Here lies one whose name was writ in water
-Epitafio en la tumba de John Keats

Archivo de Diciembre 5th, 2007

Y ahora, unas palabritas de Scrooge

Miércoles, Diciembre 5th, 2007 Pertenece a Mi misma mismidad, Núcleo | 23 comentarios »

Con un título similar (”And now, a word from Scrooge”), Asimov escribió hace unos cuantos años un artículo sobre la Navidad.

Y ahora que la fecha temida vuelve a estar cerca en el calendario (es curioso cómo cada año que pasa, está cerca en el calendario un poco antes; dentro de nada a finales del verano ya estaremos en la pre-Navidad) no puedo evitar recordar ese título y, por supuesto, al personaje de Dickens.

Scrooge no era precisamente ningún dechado de virtudes, reconozcámoslo. Avaro, mezquino, cruel, carente de compasión… Sin embargo, al menos era coherente consigo mismo.

Bueno, lo era hasta que recibe la visita de los tres fantasmas y deja de serlo. Pero eso es otra historia y ya la contó Dickens una vez y Hollywood unas cuantas más.

En cualquier caso, si uno es un cabrón todo el año, lo menos que puedo pedirle es que lo siga siendo en Navidad. Que no se va redimir ante mí porque de pronto derroche buena voluntad, buen rollo (y hasta buen talante) durante un par de semanas. No, lo siento, esa actitud tan típicamente latina (que los italianos han elevado casi a la categoría de arte) de rasgarte las vestiduras y gritar al mundo entero que eres un puerco y un pecador para luego poder seguir pecando impunentemente, no me va. Supongo que en lo moral es el equivalente de las orgías romanas: comes hasta reventar, vomitas y estás listo para seguir comiendo hasta reventar.

Como que no. Lo siento, pero no.

Como decía, Scrooge era coherente consigo mismo. Un pequeño detalle entre tantos defectos, pero una virtud importante. Si durante 364 días no veía ningún motivo para ser una buena persona, ¿por qué tenía verlo precisamente el día de Navidad?

Y creo que, en el fondo, eso es lo que me molesta de la Navidad. No el consumismo desenfrenado, ni la cada vez más hortera decoración de calles, balcones y ventanas; ni siquiera los molestos villancicos emitidos en la vía pública. O sea, todo eso jode, pero lo sobrellevas.

No, lo que de verdad me toca las narices es la falta de coherencia. De pronto, porque conmemoramos que ha nacido Cristo, Mitra o el solsticio de invierno ya está aquí o lo que sea, hay que ser buenos, hay que ser felices, hay que perdonar y reconciliarse con el prójimo.

Pues no, no me da la gana. Porque es incoherente. Porque es hipócrita. Y porque, en el fondo, es pura cosmética.

¿Disfruto de las navidades? Disfruto de no tener que ir a trabajar ni en Navidad ni en Año Nuevo. El resto, es una época del año como otra cualquiera. Con sus inconvenientes, como que las calles estén a rebosar, por ejemplo. Pero que, bueno, vas sobrellevando.

Pero nada más.

No tiene ningún significado especial.

Y qué demonios, no debería tenerlo. O, para ser más exactos, no veo por qué debería tenerlo. No soy cristiano, así que no me afecta que se conmemore el nacimiento de Dios encarnado. Tampoco profeso ninguna otra religión, así que el que haya nacido Mitra, Osiris o Chandranpulandan por esas fechas me deja indiferente. Y como, por otro lado, las costumbres y rituales de una sociedad agrícola no me conmueven lo más mínimo, que se celebre el solsticio de invierno me importa más bien poco. Vamos, que no tiene ningún significado especial para mí.

Acepto, por supuesto que pueda tenerlo para otros. Pero dado que yo no hago exhibición pública de los días que sí tienen un significado para mí ni pretendo convertirlos en un acontecimiento social, agradecería que los demás hicieran lo mismo y dejaran de invadir mi levensraum (o como se escriba) emocional con sus impúdicas y molestas muestras de sentimiento navideño.

No espero que lo hagan, claro.

En fin, volviendo al título del post, y como habría dicho el bueno de Scrooge: “Paparruchas”.

© 2007, Rodolfo Martínez
Entradas similares: