Coherencia

Es una historia que me contaron ya hace tiempo y que siempre recuerdo cuando se acerca la Navidad (tema del que ya hablaremos dentro de poco, pero eso es otra historia).

Básicamente es como sigue:

Tenemos una madre que es atea y que ha educado a su hija en el ateísmo desde su más tierna edad. Al fin y al cabo, si los creyentes pueden intentar inculcar sus creencias en sus descendientes, a ver por qué los ateos no iban a tener los mismos derechos.

El caso es que la niña vuelve un día de clase. Tendrá… no sé, pongamos cinco o a lo sumo seis años. Y le dice a su madre que una de sus amigas es tonta y no tiene ni idea de nada. Cuando la madre le pregunta que por qué piensa eso, la niña dice:

—Jo, porque dice que Dios existe y los Reyes Magos no.

Podría añadir muchas cosas, pero la frase ya lo dice todo, creo yo.

© 2007, Rodolfo Martínez

9 comentarios

  1. je, deliciosa anécdota, no la conocía. Así es la naturaleza humana, por otra parte, no?

    Por cierto que me doy por aludido: sí, soy creyente. Hago uso de mi libertad para ello, y por nada del mundo se me ocurriría inculcarles a mis hijos mis creencias usurpando ni una brizna de su libertad. Ni hablemos de hacerlo con otras personas sobre las que tengo menos responsabilidad o ninguna.

    Sucede que, al igual que en otros ámbitos de la educación, los padres (y madres) tenemos unos criterios con los que mejor o peor nos conducimos, y mientras los hijos crecen, es natural y lógico que les propongamos nuestra visión del mundo (porque con algo hay que empezar) a la vez que les facilitamos herramientas para que sean críticos racional y éticamente, para que sean libres.

    Y luego, conforme su madurez y su libertad se lo exija, los animemos a que adopten convicciones vitales que incluso nos interpelen (sin miedo, por favor) y si hay que empezar de cero, se empieza. Ja, ahora que escribo esto me acuerdo ahora del “juicio incesante” de la serie Príncipe de Nada, de Scott Bakker…

    Finalmente, cuando uno descubre algo bueno, meramente por generosidad piensa que debe darlo a conocer a los demás. Sin imposiciones, claro. Y eso sucede a veces con el mensaje cristiano aparte de su propia connotación, digamos, divulgativa (evangelizadora). Pero eso en demasiadas ocasiones es visto como proselitismo y en más todavía, probablemente lo sea.

    Podéis saltar a la yugular ;)

  2. A ver, no pretendía criticar a los creyentes, ni mucho menos. Creo que el “proselitismo ideológico”, seas del palo que seas, es inevitable con tus hijos. Por más que no lo pretendas, por más que intentes limitarte, digamos, a enseñarles a pensar por sí mismos para que ellos tomen sus propias decisiones es inevitable que en los primeros años de su vida los influyas con tu propia forma de ver el mundo. Aunque sea pura y simplemente por proximidad.

    Al fin y al cabo, somos monos y aprendemos imitando lo que vemos.

  3. Confieso, eso sí, que una de las cosas que más me molesta de las religiones organizadas es el proselitismo insistente. Entiendo la lógica que hay tras el proselitismo (si consideras que tu fe es la correcta y, por tanto, necesaria para que el alma humana se salve, es lógico que intentes llevado por el amor hacia el prójimo, que éste se convierta a tu fe). Pero me fastidia cuando le digo a alguien “no, no me interesa” y éste sigue insistiendo. Entre otras cosas porque parece presuponer que yo no tengo capacidad de tomar mis propias decisiones: de nada importa que diga “lo he pensado bien y no creo en lo que me decís”, seguirán intentando convencerte. En esos momentos (me ha pasado un par de veces, con distintas religiones) es difícil no volverse directamente maleducado y mandar al “misionero” a tomar por el saco.

    Aunque el verdadero problema de una religión, para mí, es que se asocie al poder. A partir de ese momento estamos jodidos. La historia está llena de religiones que protestaban por sufrir persecución y que, en cuanto llegaron al poder, empezaron ellos mismos a perseguir a otras religiones. Algo que se ha repetido demasiado.

    En tanto la religión no tenga lazo alguno con el poder civil y en tanto se circunscriba al ámbito de lo puramente privado, no me molesta en absoluto.

    Claro que ambas cosas, hoy por hoy, son imposibles, me temo.

  4. En tanto la religión no tenga lazo alguno con el poder civil y en tanto se circunscriba al ámbito de lo puramente privado, no me molesta en absoluto.

