¿Es la guerra?

No sé si lo he dicho alguna vez en público, pero si no es así, ahora es un momento tan bueno como otro cualquiera para comentarlo. Me encanta La fraternidad de Babel, el blog de César Mallorquí. César no sólo tiene ideas interesantes, sino que sabe exponerlas de un modo siempre atrayente y, sobre todo, sabe reflexionar muy bien sobre ellas.

Reconozco que parte de mi querencia por su blog viene de la pura afinidad: a menudo me encuentro reflejado en muchas de las ideas y reflexiones que se vierten en él.

Y en el último post que he leído, plantea un tema que lleva un tiempo dando vueltas en mi cabeza, más o menos desde que la Iglesia española empezó a adoptar una postura combativa, agresiva y, en ocasiones, ferozmente enfrentada a buena parte de las iniciativas sociales del gobierno.

Hace años, leyendo un análisis de la obra de Tolkien recuerdo que el autor comentaba que, en El señor de los anillos, el bien era pasivo (y fundamentalmente reactivo) y el mal era activo y a menudo era quien tomaba la iniciativa, mientras los buenos estaban a verlas venir.

Y esa idea ha venido a mi memoria tras leer el post de César. Mientras el mal se organiza y se lanza a las calles para defender sus intereses (sí, para mí quienes salen a la calle, no a defender su modo de vida sino a intentar cargarse el de los demás -que es lo que pretenden esas manifestaciones “a favor de la familia”, digan lo que digan- representan el mal, por muy buenos padres, maridos, hermanos y amigos que sean en su entorno social) ¿qué está haciendo mientras tanto el otro bando?

Pues poco, o nada, quizá. Y tal vez sea porque no hay ningún “otro bando”. O al menos no lo hay de una forma articulada y organizada. Porque las personas partidarias de una sociedad totalmente laica, donde Iglesia y Estado estén radicalmente separados, las personas que piensan que la religión debería ser un asunto circunscrito al ámbito de lo estrictamente privado, las personas que opinan que cualquier forma de familia que dos o más personas adultas elijan es tan familia como la tradicional, las personas que creen que darles derechos a unos no implica quitárselos a otros… todas esas personas a las que podríamos denominar “laicistas” tienden a ser más bien individualistas, no se organizan en una estructura grupal ni crean colectivos jerarquizados. Una de las cosas que suele tener (y recalco el “suele”) el ser ateo, agnóstico o incluso un creyente que se limita a vivir su fe sin inmiscuirse en la de los demás, es que no están imbuidos del ánimo evangelizador, proselistista, que los llevaría a intentar que el resto del mundo comparta su forma de ver las cosas.

Y eso es bueno. O, dicho de otro modo: de acuerdo a mi sistema moral, es una cualidad positiva.

Pero también es malo, en un aspecto puramente práctico. Y en una situación como la actual, donde la jerarquía eclesiástica se lanza a las calles para demostrar lo que es de verdad (una organización más preocupada por su propia supervivencia y por mantener sus áreas de influencia que por vivir realmente de acuerdo al código ético y moral que dicen representar) todos estos “laicistas” no reaccionan.

O debería decir quizá que no reaccionamos. Dejamos que el enemigo (porque cualquiera que intente el menor paso hacia una sociedad teocrática -y eso es lo que intenta la Iglesia, nos lo vendan como nos lo vendan, desde el momento en que intentan asimilar los conceptos de pecado y delito como si fueran uno solo- es mi enemigo) dé los primeros pasos, se organice, haga ruido y centre en sus actos la mirada de los medios de comunicación.

El problema, como apuntan buena parte de los comentarios en el post de César que mencionaba al principio, es que crear una organización que intente neutralizar con su información el ruido qué está produciendo la otra parte, es difícil. Quizá incluso imposible.

Y no estoy hablando de una liga de ateos, ni siquiera de una plataforma de ateos y agnósticos. He usado el término “laicista” (que no sé si existe, la verdad) un par de veces y lo vuelvo a usar ahora. Se trataría de un grupo que aglutinase a todas aquellas personas que, independientemente de su religión o carencia de ella, estuvieran dispuestos a luchar por una sociedad laica, con todo lo que eso implica. Y estoy seguro de que no sólo ateos y agnósticos estarían por la labor, sino muchos creyentes.

