¿Descalabro necesario?
Lunes, Marzo 10th, 2008 Pertenece a A mi alrededor, El gobierno de la polis | 71 comentarios »Decía un titular de la Sexta algo así como: “Primera víctima de las elecciones: Gaspar Llamazares”.
Y es que se podrán discutir muchas cosas sobre estas elecciones (y sin duda se discutirán, no os quepa duda), pero lo que no se puede negar es que para Izquierda Unida el resultado electoral ha sido una hostia en todos los morros (y perdón por mi francés) por parte de los votantes. Sí, ya sé que ha habido otro golpetazo de órdago: el de Esquerra Republicana, pero no me parece comparable ni en alcance ni en intensidad al de Izquierda Unida (por otro lado, confieso que me interesa lo que le pase a IU y hasta diría que me gustaría que gozara de buena salud, cosa que no me pasa con los encantadores muchachotes de ERC, cuya desaparición del panorama político no sólo no me preocupa, sino que me parecería una buena noticia).
Llamazares, y es de agradecer, ha sido coherente con el resultado y ha dicho que no piensa presentarse a ningún cargo dentro de la coalición ni del partido. Una postura coherente, por otra parte, en medio de una declaración que estaba repleta de incoherencias: porque no es de recibo decir que asumes por completo la responsabilidad de lo que ha pasado para luego, casi sin pararte a respirar, echarle la culpa una y otra vez al “tsunami bipartidista”. En mi pueblo a eso no lo llaman “asumir toda la responsabilidad”, sino echar balones fuera. Y más cuando, en mi opinión, ese “tsunami bipartidista” ha sido favorecido por la actitud de Izquierda Unida.
Que hay interés por parte de los dos grandes partidos nacionales (y sin duda por los medios de comunicación afines) para que el bipartidismo se instale en la mente del electorado como lo normal, lo fetén, lo que debe ser, es indudable. Pero no lo es menos que la actitud de IU en los últimos años ha favorecido todo eso. Que ha sido la falta de una alternativa viable (y sobre todo creíble) al gran partido de centro-izquierda una de las cosas que han favorecido el asunto. (Hay otros factores, claro, como podría ser la incapacidad del PP para librarse de toda esa “derechona” carpetovetónica, meapilas y nostálgica que debería extirpar para poder convertirse en un partido de derechas civilizado, pero ése ya sería otro tema.)
Y es que no te puedes pasar todo este tiempo sin una voz propia y coherente, sin apenas personalidad, apuntándote al carro de cuanta ideología molona y de moda te pase por delante de las narices, venga o no a cuento, sea o no coherente contigo, a ver si arañas unos votos, vagando de un lado a otro sin que nadie, y mucho menos tú, parezca saber hacia dónde vas o si tan siquiera vas hacia algún sitio… no puedes ponerte a hacer eso y esperar que no te pase factura.
Me he pasado los últimos años, cada vez que se acercaban unas elecciones, o los dirigentes de IU hacían éstas o aquellas declaraciones pensando “Carrillo, ¿dónde estás?” o incluso “Anguita, ¿por qué te has ido?”. Izquierda Unida tenía el potencial para convertirse en la tercera fuerza política del país, quizá nunca mayoritaria, pero lo bastante vital e importante para ser, llegado el caso, fundamental para su gobernabilidad. En lugar de eso ha ido languidenciendo en medio de una indefinición ideológica y una falta de impulso y de objetivos que la han llevado al lugar en el que está.
Podríamos hacer el chiste aquel de “Cuando llegó Llamazares, IU estaba al borde del abismo. Con él, ha dado un decidido paso al frente”.
Aunque no, porque ni siquiera ha sido capaz de descalabrarse con decisión. Lo ha hecho con la misma actitud de aguachirle mediatinta, de indefinición, de “no sé de qué voy ni adónde” que se ha convertido en el estigma de Izquierda Unida en estos años.
Espero, pese a todo, que el descalabro sea para bien. Que la crisis que ahora se abre (y que debería haberse abierto hace años) sea lo que IU necesita para convertirse en un partido con energía, con un objetivo claro y una voz propia que pueda llegar al electorado. Y espero, dentro de cuatro años, poder detenerme ante su papeleta y considerar, al menos, la posibilidad de que merezca la pena votar por ellos. Que ya va siendo hora, coño.
© 2008, Rodolfo Martínez
