Thick as a brick

¿Realmente es tan difícil comprender que darles a otros los mismos derechos que tú ya tienes no representa ninguna amenaza para ti?

¿Tan duros de mollera nos hemos vuelto que basta que alguien agite el trapo rojo de “quieren cargarse a la familia tradicional” para que miles de personas salgan indignadas a la calle dispuestas a defender su modo de vida de un ataque que no ha tenido lugar?

¿Tanto trabajo cuesta meterse en la sesera que una sociedad laica no es una sociedad antirreligiosa, sino todo lo contrario y que separar Iglesia de Estado debería ser algo tan básico de cualquier estado democrático que no debería ni comentarse por evidente?

¿De verdad es tan complicado pararse a pensar un poco y dejar de intentar que los demás vivan como tú?

Fue Churchill, creo, quien dijo aquello de “nada hay que temer, salvo al propio miedo”. Y no hace falta ser un prodigio de inteligencia para darse cuenta de que con eso es con lo que están jugando: con nuestros miedos más atávicos, más tribales. Con los miedos propios de un mono que acaba de bajar del árbol y ve enemigos por todas partes. En los últimos tiempos, y tras algunas conversaciones con conocidos (personas con una inteligencia y un nivel cultural que deberían ser suficientes para poder ver las cosas con una cierta distancia) he empezado a comprender cómo los nazis pudieron embaucar a todo un país.

Es tan fácil dejarse llevar por el miedo, tan tentador a veces y tan gratificante. Hacerlo se convierte en liberador y, sobre todo, coloca siempre las culpas sobre los hombros del otro. Lo que pasa es culpa de los extranjeros, de los inmigrantes, de los rojos, de los judíos, de los… Ya está, situación resuelta. Podemos sentirnos tranquilos, podemos dormir a pierna suelta por las noches. Hemos dado con los responsables de todos los males y ahora sólo es cuestión de ir a por ellos e impedirles fraguar su temible contubernio.

Un poco de über alles por aquí, unos toques de lebensraum por allá y, sobre todo, el ansia de sentirte seguro a cualquier precio, aunque sea trocando tu libertad por seguridad.

“Así termina la libertad, con un estruendoso aplauso”, decía Natalie Portman en La venganza de los Sith. Gran frase (que no hace mejor la película, una pena) y estremecedoramente cierta.

5 comentarios

  1. De hecho, uno de los grandes problemas que tienen los países de Oriente Medio es que, hoy por hoy, todavía no han separado del todo el poder religioso del poder ejecutivo y militar, cosa que sucedió en Europa hace muchos siglos. Y todos sabemos los problemas que ello conlleva a largo plazo.

  2. La verdad es que sí. Todos acabamos cayendo :) Estaba totalmente desconectado de la blogosfera hasta que hace poco he comenzado a visitar algunos. Me gusta mucho el tuyo, por cierto, muy currado.

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