El heredero de Nadie: all good things…
Miércoles, Febrero 6th, 2008 Pertenece a Mi misma mismidad, Pergeñando | 12 comentarios »- El mismo día, hace dos años: Viento del este, viento del oeste
Ya está. Recién terminada. Mi cuarta novela holmesiana. Claro que calificarla de “holmesiana” a estas alturas quizá ya no resulte del todo adecuado. Cierto es que Sherlock Holmes sigue siendo un personaje clave en toda la serie, pero el universo ficticio que fui improvisando sobre la marcha y a su alrededor ha evolucionado y crecido mucho más allá de la simple recreación de un personaje y un ambiente que me fascinaba.
Podríamos decir que ha evolucionado y crecido recreando docenas de personajes y ambientes que me fascinaban. Como ya comenté en otra parte, a medida que el panorama se ampliaba con cada novela empecé a comprender que lo que esta serie me permitía hacer era reconstruir el cosmos ficticio de mi infancia y, usando el personaje de Sherlock Holmes como pivote y foco, crear un universo en el que pudieran convivir mis iconos literarios (y tebeísticos, y cinematográficos, y…) favoritos.
No fue una decisión consciente, lo confieso. Simplemente, ocurrió. Lo que estaba creando fue creciendo sin que yo me diera cuenta e incorporando docenas de personajes, situaciones y ambientes con los que yo no había contado. De pronto, en medio de una encrucijada narrativa, me sorprendía a mí mismo preguntándome: ¿encajaría aquí si…? Y sí, encajaba; de un modo sorprendente, las piezas que iba añadiendo al puzzle, por disímiles que fueran, terminaban casando unas con otras y el panorama resultante tenía (para mí como creador, al menos; lo que piensen los lectores ya es otra cosa) una sorprendente coherencia y una extraña armonía.
Cuatro novelas, he dicho. Y con esta última, Sherlock Holmes y el heredero de Nadie, he llegado a un evidente punto de inflexión, a un momento que me pide, muy claramente, un alto en el camino y unos momentos de reflexión.
¿He terminado con Sherlock Holmes? ¿Ha concluido mi relación con el detective? Creo que sí. He explorado las partes de su vida y los aspectos de su personalidad que me interesaban y creo que ya es hora de que lo deje descansar. Quizá, con el tiempo, pudiera volver sobre él y, de paso, regresar al principio de todo el asunto. Back to the basics, que decía John Byrne cada vez que récogía la antorcha con un personaje de cómic y lo redefinía tratando de mantener inalterables sus aspectos básicos.
Volver a los orígenes. A la fórmula del cuento largo o la novela corta. A la luz de gas en medio de la niebla londinense. Regresar a esa Inglaterra en las postrimerías del XIX acompañado de la voz del doctor Watson y escribir media docena de historias sobre Sherlock Holmes.
¿Lo haré?
Ni idea. Es posible que sí. La idea estaba en mi mente antes de ponerme con Sherlock Holmes y la boca del infierno y sigue en ella ahora que he terminado Sherlock Holmes y el heredero de Nadie. En cualquier caso, no será mañana, como decía Abraracurcix cuando temía que el cielo cayese sobre su cabeza. Es una idea para tratar a largo plazo, con calma y sin ninguna prisa. Si llega a buen puerto, perfecto. Si no, es que no tenía que pasar, qué le vamos a hacer.
Así que, de momento y a falta de esa posible colección de cuentos que no sé cuándo escribiré, he de decir que sí, que he terminado con Sherlock Holmes.
Pero quizá no es ésa la pregunta adecuada.
Tal vez la pregunta sea si he terminado con el universo ficticio que he ido creando y ampliando poco a poco a lo largo de estas cuatro novelas.
Y, cuanto más me lo pregunto, más tengo la impresión de que la respuesta es que no, que ni de lejos he terminado con él. De hecho, siento como si todo lo que he hecho hasta ahora no fuera más que el principio. Que, en realidad, lo único que estaba haciendo era montar el escenario y establecer las bases para contar después lo que de verdad quería.
¿Y qué es eso? Todo. Nada. Yo qué sé. Lo que me apetezca. Ya veremos.
Entretanto, hasta aquí hemos llegado. Es el fin de una etapa. Ya veremos qué ocurre con la siguiente.
POSTDATA: Confieso que estoy impaciente por ver qué portada ha creado Alejandro Terán para esta novela. A la vista del trabajo que ha hecho hasta ahora estoy seguro de que babearé de gusto en cuanto le pose los ojos encima.
