Fue un propietario de esclavos el que tuvo la idea genial: manumitirlos y contratarlos a cambio de un salario.
Ya no tendría que alimentarlos, vestirlos o proporcionarles alojamiento. Y que vivieran o muriesen dejaba de ser cosa suya.
Sus ingresos aumentaron espectacularmente desde aquel día.
Y, encima, sus antiguos esclavos le estaban agradecidos.
Redonda, le salió la cosa.
