La prensa del corazón y George Orwell

Como ya he comentado alguna vez, veo poco la televisión, y menos aún las cadenas generalistas. Aunque confieso que en los últimos meses me he paseado bastante por la Sexta, fundamentalmente por dos programas: El intermedio, del Gran Wyoming y Sé lo que hicisteis…

Fue Javier Cuevas quien me descubrió la existencia de este último (aunque creo que había pasado por él ya alguna vez en una de esas tardes aburridas en que te pones a hacer zapping porque no te apetece ni levantarte del sofá) y desde luego ha sido para mí uno de los grandes acontecimientos televisivos de este año. Una joya, vaya. El lema del programa (inteligente, despiadado y tremendamente divertido) bien podría haber sido “donde las dan, las toman”. Para los que no conozcáis Sé lo que hicisteis… básicamente es un programa que se dedica a dar caña a la prensa rosa, los periodistas del “corazón”, los reality-shows o esas tertulias tan de moda en los últimos tiempos en que los tertulianos se dedican sistemáticamente a despellejar a algún famoso cuando no se lanzan entre ellos mismos todo su armamento.

Es cierto que muchos de los famosos que son la fuente de alimento de ese tipo de programas son seres, como poco, despreciables. Pero no lo es menos que los periodistas (si es que se les puede llamar así) que viven de despellejarlos lo son tanto como ellos, y a veces incluso más. Y Sé lo que hicisteis… se dedica precisamente a eso, a mostrarnos la carencia de escrúpulos, de saber hacer y estar, de buenas maneras, de un mínimo de decencia que tienen todos esos programas. Y de inteligencia, porque a menudo lo peor de toda esa basura no es que sea chabacana, ruin y rastrera, sino que es simplemente estúpida.

Esta Nochevieja, de hecho, he estado viendo Sé lo que hicisteis… y aproveché así para pegarle un buen repaso a los programas que han emitido a lo largo del año. Y, mientras lo veía, mientras veía a los despellejadores profesionales de famosos comportarse de una forma tan cutre, casposa y carente de dignidad como los famosos de los que viven, acudió a mi mente la frase final de Rebelión en la granja, de George Orwell.

Ya sabéis: “Y al mirarlos, uno no podía distinguir quiénes eran los cerdos y quiénes eran los hombres”.

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