Más vale tarde que nunca

Fue culpa mía, lo confieso. Hace unos años, mi amigo José Luis Rendueles me dejó un libro del que contaba maravillas y yo, varios meses después, se lo devolví sin haberlo leído. Lo cierto es que la portada me echaba para atrás: me sonaba a best-seller barato y, en aquella época, no estaba de humor para algo así. No recuerdo el texto de la contraportada, pero sí que echarle un vistazo no contribuyó precisamente a animarme con la lectura.

El libro era Meridiano de sangre, de Cormac McCarthy.

Sí, para matarme, estoy de acuerdo. Para golpearme con él en la cabeza una y otra vez por cenutrio, sin la menor duda.

Pero qué le vamos a hacer. A veces las circunstancias se confabulan de esa manera y pasa lo que pasa. En lugar de descubrir la obra de McCarthy hace unos años, he tenido que hacerlo ahora, cuando las circunstancias se han confabulado del modo opuesto y los comentarios que he ido leyendo acerca de La carretera, por un lado, y el interés que ha despertado la adaptación cinematográfica de No es país para viejos que han hecho los Coen, por el otro, me han llevado, por fin, a leer algo de este hombre.

Ha sido como un puñetazo. Como una patada directa al hígado.

La novela ha sido No es país para viejos (estaba accesible y barata) y me la he leído en casi nada. Son poco más de doscientas treinta páginas, y he pasado buena parte de ellas asombrándome no sólo de la dureza de lo que se cuenta, sino del modo totalmente despiadado en que se hace. Se me ha hecho cortísimo y durísimo al mismo tiempo. Y sospecho que la adaptación cinematográfica no me decepcionará: la novela parece haber sido escrita ex profeso para que los Coen la lleven al cine, en la línea de su Sangre fácil, o de Fargo.

Y, al acabarla, he querido más, claro.

Estoy ahora precisamente con ese Meridiano de sangre que debí haber leído hace unos años. No llevo más de cien páginas, pero de momento es como si estuviera visitando una versión sin censurar de Grupo salvaje, de Peckimpah. O, para ser más exactos, como si Grupo salvaje fuera la versión para niños de Meridiano de sangre. Y, sospecho que, a medida que vaya leyendo más, las cosas irán a peor. O sea, a mejor.

Como he dicho, McCarthy es despiadado en su uso del lenguaje. Escueto, lacónico y tan afilado que una sola frase suya vale por párrafos enteros de otros autores. Y hasta por páginas, si me apuráis. Su disección de los personajes no sólo es brillante y llega hasta el fondo, sino que tiene la rarísima virtud de no juzgarlos jamás y limitarse a mostrarlos ante nosotros. Su modo de narrar tiene algo profundamente inquietante, por otra parte, tanto que me ha hecho sentir incómodo más de una vez.

Podría decir mucho más, pero no creo que haga falta. Además, tampoco es plan ahora de ponerme a descubrir que el mundo es redondo, después de todo este tiempo. Pero supongo que, por tarde que haya llegado, no puedo evitar compartir mi entusiasmo por lo que he leído de este hombre.

Y por todo lo que leeré, me imagino. Porque en cuanto termine Meridiano de sangre, le va a seguir La carretera, casi fijo. Y después… ya veremos.

POSTDATA: Unos días después de haber escrito esto fui a ver No es país para viejos, la película de los Coen. Y, tal como suponía, la película no me decepcionó lo más mínimo. No sólo está en el mejor estilo de los hermanos Coen, sino que es una adaptación fidelísima de la novela, tanto en la pura anécdota como, sobre todo, en el modo de narrar. El estilo visual de la película, lacónico, casi desnudo, le va a la historia de McCarthy a la perfección.

12 comentarios

  1. También está muy bien la trilogía de la frontera, de la primera novela se hizo una adaptación malísima con Matt Damon y Penelope cruz, era, Unos caballlos muy lindos.La segunda, En la frontera, está muy bien y la última Ciudades en la llanura, flojea algo respecto a las anteirores.La Carretera se sale, no te la pierdas, y en No es pais para viejos , en parte me decepcionó, porque parece que a mitad de la novela se prescinde del hilo argumental clásico, digamos,y la palma todo el mundo menos el malo, he de reconocerlo que para eso soy demasiado purista, me hubiese gustado que el que encuentra el dinero consiguiera huir, ingenuo que es uno…El mejor sin duda el sheriff.

  2. Pues confieso que una de las cosas que me gusta de No es país para viejos es, precisamente, el modo en que frustra el hilo argumental clásico.

    Y le echaré un ojo a la trilogía de la frontera, ya que me lo recomiendas. Aunque, primero, me pondré con La carretera.

