eres católico en parte, porque no es así como funcionan las cosas.
Y no soy yo quien lo dice. Son los representantes autorizados por Dios para hablar en su nombre. O, al menos, debes pensar que lo son, si eres católico.
© 2008, Rodolfo Martínez