No sé muy bien qué aspecto, qué organización, qué tipo de estructura podría o debería tener un grupo así. Y, como he dicho, no estoy muy seguro de que fuese posible o incluso de que resultase práctico. Pero cuanto más pasa el tiempo, más necesario lo encuentro.

Nunca he sido proselitista con mi ateísmo. En parte por buena educación (siempre me ha parecido de una grosería imperdonable que alguien te insista en soltarte su rollo después de que le hayas dicho veinte veces que no estás interesado en el asunto), en parte porque lo encontraba estúpido y en parte porque nunca he comprendido la necesidad de evangelizar a los demás. Pero a lo mejor está llegando la hora de usar las estrategias del enemigo y empezar a dar caña por todas partes donde sea posible. No sé muy bien cómo ni de qué manera.

Quizá me estoy preocupando por nada. A lo mejor todo esto que ha causado mi alarma no es más que la pataleta final de una organización cada vez más débil que ve cómo el poder e influencia que tenía se le van de las manos. A lo mejor, si nos limitamos a quedarnos cruzados de brazos y esperar un poco, las cosas sucederán por sí mismas.

Pero a lo mejor no. Y confieso que eso me preocupa bastante.

POSTDATA: Entre el momento en que escribí esta entrada y el de su publicación en Escrito en el agua, César ha actualizado su blog con un post titulado Francotiradores, que incide sobre algunos aspectos del mismo tema y que, ciertamente, no tiene desperdicio.

16 comentarios

  1. “Pero a lo mejor está llegando la hora de usar las estrategias del enemigo”

    Hum, esto lo dice uno que una vez cerró su blog (en los tiempos en que la palabra “blog” no existía) por el horror que le producía llegar a verse a sí mismo “pontificando” desde allí.

    Por alguna razón, siempre se tiende a pensar que los personajes públicos son monolíticos e inmutables.

  2. Si te refieres al primer Escrito en el agua, no se puede decir que lo cerrara, me limité a dejarlo languidecer por pura desidia. Si bien es cierto que manifesté en público mi preocupación por la posibilidad de que estuviera pontificando desde allí.

    Y quizá tengas razón y en este post estoy cayendo precisamente en ese vicio. Ciertamente, mi tono en él puede ir por esa línea. De ser así, he hecho algo que deploro.

    Lo que no quiere decir que no mantenga todas y cada una de las ideas que expreso en el post. Especialmente la necesidad de reaccionar contra algo que me parece preocupante.

  3. Es curioso, en los últimos años en numerosos foros, ambientes y circunstancias me siento perseguido, agraviado, agredido, ninguneado y ridiculizado por mi condición de católico. Sinceramente me ha sorprendido observar que la actitud de algunos católicos, equivocada o no, que todo hay que verlo en detalle, genere el germen de un asociacionismo laicista y, así me lo parece, aún más intolerancia de la que actualmente existe respecto del catolicismo.

    No pretendo nada más que expresar ese asombro. Por otra parte, coincido casi en todo con lo que expresa el comentarista Ged en el primer post al que haces referencia, Rudy, pero prefiero hacer este comentario en este foro porque siempre he encontrado, desde la diferencia, más de esa tolerancia que antes decía echar en falta. Y no me apetece ahora estar al quite que voy a salir en minutos ;)

  4. Que quede claro, Eduardo, que no tengo nada contra los creyentes en general ni contra los católicos en particular. No comparto su fe, evidentemente, igual que, también evidentemente, considero que cada cual tiene derecho a tener las creencias que considere correctas y que nadie tiene derecho a inmiscuirse en ellas ni, mucho menos ridiculizarle por ellas. Siempre y cuando, creo que también es evidente, esas creencias no conlleven su imposición a los demás, o la marginación de una parte de la población por no compartirlas o por ser simplemente distintos.

    Y añado además, que estoy seguro de que la gran mayoría de católicos de este país son gente razonable y tranquila que no anda por ahí inmiscuyéndose en el modo de vida de los demás.

