Trilogía del Imperio

La editorial Bibliópolis acaba de publicar la Trilogía del Imperio, donde se recogen las tres primeras novelas (más o menos, dejemos a Lucky Starr a un lado de momento) de Isaac Asimov: Polvo de estrellas, Las corrientes del espacio y Un guijarro en el cielo. Son, en cierto modo, novelas de transición, que marcan el paso del Asimov escritor de relatos al Asimov autor de novelas. Tras ellas, vendrían sus tres novelas de madurez (Bóvedas de acero, El fin de la Eternidad y El sol desnudo) y después el largo paréntesis de veinte años en el que apenas escribió ciencia ficción, antes de retomarla en los ochenta con fortuna más bien desigual.

Luis G. Prado fue tan amable de pedirme un ensayo con el que completar la edición de las novelas; ensayo que podréis encontrar al final del volumen y en el que hablo un poco de la génesis de los tres libros y del tríptico temático e ideológico que representan. Luis es bastante listo y sabía que me habría resultado difícil resistirme a escribir algo sobre Asimov (autor que, lo confieso, me va gustando más a medida que pasan los años, especialmente sus cuentos de los años cincuenta y algunas de sus novelas de esa misma época) y, de hecho, aunque él no lo sabe (y nosotros no se lo diremos) me habría ofrecido a escribir el ensayo totalmente gratis.

Para hacerlo tuve que releer las novelas, entre otras cosas, y me sorprendí, no sólo de lo bien que siguen funcionando después de tantos años (sus tramas son sólidas, su estructura es precisa y el ritmo no decae en ningún momento) sino de la profundidad de la carga ideológica que hay tras ellas. Carga que, lo confieso, me había pasado desapercibida en relecturas anteriores. Porque en esta Trilogía del Imperio Asimov hace un análisis brillante y nada maniqueo de tres situaciones sociales de opresión. No lo parece, quizá en parte por la desnudez de su estilo y la aparente sencillez de sus historias, pero sobre todo porque Asimov nunca permitía que la carga ideológica de lo que contaba ahogase lo que estaba contando, una tentación que muchos escritores mejores a menudo no han sido capaces de resistir.

De esto y de muchas otras cosas hablo en el ensayo que se incluye en el libro. Aunque, por supuesto, lo importante de esta edición son las tres novelas en sí, no lo mucho o lo poco interesante que yo pueda tener que decir sobre ellas.

No busquéis un estilo brillante ni personajes retorcidos de psique torturada. Pero si lo que buscáis es una forma de contar las cosas funcional y narrativamente eficaz, una trama sólida, bien construida y desarrollada y unas cuantas reflexiones interesantes, adelante, no os arrepentiréis con estas tres novelas.

Un comentario

  1. Habrá que pedirlo a los Reyes. A mí también me está empezando a gustar más ahora que antes. Eso sí no soy tan complaciente con respecto a la calidad de sus continuaciones de los ochenta que son más bien maluchas.

    Se dice que Asimov no sabía crear personajes. Sin embargo yo creo que no es así, Asimov creaba muy buenos personajes. Porque sus personajes son las sociedades. Sus personajes son el Imperio, la Eternidad o las sociedades de los espaciales. Y estos personajes están llenos de matices, son muy ricos, multidimensionales y no ecluídeos.

    Sus individuos son secundarios y por lo tanto no necesitan ser complejos, sus sociedades no porque son el personaje principal en cada historia. ¿No será Asimov una víctima de una concepción individualista de la literatura de ciencia ficción?.

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