Sherlock Holmes y las huellas del poeta: el embrión

Recientemente, mientras revisaba mi disco duro (sí, lo confieso, en busca de cosas que pudieran ser recicladas para Escrito en el agua) me encontré con una carpeta llamada “Continuación”, que colgaba de la carpeta “La sabiduría de los muertos”. En ella había varios textos tomados de diversas fuentes sobre Winston Churchill y lord Phillimore (sin duda, parte de la documentación de la novela), pero también un fichero llamado Notas para continuación sabiduría.

Al verlo, confieso que me sorprendió un poco. Rara vez tomo notas cuando escribo una novela. Puedo tomarlas sobre elementos de ambientación, aspectos cronológicos o cosas así, que es mejor tener por escrito que fiarlas a la memoria. Pero en lo que se refiere a detalles de argumento, personajes o estructura suelo confiar en lo que hay almacenado en mi cabeza y no me molesto en apuntar nada.

Esta vez lo hice, sin embargo. Si trato de hacer memoria, recuerdo vagamente que, cuando se me ocurrió la idea de una continuación de Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos, tenía poco más que el arranque y la época y lugar donde ambientarla. De hecho, a juzgar por la fecha del texto, aún no había escrito una sola línea de la novela. Supongo que estas notas fueron una forma de jugar con varias posibilidades y tratar de clarificar las cosas y, por algún motivo, en lugar de limitarme a darle vueltas en la cabeza, me puse a pensar con los dedos, por así decir.

Creo que las notas son interesantes porque, por un lado, trazan unos cuantos caminos argumentales que entonces me parecían prometedores pero que al final no seguí y, por el otro, pasan de largo sobre elementos que luego serían importantes en la novela final. Me ha parecido buena idea publicarlas aquí, como muestra de lo distinto que acaba resultando lo que piensas cuando te sientas a escribir una novela y lo que luego realmente acabas escribiendo. He añadido al texto original unos cuantos comentarios.

Julio 1938: Lord Phillimore, militante de organizaciones pro Nacionales. Presidente de “Friends of National Spain” y miembro destacado de “United Christian Front”, que se dedicaba a demostrar que Franco luchaba por el cristianismo contra el anticristo. Emisario oficioso de Londres en la “corte” Nacional, enviado por Chamberlain.

Muerte de Lovecraft, creo, en 1937. No más tarde, en todo caso. Su copia del Necronomicon (no lo olvidemos, la única completa) desaparece. Alguien la lleva a España.

En aquel momento, aún no se me había ocurrido la idea de que Holmes hablase con Lovecraft poco antes de su muerte. Ni tenía clara la estructuración final de las distintas copias del Necronomicon, a juzgar por lo que comento. Ni, mucho menos, el larguísimo flashback que acabaría siendo la segunda parte de la novela.

De hecho, tenía poco más que un nombre y un lugar: Lord Phillimore, personaje real que había estado en España durante la Guerra Civil y cuyo apellido lo entroncaba con el James Phillimore ficticio que Conan Doyle menciona en un relato de Sherlock Holmes y que yo había usado en Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos. Fue esa coincidencia de nombres (encontré a Lord Phillimore mientras leía una biografía de Franco) la que me hizo darle vueltas a la posibilidad de escribir una nueva novela holmesiana.

Lovecraft padre miembro de la francmasonería egipcia. Conectar eso con la obsesión de Franco con la masonería internacional. ¿Quiso ser masón y lo rechazaron?

El sucesor de Mycroft al frente de los servicios secretos, el nuevo “M”, saca a Holmes de su retiro (en 1938 tendría que tener cerca de noventa años, pero se mantiene excepcionalmente joven gracias a sus investigaciones eugenésicas con las abejas y su jalea real).

Investigar la historia del MI5 y el MI6. Ver si ya existían o fueron creados después de la II Guerra Mundial.

¿Posible aparición de Adamson?

Como se puede ver, mi idea era que el “M” que había sucedido a Mycroft Holmes como jefe de los servicios secretos británicos fuera un nuevo personaje. Algo que fue cambiando a medida que escribía la novela. El tema de la jalea real y su efecto como “especia geriátrica”, por así decir, ya estaba en el embrión de la historia. Al fin y al cabo, es uno de los temas recurrentes de muchos de los que han escrito pastiches holmesianos.