    Dicho lo cual, la actitud de la jerarquía eclesiástica española ante cosas como el matrimonio homosexual me molesta profundamente. Sobre todo afirmar que lo que pretenden es defender “la familia tradicional” como si ésta estuviera sufriendo algún tipo de ataque. Como si, de algún modo, que la ley permita que existan otro tipo de familias supusiera algún tipo de ataque contra esa “familia tradicional”, como si darles derechos a otros implicara quitárselos a alguien.

    Y más aún que la postura de la jerarquía me molesta la de los católicos seglares que salen a defender su estilo de vida como si alguien estuviera yendo contra él por el simple hecho de que reconoce legalmente otros estilos de vida y le da los mismos derechos. Eso, lo siento, no me parece una actitud ni sana ni correcta.

    En cuanto al laicismo, bueno, me parece de cajón que deberíamos vivir en una sociedad laica. Lo que no implica en ningún momento una sociedad que ponga trabas a la religión, que persiga a la religión o la margine de ningún modo, sino que simplemente, separe de un modo efectivo iglesia de estado (cualquier iglesia, evidentemente) y circunscriba el hecho religioso al ámbito que creo que debe estar circunscrito: el privado.

    Eso, yo al menos no lo veo como un ataque a la religión. Puede ser un ataque a la iglesia en tanto que organización, si lo quieres ver así, si es que eliminar ciertos privilegios se puede interpretar como un ataque. Pero me parece, simplemente, poner las cosas en el sitio que deberían estar.

    Si te has sentido atacado por el tono de mi post (quizá excesivamente vehemente, no lo niego, pero confieso que la actitud de la jerarquía eclesiástica me enerva bastante, y la de aquellos seglares que le hacen el juego, más aún) lo lamento.

  5. No me incomoda tu post, Rudy, ya que tu actitud siempre me parece racional, respetuosa y comprensible. Y lo valoro y agradezco. Me refería a la actitud mayoritaria antirreligiosa y anti-católica en España, mi país, donde vivo y pago mis impuestos lo que supuestamente me concede algunos derechos entre los cuales están la libertad religiosa y el derecho al honor.

    Concretaré entonces, que me siento:

    * perseguido, agredido y ninguneado, porque manifestar mi opción religiosa genera indefectiblemente una catarata de descalificaciones, normalmente irrazonables, desinformadas e incoherentes.

    * agraviado y ninguneado, porque la legislación de mi país toma demasiadas veces más en consideración a minorías respetables muy por delante de grandes mayorías de ciudadanos como somos los católicos

    * y ridiculizado, porque una cosa es la crítica, otra el humor ligero o ácido, y otra es la continua chanza ridiculizadora de mi opción religiosa, restándole implícitamente respetabilidad tanto a la opción como a los que la elegimos, cuando curiosa e incoherentemente no suele hacerse lo mismo con otras opciones religiosas, por peregrinas que sean, sin que personalmente desee eso tampoco

    Respecto de los ejemplos que pones del matrimonio homosexual, he de decirte que aunque se pueden comprender muchos de los razonamientos de la postura oficial (remarco lo de oficial) de la Iglesia al respecto, personalmente debo decir que no me parece una agresión a la familia tradicional -si bien eso sólo el tiempo lo dirá- y por tanto no comparto dicha postura oficial, que por otro lado conviene saber que no es dogma de fe para los católicos. Lo que sí me parece una pérdida de tiempo es la equiparación de la nomenclatura. Quiero decir que las dos posturas tienen a mi modo de ver un inicio absurdo: una intenta que las familias/parejas homosexuales se denominen matrimonios y la otra no le parece bien esa denominación aunque acepta y entiende el hecho de aquellas parejas. Es obvia y deseable una igualdad (no equiparación, igualdad) en derechos y obligaciones, que ya se ha conseguido afortunadamente, pero intentar que se llamen de la misma manera (también conseguido) me parece una intención naif ya que es en mi opinión el origen de la controversia. Una de las dos partes debería haber cedido. En mi opinión, la católica podría simplemente haber cedido y no sacramentar dichas uniones, como actualmente hace. Listo. Pero eso no quita que por defecto o como reacción a la postura oficial, sienta que la familia tradicional, especialmente la católica, se vea agredida, etc. cada vez más.

