Buenismo, clichés y procreación

Es uno de los lugares comunes más habituales. Bueno, en realidad son dos lugares comunes, pero al final, si lo piensas un poco, te das cuenta de que en el fondo vienen a ser lo mismo.

  • Las culturas humanas primitivas eran respetuosas con su entorno, no como nosotros.
  • Los animales, al contrario que nosotros, desarrollan instintivamente un equilibrio con su entorno y no lo destrozan.

La verdad es que estas dos cosas, formuladas de un modo u otro, llevo oyéndolas o leyéndolas toda mi vida. Y estoy un poco harto de la tontería que implican. No sólo porque sean falsas (basta pensar un poco para ver que no son ni han sido nunca ciertas) sino por el nivel de buenismo y desconocimiento de uno mismo y de su propia especie que implican. Las culturas humanas primitivas eran tan poco respetuosas con su entorno como lo somos nosotros. Simplemente, eran menos y tenían menos capacidad tecnológica. Por tanto, su posibilidad de causar daño era mucho menor. Pese a todo, fueron culturas humanas bastante menos desarrolladas que la nuestra las que deforestaron el ática griega o convirtieron Asia Menor en un desierto.

Los animales (y las plantas, ya que vamos a eso) no sólo no desarrollan equilibrio alguno con su entorno sino que, probablemente, ni saben qué es eso ni, de saberlo, les importaría. Los seres vivos hacen lo que siempre han hecho todos los seres vivos: comer hasta hartarse e intentar reproducirse cuanto puedan. Y, si no fuera porque tienen predadores que controlan su población, se convertirían en una plaga que esquilmaría el planeta en poco tiempo. A su vez, hay superpredadores que controlan la población de predadores y así hasta llegar… supongo que nosotros, donde somos nuestros propios superpredadores.

Somos una plaga, eso es evidente. No sólo nosotros, los seres humanos, sino cualquier forma de vida. Al menos, las que conocemos en este planeta. Nuestro comportamiento no es muy distinto (qué coño, es idéntico) del de una colonia de bacterias: crecer lo máximo posible, expandirse hasta ocupar todo cuanto esté a la vista. Tomados individualmente, los humanos podemos ser racionales (aunque eso sería discutible con muy poco esfuerzo, pero bueno) pero está claro que como especie, no hay nada racional en nosotros. Compartimos exactamente los mismos patrones de crecimiento que cualquier otro ser vivo: consumir los recursos suficientes para procrear sin descanso y extenderse a cuanto alcanza la vista.

Ése es el motivo por el que, me temo, los llamamientos a que cuidemos de nuestro entorno, reciclemos, procuremos no contaminar, están llamados al fracaso. Por más que nos guste pensar en nosotros como en la obra suprema de la naturaleza (what a piece of work is man, decía Shakespeare, sólo que los que lo citan normalmente se olvidan de que esas palabras tenían detrás una carga irónica bastante fuerte) no somos distintos de cualquier otro organismo vivo cuya población no está bajo el control de un predador: una plaga, básicamente. Podemos racionalizar, argumentar y justificar cuanto queramos. Al final todo se reduce al impulso irresistible de procear, de reproducirse y dejar por ahí tantas copias de tus genes como puedas. Un impulso que podemos torcer, desviar, reprimir, canalizar… pero que nunca podemos eliminar. Y que, de hecho, aunque no nos demos cuenta, está detrás de todas y cada una de las decisiones que tomamos en nuestras vidas.

¿Por qué escribes? ¿Por qué pintas? ¿Por qué trabajas? ¿Por qué te afanas en tener una vida mejor, un coche mejor, un piso mejor? ¿Por qué buscas el poder? ¿Por qué tratas de influir en los demás? ¿Por qué intentas ser famoso?

Al final, desnudado de todo lo accesorio, la respuesta es siempre la misma: para follar. Todo cuanto hacemos está, en última instancia, motivado por ese impulso, el principal, quizá el único que nos mueve en el fondo.

Por eso somos una plaga. Porque estamos vivos y tenemos la imperiosa necesidad de reproducirnos (aunque esa necesidad sea reconvertida a cosas aparentemente contradictorias con ella como el ascetismo o la castidad, sí, incluso entonces) y nada puede interponerse en el camino de ese impulso. Lógico: si no fuera el impulso primario, hace tiempo que nos habríamos extinguido, posiblemente.

El problema básico es que la naturaleza (o sea, el azar, se pongan como se pongan los que creen en un ser supremo) no nos diseñó para autocontrolarnos. Y tengo mis dudas de que seamos capaces de re-diseñarnos a nosotros mismos en ese sentido. O, aunque podamos, si lo haremos a tiempo.

Tampoco es para preocuparse. Si no conseguimos por nosotros mismos un equilibrio, éste se logrará por sí mismo, tarde o temprano. Aunque ese equilibrio sea el de la extinción.

Vale, sí, ni a mí ni, seguramente, a ninguno de los que me leen le apetece extinguirse. Pero eso es otra cosa que (como el arte y todas las invenciones humanas) resultan totalmente irrelevantes fuera de nuestro ámbito.

© 2007, Rodolfo Martínez

7 comentarios

  1. No voy a negar que el impulso de follar lleva detrás el de reproducirse, pero por suerte la tendencia actual en los paises ricos es sublimar ese animal impulso de perpetuar los genes y quedándose en la búsqueda del placer únicamente (Al menos yo cuando pienso en follar y luego en un bebé se me corta mucho el rollo). La población humana no tiene pinta de ir a dispararse “a la malthusiana”, así que si más o menos llegamos a un punto de equilibrio de población, lo que queda es aprovechar los recursos que hay de la mejor forma posible.