  3. Si ya te digo que soy muy cuadriculado, por cierto , ¿Para cuando saldrá “El heredero de Nadie”?
    Confieso,además, que estoy leyendo
    “Jormungand, Tierra de Nadie” y me está encantando, me quito el sombrero, Rudy.
    Y me aplico el cuento, más vale trade que nunca o más vale tarde si la dicha es buena. Saludos :)

  4. Aún no tiene fecha fija, aunque la idea es que esté listo antes del verano, para presentarlo en la Semana Negra, que es lo que solemos hacer.

    Y me alegro de que la espera con Jormungand haya merecido la pena.

  5. “La carretera” es… impactante, como mínimo. Sin haber leído nada más de este hombre, me sorprendió la absoluta dureza de la novela y la frialdad descarnada del narrador, y me sorprendió incluso teniendo en cuenta la temática de la novela.

    En prácticamente todas las historias del fin del mundo que he visto-leído (y son unas cuantas, el tema me apasiona… creo que soy un supervivencialista frustrado); en todas, digo, hay algún atisbo de esperanza, aunque sea lejano. No en “La carretera”. Duro, brutal y sin compromiso alguno. Me encantó.

  6. Qué casualidad. Yo me acabé No es país para Viejos hace como cuatro días, e inmediatamente colgué mi asombro en el blogg. Ahora vengo de ver la peli: me ha encantado; no tanto como el libro, pero es una gran adaptación repleta de enormes actuaciones.

  7. Añado que aunque el Chigurh de Bardem es impresionante, no es el que yo imaginé mientras leía el libro de McCarthy. El de la peli tiene un punto de lunático descontrolado de tanto en tanto, mientras que el del libro es un témpano de hielo, siempre. Además, por motivos de metraje (supongo) capan parte del diálogo entre Chigurh y Wells en la habitación del segundo, y la parte capada es fundamental para que uno entienda por qué Chigurh cree que debe hacer lo que hace.

  8. Yo también he echado a faltar el diálogo que mencionas. Recuerdo que mientras veía la película me fastidió que el encuentro entre Chigurh y Wells estuviera mutilado de ese modo. Sin embargo, más que por temas de metraje (tampoco hubiera alargado la película demasiado) quizá los Coen decidieran eliminar buena parte de la escena para dejar de forma deliberada más indefinido al personaje. No sé, es una idea que se me ocurre.

    También echo a faltar los monólogos del sheriff Wells, de los que sólo se mantienen el inicial y el final. Pero comprendo que ahí sí que habría sido difícil meterlos sin hacer la película interminable.

    Lo que me sorprendió de la adaptación por otra parte, no fue la fidelidad al texto original, sino el modo casi modélico en que el estilo de la película transmite y refleja el estilo de la novela. Me pareció apabullante.

  9. Lo que comentas de La carretera, Grendel, ahonda más en lo que he oído decir a unas cuantas personas sobre el libro, curiosamente todas de gustos bastante diversos.

    Lo que hace que me apetezca aún más leerla, claro.

  10. Han recurrido al truco de poner en boca de varios personajes, aparte del propio sheriff Ed Tom, los momentos fundamentales de los monólogos, lo que no está mal cuando se hace bien, como es el caso, y queda esperpéntico si se hace como siempre XD.
    Quizá sea por lo que dices, con la idea de hacer parecer a Chigurh un ser casi sobrenatural, un “fantasma”, como dice en la peli Ed Tom, en lugar del “demonio” sin alma con quien piensa que se está enfrentando en realidad desde el principio de la novela. Es curioso que Chigurh, quien de alguna manera personifica todo cuanto Ed Tom no comprende del mundo actual en que le toca vivir, sea siempre tan cortés, metódico, paciente, tranquilo; es como él, sólo que peor.
    Por cierto, te recomiendo que la releas, o que al menos releas todo el primer monólogo: una vez conocida la historia, esa introducción toma un carácter diferente.

  11. Sí, lo que comentáis de “La Carretera” es una constante en el autor. Forma parte de lo que dice Rudy acerca del estilo de la novela, de su parquedad en diálogos, ausencia de música, esos grandes silencios, personajes definidos a la perfección con sólo dos trazos… McCarthy hace con naturalidad lo que a mi me parece algo casi imposible de conseguir: que lo que se sucede en sus novelas, sea lo que sea, no tenga ecos de “artificio”. Todo resulta tan descarnado y desesperanzado porque el conjunto está empapado de naturalidad, de “realidad”, hasta lo más inverosímil. Y como McCarthy piensa que no hay esperanza en la vida porque ni debe haberla ni debe dejar de haberla, pues sus novelas resultan así de aterradoras: las cosas pasan, sencillamente. Y las que son dignas de contarse suelen tener finales muy poco redondos.

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