    En esa línea, y a modo de ejemplo, diré que la postura oficial respecto de los métodos contraceptivos, anticonceptivos, y en definitiva, respecto del uso del condón, me parece anticuada, difusa, poco valiente, y completamente discutible cuando no dañina. Pero eso no quita para que me siga viendo agredido.

    Molesta que la Iglesia diga oficialmente que propone el voto para una opción ideológica pero es porque tiene una gran influencia, pero no molesta que cualquier mindundi reclame el voto para la misma u otra opción siempre que sean 4 gatos o nos acojone el potencial peligro terrorista. A ver ¿por qué no puede decir la Iglesia que recomienda a sus fieles, a su grey, que voten al último payaso que quiera ser político? Aún así, no me parece oportuno el momento y algunas de las intenciones que parecen subyacer en la última declaración de la CEE, sin embargo, pocos han leído el texto, que es casi inocuo y además no dice nada que no se dijera ya hace 2 años. Aún así, disparos por todas partes. Con todo, prefiero una declaración sobre lo mismo que ha hecho la asamblea de obispos del sur (vivo en Córdoba) y que comparto 100% ya que en resumen sólo insta a la responsabilidad como cristianos en el ejercicio del voto.

    También estoy a favor del laicismo en las instituciones del Estado, pero no de la búsqueda y defensa del laicismo social porque eso es conculcar mi derecho a ejercer mi religión.

    En fin, hay muchos ejemplos con los que podríamos charlar pero lo que quiero es expresar que en la Iglesia hay muchas, muchísimas sensibilidades y que no todas son coincidentes, pero en general la crítica, agresión y ninguneo se producen indiscriminadamente, muchas veces injustificada e incoherentemente y lo que es más lamentable: sin tener ni puta idea en la mayoría de las ocasiones.

    Resumen refinitivo: si yo como católico me siento amenazado y te lo argumento, y tú como no creyente te sientes amenazado y me lo argumentas, y nos consideramos personas razonables y razonadoras, alguien/algunos nos están jodiendo a base de bien. Vamos a juntarnos pa darles la del pulpo, no?

    Puf, chorizaco que me ha salío… en fin, ahí va

  6. Muchas veces Rudy y yo hemos hablado de la admiración que sentimos hacia los jesuitas. Así que la cosa tampoco es tan en blanco y negro. Pero nuestra sociedad debe de avanzar en un camino que no esté delimitado por las opiniones religiosas. La Tierra no es el centro del universo, en realidad se mueve alrededor del Sol. El hombre no fue creado e barro y la mujer de una costilla, y la Naturaleza no fue hecha para sus uso y disfrute; en realidad ahora sabemos que los humanos evolucionamos a partir de otras especies y que forma parte de la Naturaleza. Un embrión de unos pocos días es sólo un motón de células sin cerebro. Un preservativo evita el SIDA e impide embarazos no deseados, no coarta la voluntad de un Dios creador, empeñado en que crezcamos y nos multipliquemos sin límite.
    La religión ya tuvo su oportunidad histórica, pero ahora vivimos en un mundo delimitado por los conocimientos científicos. La fe es una experiencia personal, y por lo tanto no debe interferir con las decisiones o los deseos de la gente que no comparte esa experiencia.

  7. La “equiparación de nomenclatura”, tal como dices, Eduardo, no sólo me parece una cuestión de sentido común (si son la misma figura legal a todos los efectos, es de cajón que deben llamarse igual) sino que no me parece una cuestión tan nimia como han querido vendernos algunos políticos.

    Hablo ya de fuera de la religión o de la actitud de la conferencia episcopal y demás. Hablo de temas como tratar de vendernos que el que se llame matrimonio o no entre dos personas del mismo sexo es una fruslería sin importancia y que pueden conservar los mismos derechos que el matrimonio llamándose de otra forma.

