¿Mordazas de papel mojado?
Miércoles, Febrero 13th, 2008 Pertenece a A mi alrededor, El gobierno de la polis | 6 comentarios »Tras los comentarios dejados por Pascua y unos días de reflexión, veo que me apresuré a dar por bueno lo que decía una parte sin molestarme en contrastar los datos y ver otras versiones del asunto.Así que la supuesta prohibición del anuncio que menciono al principio del post es, como poco, matizable. Pese a eso, creo que las reflexiones que despierta el hecho siguen siendo válidas, aunque haya dejado de serlo, o esté en entredicho, el hecho en sí. Así que me limito a dejar este aviso al inicio del post, en lugar de cambiar el arranque del mismo. Sí, soy un vago, sin duda.
27 de febrero de 2008
El otro día, a través de un link que me pasó una amiga, me enteré de que un anuncio de Amnistia Internacional había sido prohibido por el gobierno español, quien ha impedido que se emita por las distintas cadenas de televisión. Me enteré también de los motivos (a cual más peregrino) que aduce el gobierno para prohibir el anuncio y, de paso, también descubrí que en este país la publicidad política es ilegal, salvo aquella realizada por los partidos políticos en campaña.
Supongo que casi todo el mundo sabe ya esto, dado que tiendo a enterarme de las cosas bastante tarde.
El asunto me llevó a pensar sobre unas cuantas cosas. Y, más allá de las reacciones habituales que uno podría tener ante algo así, lo que acabó quedando en mi cabeza fue la idea de que los gobiernos y poderes fácticos deben tenerlo a internet un miedo horrible, verdadero terror, en realidad.
Hace quince años, si se hubiera producido algo así (que seguro que se produjo, y unas cuantas veces y en un buen montón de lugares) ni me habría enterado. Como mucho, habría sabido de la prohibición de un cierto vídeo y poco más. Ahora, no sólo puedo ver el vídeo, en contra de las pretensiones de quien lo prohibió, sino que puedo hacer que otros lo vean.
Y las consecuencias de algo así, a poco que lo pensemos, son acojonantes. Tenemos en nuestras manos un medio para hacer que censuras, prohibiciones, secuestros de publicaciones, intentos de acallar afirmaciones incómodas para el poder (no necesariamente ciertas; al fin y al cabo, al poder no le importa la veracidad o falsedad de algo, sólo el daño que ése algo puede hacerle o lo incómodo que le resulte que se sepa), todo eso, en suma, acabe convertido en papel mojado en menos tiempo del que se tarda en subir ese video y difundirlo, escanerar esa revista y subirla a la red, publicar en un blog esa noticia que no quieren que sepamos…
Cierto que no todo el monte es orégano. Por una parte, la universalidad de internet es aún más un buen deseo que una realidad. Por otra, incluso en los lugares a los que llega, no siempre llega sin distorsiones (recordemos el caso chino, aunque tengo mis dudas de que el filtrado al que el gobierno chino somete los contenidos de internet sea realmente efectivo). Y por otra, a menudo hay tanto ruido que ahoga la información realmente relevante.
Pero con todos sus defectos, la herramienta está ahí, su potencial es enorme y sospecho que cada vez que un gobierno se da cuenta de que existe un método de comunicación prácticamente instantaneo y sin control alguno por su parte tiene que, literalmente, cagarse patas abajo de puro miedo. El poder tiene que sentir un terror casi primigenio ante la existencia de internet y estoy seguro de que, si pudiera, se lo cargaría.
La tecnología no es, desde luego, la panacea que lo resolverá todo. Como todo lo que hemos creado desde que bajamos de los árboles, tiene más de un lado. Seguro que el mono que usó una quijada para procurarse comida y no morir de inanición, no tardó en usar esa misma quijada para romperle la crisma a un congénere; de hecho, es posible que ambas acciones fueran en realidad la misma.
Y quizá el peligro que tienen algunas de estas tecnologías sea, curiosamente, la trivialización que se hace de su importancia (sí, seguro que todos recordamos aquel vídeo de “internet is for porn”). No es que lo trivial, el puro entretenimiento, esté mal, al contrario. En realidad, sospecho que lo trivial no tiene en el fondo nada de trivial, sino que posiblemente sea indispensable para mantener nuestra cordura, nuestra estabilidad mental. Al fin y al cabo, dedicamos una buena parte de nuestra actividad diaria a producir y a consumir entretenimiento (llamadlo arte, si queréis, por mí…) y será por algo.
Pero estoy divagando, me temo.
Internet puede tener, para la mayoría de los usuarios domésticos (no para las empresas, para las que cada vez más es una herramienta de trabajo indispensable), un uso de puro desahogo o entretenimiento. Y, a partir de ahí, quizá resulte fácil vendernos la moto de que es algo trivial y que carece de importancia.
Y no lo es.
Deberíamos recordarlo más a menudo. Quizá su potencial esté infrautilizado, tal vez no llegue a todos los sitios que debería llegar ni del modo en que debería llegar (sin distorsiones ni impedimentos) quizá esté lleno de demasiado ruido e irrelevancias… pero pese a todo, es la más poderosa herramienta de comunicación que ha creado el hombre y permite, con un sólo click, convertir en papel mojado los intentos de los gobiernos de censurar, amordazar o impedir que generemos información o accedamos a ella. Y no deberíamos olvidarlo.
Estoy seguro de que el poder no lo hace.