Es curiosa esa pregunta que me hago sobre Adamson. Cuando escribí este texto, aún no tenía clara la historia que estaba escribiendo, pero a medida que fue cobrando forma empecé a ver claro que la presencia de Adamson en Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos no terminaba de casar del todo con la trama más elaborada (y de ámbito más global) que estaba creando para la siguiente novela. De hecho, aquellos que la hayáis leído recordareís que Sherlock Holmes, cuando se pone a rememorar su primera “aventura lovecraftiana”, por llamarla de algún modo, pasa de puntillas sobre la presencia de Adamson.

En realidad, era yo quien pasaba de puntillas sobre eso y rogaba que los lectores no se preguntasen “¿y qué pasa con Adamson, cómo encaja en toda esta movida?”. Resolví (creo que con cierta coherencia) este dilema en la siguiente novela, Sherlock Holmes y la boca del infierno, y confieso que, entre los varios motivos que me llevaron a escribirla, estaba el de solucionar el problema de Adamson.

La obsesión de Franco por la masonería y su posible origen, por otro lado, no pasó de un comentario de pasada en la versión definitiva. Era una trama que me pareció prometedora en su momento, pero que luego no terminó de encajar en la historia.

Lord Phillimore usa su traslado a España como excusa para conseguir el Necronomicon: tiene la espinita clavada desde que su antepasado desapareció cuando era el Conservador de Amanecer Dorado y el libro estaba a su cargo. El servicio secreto británico se aprovecha de eso y de sus simpatías franquistas para que Chamberlain lo envíe como embajador oficioso y Holmes sea enviado con él ¿disfrazado tal vez de ayuda de cámara? y consiga a su vez el libro.

La idea de que Pillimore fuera un personaje relevante en el libro, se desvaneció enseguida, a medida que los primeros capìtulos fueron orientando la historia hacia otro lado. Al final, lo único que sobrevivió fue su presencia como inicio de la acción. Al fin y al cabo fue la coincidencia de que existiera un Phillimore real y el juego de tratar de relacionarlo con el Phillimore ficticio que aparece en el relato de Conan Doyle, lo que me llevó a pensar en una continuación de mi primera novela holmesiana. Eso sí, conservo la aparición de Holmes como su mayordomo.

¿Por qué los que robaron el libro a Lovecraft en su lecho de muerte lo envían a España, país en medio de una guerra? Investigar la posibilidad de que los orígenes del Alzamiento Nacional estén relacionados con el ocultismo. La guerra es necesaria: hay algo en el libro que requiere su invocación en medio de una guerra y mejor si es una guerra atroz como una civil. Además, España era el lugar perfecto, pues bastaba con dar un ligerísimo empujón a una situación ya de por sí propicia. El Alzamiento fue orquestado por fuerzas en la oscuridad (lo que, paradójicamente, daría la razón a Franco sobre el “contubernio judeo-masónico”) que necesitaban el escenario adecuado para la invocación, mientras otra parte se hace con el libro en Estados Unidos.

Esta idea sobre el “origen secreto” de la guerra civil española se mantuvo casi sin cambios. Fue haciéndose un poco más compleja a medida que la trama se iba clarificando e iba añadiendo elementos a ella, pero en esencia es lo que he descrito en el párrafo precedente.

¿El narrador? No puede ser Watson: demasiado viejo por esa época, incluso probablemente fallecido: si tiene ochenta años en 1931, difícilmente está en forma en 1938 para el trabajo de campo. Tiene que ser alguien conozca a Holmes de antiguo: de hecho, lo reconoce cuando lo ve en compañía de lord Phillimore. ¿Un antiguo irregular? No, no me convence. En cualquier caso, está en España como corresponsal para algún periódico británico: tipo joven. De simpatías republicanas, probablemente, pero cubre la guerra desde el bando nacional. ¿De qué conoce a Holmes? ¿El nieto o sobrino nieto de la señora Hudson?… Quizá. Buena idea.