    No puedo estar más en desacuerdo. Las palabras son importantes. (De hecho, si no lo fueran, si fuese una cuestión baladí no se habría armado tanta alharaca sobre si debe llamársele matrimonio o no). Y lo son por la asociación de ideas que despiertan en nuestra mente. Y afirmar que esas uniones no son matrimonios, por mucho que tengan los mismos derechos que un matrimonio, es, de facto, convertirlas en uniones de segunda categoría en el plano “psicológico”, por decirlo de algún modo.

    Por no mencionar que, si son la misma figura en todos los aspectos, incluido el nombre, cada vez que se legisle respecto al “matrimonio clásico” se está legislando sobre cualquier tipo de matrimonio y viceversa. Es decir no necesitas decir el matrimonio tiene estos derechos y la unión-X (o como decidieran llamarla) también. Y, al mismo tiempo, separarlos en dos figuras legales distintas implica que es más sencillo recortarle derechos a una de ellas u otorgarle priviligios sólo a una. Siendo la misma figura legal, lo que vale para uno, vale para todos. Cosa que me parece de cajón.

    Y, por otro lado, la cuestión “etimológica”, que se planteó en su momento como oposición a llamar matrimonio a la unión de dos personas del mismo sexo, no sólo me parece una auténtica chorrada, sino una muestra de cobardía por parte de los políticos que la defendían.

    Cierto que el significado estricto de la palabra matrimonio implica que los contrayentes son de distinto sexo. Pero una de las cosas básicas del lenguaje es que las palabras van cambiando con el tiempo y absorbiendo nuevos significados o, directamente, alterando el que tenían. Es algo que está a la orden del día: el idioma está en cambio continuo.

    Y, por otro lado, siempre me quedó la idea de que las personas (hablo de los personajes públicos, políticos sobre todo) que usaban el tema del significado como argumento de su oposición a llamarlo matrimonio estaban usando el asunto como excusa para no decir lo que pensaban realmente: que para ellos la unión homosexual no es una verdadera familia y, seguro, la encuentran repugnante. No atreviéndose a decir eso (que sin duda les haría quedar mal y les restaría votos) se escudaban (y se escudan, supongo) en el tema de la etimología.

  8. Por otro lado, confieso que no veo (a lo mejor es cosa mía, que soy muy lerdo) de qué modo dejar inalterado lo que ya existe, es decir, “el matrimonio clásico”, sin restarle ni uno sólo de sus derechos y equiparar a él otro tipo de uniones puede ser un ataque contra la familia. La “familia tradicional” sigue ahí, y quien desee optar por ella seguirá pudiendo hacerlo con total libertad. No veo que de pronto hayan surgido barreras o trabas legales para esa opción. Si la familia tradicional está en crisis (que no sé si lo está) podrá ser por muchos motivos, pero no porque se permita la existencia legal de otro tipo de familias. Y si realmente, el que se permita eso es una amenaza para la familia tradicional, es que algo falla en ésta, que es tan débil que se siente amenazada cuando nada ni nadie la amenaza. Y, en ese caso, a lo mejor lo que hay que reconsiderar es qué le pasa a la familia tradicional, qué problemas tiene y por qué está en crisis en lugar de hacer una defensa numantina contra un ejército inexistente. Vamos, mirar hacia adentro, en lugar de hacia afuera.

  9. Sé, Juanmi, que en este foro hay tonos grises, lo sé. Por desgracia, no concuerdo contigo en casi nada de tu comentario, pero por centrarme en algo, sobre todo no considero que la religión deba dejar de aportar a la configuración de la sociedad y del mundo actual, incluso si es necesario marcando límites aunque personalmente considero el mensaje cristiano un ejercicio liberador y sobre todo dirigido al núcleo mismo de la libertad de las personas. No, te pondré un ejemplo: seguro (o eso creo) que la mayoría pensaría que darte un ‘toque zen o budista’ a las políticas de un gobierno sería positivo. En España se está pagando, quizá injustamente, aunque más probablemente de forma merecida la vinculación Iglesia-Estado en épocas franquistas. El mensaje cristiano o el budista o el islamista, las actitudes religiosas sinceras, abiertas, libres, que conllevan a profundizar en el autoconocimiento, en el respeto y entrega a los demás desde el reconocimiento primero de su dignidad como seres humanos y luego ya en términos religiosos como hermanos hijos de un mismo Dios (esto ya no en el budismo) no puede ser un mal, al contrario, es una posibilidad de mejorar la evolución social. No pienso, por tanto, que haya pasado la hora. Siempre es tiempo, la cuestión es mostrar el mensaje real a través del testimonio coherente y sincero.