    Reciclar no es más que aprovechar mejor los recursos, sol de momento no parece que vaya a faltar, que es el verdadero recurso que lo mueve todo, así que mientras lleguemos a un punto de equilibrio de uso de energía y reaprovechemos las materias primas, se puede llegar bastante más lejos de lo que estamos ahora. Ojo, no confundir esto con optimismo, lo más probable es que ese equilibrio llegue después de unos cuantos bandazos, desmanes, épocas de carencia, hasta puede que un par de edades oscuras más, pero es un equilibrio posible.

    En cuanto a lo de que como especie no somos racionales, al menos tenemos la capacidad de razonar sobre ello, y eso tendrás que reconocer que nos hace bastante diferentes del resto de bichos que viven en la Tierra.

    Por último, desdeñas la posibilidad de escaparnos al espacio y buscarnos la vida creciendo más por el universo. Eso no cambiaría nada, pero aumentaría las posibilidades de supervivencia de la especie y de la civilización.

  2. Sí, básicamente esparcirnos por el espacio convertiría lo que es una plaga a nivel local en una plaga a nivel galáctico. Y quién sabe si con el tiempo, universal.

    Y, evidentemente, el impulso procreador, en las sociedades desarrolladas, está sublimado, torcido, desviado, como lo quieras llamar. Pero está ahí, y es la motivación que está, al menos tal como lo veo, tras prácticamente todos nuestros actos.

    Pero quizá hay que tener en cuenta que, cuanto más bajo es el nivel social y cultural de una capa social más se procrea. Vamos, eso que dicen los ricos de que los pobres se reproducen como ratas. A menudo, fomentado desde el poder: si las clases bajas están ocupadas dejándose llevar por sus instintos no van a causar problemas a los que cortan el bacalao. Así que, a ser posible, cortemos de raíz cualquier posibilidad de una educación sexual razonada y coherente o de que tengan acceso, e información, sobre todo información, a los métodos más populares de anticoncepción. Que sigan reproduciéndose como ratas y sumidos en la ignorancia. Así son (¿o quizá somos?) más fáciles de controlar.

  3. Pues ni es el único impulso ni el principal.

    Conocerás, Rudy, la pirámide de Maslow, y fíjate dónde sitúa este amigo al sexo. Yo, antes de recordar esa clasificación me he preguntado ¿realmente mi principal impulso es calzar? Y me he respondido: Creo que no, que aún siendo ese importante, básico, mi principal impulso es la auto-realización. No, en serio :)

  4. Sin pretender saber nada sobre la pirámide de Maslow más allá de lo que salía en un anuncio de coches (no recuerdo de qué marca: eso evidencia que no era un buen anuncio), creo que el concepto es que uno no se plantea cubrir las necesidades de un nivel hasta que no ha cubierto las de los inferiores.

    Así que la “autorrealización” es lo que uno hace cuando no tiene nada mejor que hacer.

    (Eso demuestra que Maslow no estaba “autorrealizado”, ya que en ese caso seguro que habría descubierto otro nivel de necesidades)


    Ahora en serio, yo trabajo por “autorrealización”. No, en serio.

  5. “Eduardo:
    Conocerás, Rudy, la pirámide de Maslow, y fíjate dónde sitúa este amigo al sexo.”

    Pues lo sitúa justo donde debe estar, y de paso apoyando la tesis de Rudy (tesis que suscribo plenamente, aunque me parece que ya lo sabe). No sé si estás interpretando bien el diagrama: “más alto” no significa “más importante”, sino “te puedes dedicar a eso _sí y sólo cuando_ los niveles de más abajo, en los que se apoya, ya están cubiertos”.

    Por lo demás, en cuanto a otra idea concreta del post, la relativa a la plaga (y que luego Rudy ha extendido en un comentario), siempre me ha puesto piel de gallina la puntería en este sentido del prólogo de la película “Idiocracy”. Para quien no la haya visto:

    http://www.youtube.com/watch?v=KzmYUjCNpk8

    (La peli es una comedia boba, pero, joder, cómo arranca…)

  6. Hace ya más de un año escribí un post sobre cómo los descubrimientos de Atapuerca tiraban por tierra la teoría del buen salvaje. La verdad es que no me gusta hacer ésto, pero estoy recién levantada y todavía no espabilada del todo, así que dejo el enlace al post porque ahora mismo me da mucha pereza ponerme a pensar un comentario tal como se merece tu blog:

    http://kotinussa.wordpress.com/2006/07/22/se-nos-cae-un-mito/

    El tema no es exactamente el mismo, pero lo toca de refilón.

  7. Iba contestar a Eduardo, pero Pedro y Gorinkai me han ahorrado el trabajo. Así que les debo una.

    Kotinussa, sí que recuerdo haber leído tu post sobre Atapuerca. De hecho, en ese post hay una frase que me encanta y que suscribo totalmente: Si los cántabros bajaban a la llanura a practicar el asalto, la rapiña y la destrucción estamos ante un pueblo bravo e indómito, guerrero y animoso. Si los romanos suben a la Cordillera Cantábrica a meter en vereda a los cántabros estamos ante una acto de destrucción cultural y genocidio.

    El buenismo de cierta izquierda siempre me ha parecido repugnante, sobre todo por la ceguera que implica.

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