    Completamente de acuerdo. El problema no está en el proselitismo, está en la imposición de la moral de la religión de turno por la coacción a quienes no comparten esas ideas. Y cuando hablo de coacción puede ser incluso la acción del código civil o penal.

  5. Los “misioneros” que no entienden que la libertad es un bien primordial y tratan de salvarte para conducirte al rebaño son una clase de iluminados que por ingenuos o por interesados merecen una reprobación cuando no algo más fuerte. Qué miedo me da la gente que no duda. Pero de esos los hay no sólo religiosos sino también ecólogos, ateos, ideólogos políticos, vegetarianos, fumboleros…

    En cuanto al lazo de la religión con el poder civil no lo tengo tan claro. A ver, lazos, uniones, dependencias, influencias, de eso nada. Pero si por ejemplo consideramos a la Iglesia Católica como una ONG gigantesca, es imprescindible una interlocución con el poder civil, al igual que hace, no sé, Cruz Roja. Con la interlocución vienen las presiones, las exigencias y las dependencias. Es complicado. Hay o debería haber una ética y una moral de lo público.

    Pero es que además, existen prejuicios con eso porque todos aceptamos que el Dalai Lama reclame la independencia del Tibet respecto de China, pero si el Papa reclama lo mismo no se contempla igual.

    En fin, en todo caso, para mí es clave que, con vocación pública o no, lo religioso ha de partir del ámbito personal.

  6. Evidentemente, una confesión religiosa debería mantener algún tipo de relación con el Estado, estoy de acuerdo: como una ONG gigantesca, por ejemplo, como apuntas, lo que me parece perfecto.

    Lo que no debería tener jamás es una relación con el poder, que es otra cosa muy distinta.

    Y sí, claro que debería haber una ética y una moral de lo público. Pero ética y moral no implica necesariamente religión. Ya me imagino que tus tiros no iban por ahí, pero estoy un poco harto de esa identificación entre sociedad laica y sociedad carente de valores morales. Es una de las grandes falacias que el estamento de la Iglesia, al menos en este país, nos quiere vender.

  7. Rudy, es un placer participar en esta bitácora.

    Después del lametón, jeje, digo que efectivamente, no iba por ahí. Con ética y moral de lo público me refería a que para mí no es cierto el lema actual que considero muy vigente: “todo vale si lo permite la ley”. Por esa regla de tres, fuimos a la guerra de Irak porque nos llevó un gobierno elegido por mayoría, que tiene narices. Quiero decir que el tinglado que nos hemos montado es mejor que cuando el derecho de pernada, pero igualmente muuuy mejorable aún. Hay que actuar con ética y moral en el ámbito público, y tendríamos que exigir que así fuese. A eso me refería.

    Luego la interpretación de la crítica de la Iglesia a la pérdida de valores es doble para mí: por un lado es evidente que esa dicotomía con el laicismo es una defensa ante la “pérdida de cuota”, y por otro lado en mi opinión está claro que hay una pérdida de valores (esfuerzo, disciplina, sacrificio…) aunque también una ganancia de otros (tolerancia, igualdad, sostenibilidad…) aunque no sabría decir cómo dejan estos movimientos la balanza.

  8. Estoy de acuerdo en lo de la pérdida de valores. De hecho, creo que estamos educando a las próximas generaciones para que se conviertan en monstruos malcriados que nunca han oído “no” cuando quieren algo y están acostumbrados a que sus mínimos caprichos sean obedecidos.

    Siempre he pensado que, entre otras cosas, la vida es una sucesión de frustraciones. Y, cuanto antes aprenda el niño que, simplemente, hay cosas que no puede tener, se ponga como se ponga, mejor para él. Y para todos.

    Pero eso ya nos metería en otro tema…

    Y gracias por el “lametón”.

  9. Ah, y por si no ha quedado claro: sí, estoy de acuerdo contigo en que la actuación de los estamentos públicos está pidiendo a gritos que alguien los enseñe a actuar de un modo ético.

    Mi tendencia natural me lleva a “predicar con el ejemplo” y estoy convencido de que lo mejor sería colgar a unos cuantos estadistas por los pies para escarnio de todos y ejemplo de los demás políticos. Pero supongo que esa medida se verá como demasiado drástica.

    Sin embargo… estamos llegando a unos niveles verdaderamente preocupantes por cuanto estamos en un momento en que en algunos casos ya ni siquiera se molestan en guardar las apariencias, que sería lo mínimo que uno podría pedirles. Tarde o temprano lo vamos a pagar todos, me temo.

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