    Las palabras, las denominaciones, son importantes, estoy de acuerdo, muy de acuerdo. Ahora bien, cuando califico de naif y absurdo el inicio de la controversia debido a una cuestión de nomenclatura es porque he observado que de una forma recíproca a aquél cobarde político que mencionas y que se esconde en ese argumento cuando en su fuero interno piensa que la uniónX es menos digna o respetable que un matrimonio, también me parece que existe un deseo generalizado, no razonado e infantil basado en lograr “mojar” en todas partes. Me explico: la mayoría de gente no católica no prescinde por coherencia del bodorrio, templo, cura, vitola y comunión ¿por qué? porque les da la gana, les apetece y nada les debe ser negado, aunque sea una incoherencia actuar así. La presión social, mi madre se enfadaría, mi novia/o se empeñó… Paparruchas. Es como a niños. La Iglesia en no pocas ocasiones se presta, pero ese es otro cantar. Es un poco lo que le llamamos algunos ‘la gente de la BBC’, que sólo se rozan con lo religioso en Bodas-Bautizos-Comuniones. Eso es infantil. Es un juicio de valor y sólo mi opinión, pero me duele y me molesta. Me fastidia que algo que para mí es sagrado por muchos sea utilizado, algo que para mí es parte esencial de mis principios vitales, para muchos sea conquista social barata.

    Y ahora Juanmi, Rudy, aprovechando que estáis aquí los dos, una lamidita: a ambos os leo y os admiro como escritores aunque por desgracia no estoy interesado (aún) en la figura holmesiana para disfrutar más del trabajo de Rudy. Es sólo una reflexión que me surge ahora desde la inevitable mitomanía del lector respecto del autor, pensando que estoy echando una charleta con dos autores que desde el talento han generado ideas, situaciones, diversión y reflexión en muchas horas de mi vida. Pues eso, adelante, monstruos.

  10. Tocas un tema interesante, Eduardo, en el que estoy bastante de acuerdo, en lo que se refiere a toda esa gente que se casa por la iglesia simplemente porque “mola” más o es más “glamoroso” que por lo civil. Pienso que, en efecto, un pequeño ejercicio de coherencia en ese aspecto no vendría nada mal y siempre he pensado que si yo fuera creyente me molestaría enormemente que se tomase de un modo tan frívolo algo que para mí sería esencial.

    Por otro lado (y es un pensamiento que se me ocurre sobre la marcha) y poniéndonos estrictamente mundanos, podríamos argumentar que ya que yo estoy contribuyendo con mis impuestos al mantenimiento de la iglesia tengo derecho a usarla cuando crea conveniente.

    Lo cual sería un motivo más para una separación lo más estricta posible entre iglesia y estado, ya que estamos.

    Pero ya te digo, que es un pensamiento que me ha venido ahora sobre la marcha y que supongo que se le podría matizar bastante y darle muchas vueltas.

  11. Sobre la financiación de la Iglesia en España ha habido un cambio sustancial el año pasado. Y creo que muy positivo. Trataré de resumirlo:

    Antes había efectivamente una dotación anual que se justificaba, para quien quisiera entenderlo y aceptarlo, en que la labor social de la Iglesia en innumerables ámbitos (asilos, hospitales, centros de enseñanza, etc etc) es inabordable por el Estado y las administraciones por cuestiones meramente presupuestarias y por tanto, si no se ayudaba a la Iglesia y esta entregaba las llaves de todas esas instituciones a las administraciones el problema social generado sería inmenso. Eso para mí es un hecho indiscutible. Complementariamente se entregaba algo más del 0,5% de lo tributado por aquellos que libremente marcasen la famosa casilla.

