El largo y tortuoso camino

Recientemente, y aprovechando la compra de mi iPod Touch, me he embarcado en conseguir discografías completas de algunos de mis grupos o solistas favoritos. En esa búsqueda no podían estar ausentes los Beatles, por supuesto. Cualquiera que me conozca un poco sabe lo mucho que me ha gustado (y aún me gusta) el cuarteto de Liverpool; y si me conoce un poco más no ignorará que en la eterna disyuntiva (ese “¿a quién quieres más, a papa o a mamá?” inevitable en casi todas las circunstancias de la vida) entre Lennon y McCartney, siempre me he decantado por el segundo. Y no porque lo considere necesariamente mejor compositor que Lennon (aunque sin duda siempre fue el músico más completo de los cuatro con diferencia, capaz de tocar de un modo como mínimo competente casi cualquier instrumento), sino en buena medida como reacción a la tendencia habitual de considerar a Lennon como el genio arriesgado, el que siempre iba un paso por delante, ansioso por experimentar y hacer cosas nuevas, mientras McCartney se tiraba a lo más comercial y pasteloso. Y no, como sabe cualquiera que conozca un poco la obra de los Beatles no van por ahí los tiros. Ni tanto ni tan calvo, que se suele decir.

En cualquier caso, una de las cosas que pude hacer estos días fue oír por fin el Let it be… Naked, disco que me perdí en su momento pese a la curiosidad que sentía por él. Para los que no lo sepan, el disco que se publicó en 1970 como Let it be siempre tuvo descontentos a los Beatles, especialmente a McCartney, a causa de la cantidad excesiva de arreglos orquestales (lo que los fans llaman el “muro de sonido”) que el productor Phil Spector había introducido en las distintas canciones. Hay que decir en descargo de Spector que el hombre tomó sobre sus espaldas una tarea que nadie más quería emprender: sacar un disco coherente de las sesiones de grabación de Let it be. No hizo el mejor trabajo del mundo; ni siquiera, seguro, el mejor trabajo posible en sus circunstancias, pero hizo el trabajo cuando nadie más quería hacerlo, al fin y al cabo. Ni los propios Beatles, que para entonces estaban demasiado ocupados en dejar de ser un cuarteto y echar a correr a ver quién era el primero que iniciaba su carrera en solitario (bueno, menos Ringo, que siempre se tomó las cosas con calma y que, vistas las cosas hoy en día, es el que mejor me cae de los cuatro, con diferencia.)

La iniciativa partió sobre todo de McCartney quien, como he dicho, era el más descontento con el resultado del Let it be original, especialmente con lo que Spector había hecho con su canción The long and Winding Road. El resultado fue ese Let it be… Naked que es, o eso pretende, lo que debería haber sido el LP original.

Y tiene éxito, al menos en mi opinión. No es que Let it be me pareciera el disco más abominable de los Beatles, pero había algo en su sonido que siempre había hecho que fuera uno de sus LPs que menos veces ponía. Sin embargo, este Let it be… Naked (qué lástima que no se le restituyera también el título que tuvo el proyecto originalmente: Get Back) tiene el sonido adecuado, un sonido que encaja con el material que los de Liverpool estaban grabando por esa época.

Supongo que el trabajo de remasterizado, limpieza, reconstrucción… lo que sea, debe haber sido titánico. Y es de agradecer el esfuerzo para que el resultado suene como sonaría un disco de los sesenta (quizá un poco más limpio, con los sonidos más definidos, tal vez, pero sin estridencias) en lugar de algo realizado con los métodos de grabación actuales.

Como decía, cuando a finales de los sesenta los Beatles se embarcaron en el proyecto de disco más película que se iba a acabar convirtiendo en su última obra publicada como ente colectivo, habían pensado llamarla Get Back. Era una suerte de vuelta a los orígenes, de volver a grabar las cosas como al principio de su carrera, de usar el estudio de grabación como un campo de pruebas donde la sinergia del grupo consiguiera lo que ellos no podían lograr en solitario. Por desgracia las cosas pasaron como pasaron y esa “vuelta a casa” acabó convertida en un “dejémoslo estar”.