Como se ve, no tenía muy claro quién iba a contar la historia. Y, de hecho, fui descubriéndolo a medida que escribía (“pensaba con los dedos”, como he dicho antes) e iba descartando las distintas posibilidades. E incluso, una vez que hube decidido que William Hudson sería el narrador, aún quedaron unos cuantos detalles de su origen que se fueron resolviendo mientras la novela avanzaba.

Ya está: Kim Philbi lo ha enviado o tiene conexiones con él. Joven oxfordiano que trabaja para el servicio secreto británico pero que en realidad es un agente soviético, como Philby. Claro que, si es agente británico, no debería sorprenderse de ver a Holmes. O sí, si la misión de Holmes es tan secreta que sólo “M” (¿y quién podría ser ese “M”? Hay que pensarlo) la conoce. Y a todo esto, ¿para qué quiere “M” el Necronomicon?

Es curioso. No recordaba esa idea de meter al topo más famoso del espionaje británico en la historia. Pero quizá quedó flotando por ahí, pues Philbi es mencionado (aunque no tiene demasiada relevancia para la historia) en Sherlock Holmes y el heredero de Nadie.

Investigar personajes de la época famosos que estuvieran entonces en España. Hemingway demasiado obvio, además es posible que por aquel entonces no estuviera aquí o estuviera en la zona republicana. “Cameo” de un joven e idealista arqueólogo llamado Henry Jones. Y, por supuesto, de un no menos joven e idealista llamado Rick Blaine (no olvidemos que en Casablanca se dice que llevó armas para la república española durante la guerra civil). El primo del Barón Rojo estuvo en la Legión Cóndor, pero no sé si ya se había largado por aquel entonces.

Aquí estaba buscando posibles “cameos” de personajes de la época, tanto reales como ficticios. Es curioso que, de todos los que menciono aquí, el único que acabé usando fue el de Rick Blaine. Y además, lejos de ser un simple “cameo”, acabó convirtiéndose en un personaje importante.

Posibilidad de que la trama les haga moverse hacia Asturias, concretamente hasta Gijón. Ya veremos.

Y así fue, la trama acabó haciendo que mis personajes se pasaran por Gijón. Cuando escribí estas palabras estoy seguro de que aún no sabía cómo hacerlos moverse hasta aquí ni, mucho menos, qué los impulsaría a hacerlo. Lo fui descubriendo sobre la marcha, a medida que la historia crecía y lo que ya llevaba contado me iba sugiriendo posibles alternativas para lo que quedaba por contar.

Lo que acabo de describir es algo que me pasa con casi todas mis novelas. De las ideas que tengo cuando me siento a escribir, no todas sobreviven a lo largo del proceso e incluso éstas acaban cambiando de un modo u otro. La diferencia en este caso es que normalmente todo eso tiene lugar en mi cabeza y en Sherlock Holmes y las huellas del poeta parte de ello pasó al papel.

Espero que os haya parecido un poco interesante, al menos.

5 comentarios

  1. Muy bueno el post, pero me he quedado con ganas de más. ¿Hay alguna posibilidad de que se publique un post similar sobre “La Boca del Infierno” o “El heredero de Nadie”; si no en el blog, sí en esta última cuando salga a la venta, a modo de making of de la saga?

    Un saludo.

  2. Ten en cuenta que esto ha sido fruto de una casualidad: normalmente, como digo al principio del post, no suelo tomar notas de las ideas iniciales. Y, a menudo, cuando éstas van cambiando y tomando la forma final, van eliminando su propio rastro en mi memoria, por así decir. Así que sería difícil.

    Aunque puedo decir… que en hay una especie de “making of” camuflado, por llamarlo de algún modo en “El heredero de Nadie”.

    Pero hasta aquí puedo leer, como decía el otro.

  3. Tu serie de Holmes, Rudy, me recuerda mucho a “the adventures of the peerless peer”, de Philip Jose Farmer. Me alegro mucho de que haya alguien en España que escriba este tipo de fantasía. Te tengo que mandar un proyecto que empecé hace tiempo en el que los villanos de las novelas de Verne, como el genial “amo del mundo”, se convertían en la única esperanza de la humanidad contra una invasión marciana, para que me digas qué te parece.

  4. Muy interesante. Siempre me ha fascinado el proceso de creación de una narración. Felicidades por esta pequenya autopsia. Al final tendré que leerme la novela ;)

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