    Este es el acuerdo actual, vigente a partir de esta próxima declaración de 2008, en el que te subrayo los apartados 1 y tres, pero lo importante es lo siguiente: La Iglesia recibe el 0,7% (aumentado) de la declaración del IRPF, pero ojo, sólo de aquellos que lo deseen y así lo marquen en la casilla correspondiente. Ya no hay aportación adicional ninguna. Nada. Conclusión, la Iglesia se autofinancia con las aportaciones libres, optativas y expresamente determinadas de los ciudadanos. El resto de los ingresos provienen principalmente de convenios, conciertos y subvenciones de las administraciones públicas en forma idéntica a la de cualquier ONG o asociación. Y claro, de los donativos, que son cuantiosísimos. Bueno, y también de los réditos que puedan dar las cantidades insertadas en fondos de inversión y similares, en lo que hubo controversia y que ahora, tras observar que no hay financiación alguna creo que nadie (sensato) criticará la posibilidad de actuar así.

    Creo que esta situación es buena para todos, creyentes y no creyentes, miembros y no miembros de la Iglesia. Y que además desmonta muchos argumentos. Algo más de información.

  12. Como dices, me parece un cambio importante y bastante positivo. Y, ciertamente, la Iglesia hace una labor social que, si tuviera que asumir el estado, le iba a joder vivo ya sólo con tener que generar toda la infraestructura necesaria.

    Y la renuncia a la exención del IVA, que veo en el link que adjuntas, también me parece importante,.

    Eso me trae a la memoria algo que leí hace poco. Como no suelo fiar mucho de cómo dan los medios la información las noticias, tengo mis dudas sobre si el asunto es tal como lo leí o estaba tergiversado. En esencia, la noticia era la siguiente: se hablaba de los permisos de obra, que tienes que solicitar por narices al ayuntamiento si vas a hacer algún tipo de obra en casa (aunque sea pintar una habitación, lo cual ya me parece pasarse) y el pago correspondiente que tienes que efectuar por esos permisos. Allí se hablaba de que la Iglesia estaba exenta de ese tema. Supongo (porque ahí la noticia se mostraba más bien ambigua) que no de la obligación de solicitar el permiso, sino del pago de las tasas que el permiso implicaba.

    Son esos pequeños detalles, que pueden parecer tontos, pero para mí no lo son, los que califico de “privilegios injustos”. Hoy por sigue habiendo unas cuantas cosas de esas que creo que, con el tiempo (evidentemente, debería hacerse de un modo paulatino, no voy a pedir que sea algo de la noche a la mañana) deberían ser eliminadas, como la que acabo de mencionar. O como el contrasentido de que yo como ciudadano financie con mis impuestos las clases de religión pero no tenga ni voz ni voz (no digo directamente, sino a través del estado) en cómo deben ser esos profesores de religión, por ejemplo.

    Claro que, si vamos a eso, creo que la religión debería, directamente, salir de las escuelas. Cualquier religión. Si yo como católico quiero educar a mis hijos en la fe católica debería ser la parroquia quien hiciera ese trabajo, no el estado. Y aplíquese eso a cualquier otra confesión religiosa, por supuesto.

  13. Hay una cosa que no veo muy clara, ya que estamos. ¿Cualquier otra organización, ya sea una confesión religiosa o una ONG con fines sociales, por ejemplo, puede aspirar al mismo trato al que la iglesia católica ha llegado con el estado? Dicho de otro modo, ¿todos tienen igualdad de oportunidades en ese tema y la posibilidad de que sea el estado quien gestione la recaudación de las aportaciones económicas de sus asociados o feligreses?

    Porque, de no ser así, me sigue pareciendo que estamos ante un privilegio injusto. O follamos todos o tiramos la puta al río, como decían en mi pueblo (y perdón por mi francés).

    Me puedes argumentar que eso no es culpa de la iglesia, sino del aparato del estado que no se molesta en incluir a otras religiones u organizaciones en ese tema, o de esas mismas religiones u organizaciones que no intentan llegar a un acuerdo con el estado similar al que tiene la iglesia católica. Es posible. Pero, sea por el motivo que sea, creo que no deberían existir ese tipo de distinciones. (Igual que tampoco debería ser posible que una entidad privada, como la SGAE, gestione lo que no es más que un impuesto, como el canon, pero eso ya sería entrar en otro tema).