Sin embargo, cuando oigo este Let it be… Naked, no puedo evitar pensar en él como Get Back. El sonido restaurado, limpio de la carga orquestal y melódica que le introdujo Spector es, en efecto, una vuelta a casa. Eso fue lo que los Beatles grabaron en su momento y tal y como, probablemente, querían que sonara. No hay más que situarlo en el orden cronológico adecuado (antes de Abbey Road y no al revés) y todo encaja con limpieza. Las cosas son como deberían haber sido en su día.

* * *

Por cierto, que también he aprovechado para ver por fin Let it be, la película, una asignatura que tenía pendiente desde hacía muchos años. Había visto trozos aquí y allá en algún documental y, por supuesto, tenía referencias a lo infernales que habían resultado las cosas durante aquellas sesiones de grabación.

Al ver la película la sensación no es esa, sin embargo. Se advierten problemas, sin duda, tensiones aquí y allá, pero se ve a los cuatro trabajando juntos y haciéndolo bien, con todos aportando ideas al trabajo de los demás. Seguramente la película recoje las partes “salvables” del asunto, desde luego, pero demuestra que incluso entonces, cuando las cosas estaban yendo mal, había momentos en que la vieja magia todavía funcionaba y los cuatro en conjunto eran más que la suma de cada uno de ellos.

De hecho, aún funcionaría unos meses más. Los suficientes para grabar Abbey Road antes de que cada uno se fuera por su cuenta.

* * *

Sí, me estoy alargando bastante más de lo que sería recomendable, lo sé.

Pero escribir sobre todo esto me ha traído de nuevo a la memoria mi viejo proyecto de escribir una novela sobre los Beatles. Algo que me planteé por primera vez a finales de los ochenta y que nunca he hecho. Sin embargo, la idea, las situaciones, los personajes, siguen dando vueltas en mi cabeza y, aunque sé que es probable que nunca escriba esa novela, también es muy probable que jamás deje de pensar en hacerlo.

Si hasta tengo resuelta la estructura. Supongo que a nadie le extrañara si le digo que es una estructura basada en los flashbacks.

Siempre había pensado titularla El latido de Mersey pero creo que si un día la escribo acabará llamándose El largo y tortuoso camino.

10 comentarios

  1. 1. Escríbela, joder.
    2. ¿Y aquello de los 3 mosqueteros? Mira que es el momento de reciclarlo a caballeros españoles…

  2. 1.Ídem.
    2.Propongo que comience con los cuatro beatles reunidos en el funeral de Stuart Sutcliffe, y a partir de ahí cada uno recordaría en sucesivos flashbacks las circunstancias que rodearon su muerte.
    3.Tiene que salir Peter Sellers.

  3. Hay una serie de la editorial Vertigo, aún no publicada en España, que va de algo parecido. Se llama The Vynil Underground, y el protagonista es una antigua estrella del brit-pop metida a detective en el Londres de hoy en día. Rudy, si algún día publicas esa novela ya tienes un lector asegurado. Sea cual sea el argumento, seguro que será entretenida como mínimo.

    P.D.: ¿Quién se quedará al final con la chica: Paul o John?

  4. Sobre Stuart Sucliffe ya tenemos Backbeat, me temo, y ya trata el tema bastante.

    No, mi idea es arrancar, por supuesto, con el día de la muerte de Lennon e ir retrocediendo a partir de ahí. Serían los otros tres Beatles los que contarían la historia, más o menos. Y se la contarían a Julian, el hijo mayor de Lennon, que nunca tuvo oportunidad de conocer a su padre realmente.

    Así que iba a ser una cosa como muy nostálgica, me temo.

  5. Dicen que poco antes de disparle, Marc Chapman, el asesino de Lennon, le pidió a un transeunte que le hiciera una foto con él. Sus palabras exactas fueron: “Hazme una foto con él. Será histórica”.

    Espero que se pudra en la cárcel el resto de su vida.

  6. ¿Y si en vez de hacer un pastiche holmesiano haces un pastiche bondiano con los Beatles? A Bond no le gustaban, recuerda :)

  7. Sí, decía que había dos cosas que no se debían hacer nunca: “Tomar dom Perignon a temperatura ambiente y oír a los Beatles sin taparse los oídos”.

    En Goldfinger, si no recuerdo mal.

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