  14. Rudy, trataré de contestarte, que no rebatirte, a alguna de tus afirmaciones pero si te parece dejamos el hilo porque quizá ya lo hemos estrujado lo necesario. Voy al tema:

    * Las clases de religión y la religión en las escuelas: Artículo 27 de la Constitución Española del 78, apartado 3: “Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.”. Muchos critican esta redacción de la CE, como algo plegada y blanda. Bueno, es la que hay y conocemos los medios para eliminarla o cambiarla. Mientras eso se consigue, es evidente que hay que darle forma a ese derecho fundamental, hay que articularlo. Para ello se consideraron las circunstancias: mayoría de católicos, inmensa mayoría de padres que quieren asignatura de religión católica (a día de hoy más del 80%). Consecuencia: Acuerdo con la Iglesia para que aportase los profesores y se hiciera cargo de todo (algo parecido a lo de los asilos que antes comentábamos). Seguro que es muy mejorable la situación actual, pero es una forma de dar cumplimiento a la principal norma que nos hemos dado. Ahora vienen otras confesiones cada vez más ampliamente seguidas en España y habrá que adaptarse, como no podría ser menos. Ojalá no sólo mejoremos la puesta en práctica actual de este asunto con la confesión cristiana, sino que no tengamos que echarla de menos, y ya sabes por dónde voy.

    * Privilegios injustos: Por mí, ni uno. Pero también desconozco cuáles, si quedan, son esos. En todo caso, el trato que la Iglesia tiene con el Estado es propio de una organización gigantesca, con un patrimonio inmenso, una labor enorme y unos seguidores, asociados, aficionados, etc. innumerables. Millones en España. Cualquier organización de tal envergadura tendría una interlocución con el Ejecutivo de similar nivel, no me cabe ninguna duda, y hay ejemplos en las organizaciones sindicales (con menos representación, a veces, aunque reconocidos en la CE), las grandes empresas (cuya representación no son personas, sino mucha pasta), etc. Porque estoy seguro de que igual que Bill Gates se entrevista con Zapatero si viene a España y el nota de la tienda de la esquina “Informática Pérez” no llega a más que poder presentar una instancia, no estarás demandando que la Iglesia sea considerada igual a la ONG pro-calidad del aire “El Cogollo Felíz” ;) Mismos derechos sí, mismo nivel de interlocución es, a mi parecer, absurdo. En resumen, no conozco privilegios injustos, lo cual no quiere decir que no los haya, sólo que no sé de ellos.

  15. Es curiosa lo selectiva que es la memoria.

    Sin entrar en los otros temas de discusión, es alucinante que la Iglesia Católica tome partido en el tema del terrorismo -al menos en el de ETA- cuando dicha organización nació en el seno de las organizaciones juveniles católicas vascas, fue amparada de la policía franquista -y no franquista- por iglesias y párrocos, y sus sustento nacionalista, exclusivista y hasta xenófobo fue animado por la jerarquía vasca en todo momento y con muy poco disimulo. La Iglesia Católica siempre ha sido uno de los sostenes del ultranacionalismo vasco desde Árana, y nunca se han cortado un pelo justificando lo que hiciera falta.

    Supongo que ya nadie recuerda las homilías de los obispos vascos en los funerales de los etarras muertos, o las cartas pastorales incendiarias de Setién. A las que la Conferencia Episcopal, por cierto, no tenía nunca nada que objetar.

    Asi que no sé, a lo mejor están desaconsejando el voto a ellos mismos, olvidando quizá que no se presentan -aún- como partido político.

  16. Como dices, Eduardo, el hilo se ha estirado bastante, así que no tengo problema en dejarlo aquí.

    Sólo dos apuntes:

    Garantizar el derecho a que tus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con tus convicciones no implica, necesariamente, que se imparta religión en las escuelas. Es, quizá, lo más cómodo, pero no necesariamente el único método. Y, desde mi punto de vista, no el más adecuado.

    Una cosa es el nivel de interlocución con el estado y otra muy distinta que el estado te haga el trabajo de recaudar las, llamémoslas, cuotas de tus socios y además te adelante una parte del dinero.

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