Kalpa imperial

Kalpa Imperial es un libro que, en cierto modo, nada contracorriente. En una época en la que los libros se conciben y se publican para que puedan ser leídos con rapidez, con la atención a menudo distraída por el ajetreo del metro o el bullicio de una cafetería, este es un libro para ser degustado con calma, con tranquilidad, casi para ser leído con moderación, masticando lentamente cada una de las historias que la componen, y digiriéndola luego largamente hasta asimilarla del todo.

También es, al igual que Trafalgar, de la misma autora, un ejemplo perfecto de lo que se puede conseguir cuando el tono y las herramientas del lenguaje oral se convierten en elementos literarios y se llevan a sus últimas consecuencias. Porque todos y cada uno de los relatos que componen este libro no están escritos, sino que son contados y, al igual que el inverosímil (y puede que mentiroso) viajante interestelar Trafalgar Medrano conseguía que nos creyéramos sus embustes mientras los narraba entre café y café, entre cigarrillo y cigarrillo, el anónimo narrador de Kalpa Imperial (que nunca es el mismo, pero lo es siempre) hace que sintamos como ciertas todas y cada una de las historias que cuenta; ciertas allá donde importan, porque nos cuentan algo de nosotros mismos que desconocemos o preferimos no ver pero que está ahí.

Es, además, el retrato (caótico, desmesurado, triste, irónico, implacable, esperanzado) del imperio más vasto que el mundo ha conocido: un imperio que se extiende ante nuestros ojos y va ganando magnitud en cada nueva historia, sin tener nunca una forma definida, pero cobrando cuerpo casi como un ser vivo. No hay cronología, no hay un claro, preciso y ordenado fluir de los años: el imperio está ahí, siempre lo ha estado, lo estará siempre y en él el tiempo no tiene sentido salvo como un laberinto más en el laberinto que es libro. Un laberinto en el que uno no se pierde, puesto que es imposible perderse en uno mismo. En cierto modo, y usando técnicas muy distintas, Angélica Gorodischer juega con el tiempo del mismo modo que lo hizo en su día García Márquez con El otoño del patriarca y consigue que todas las épocas sean una sola época, que todos los días sean un solo día, que todos los imperios sean un solo imperio, que todos los cuentos sean un solo cuento.

Resulta imposible destacar una sola narración por encima de las demás. Si bien cada lector tendrá sin duda sus favoritos (y en mi caso, si es que os interesa, se trata de “Historia natural de los Hurones”, “Retrato de la emperatriz” y “La vieja ruta del incienso”) cada relato está fundido de tal manera con los demás que no tiene sentido considerarlos como historias aisladas.

Son muchas las influencias que permean este libro: por él resuenan ecos de Borges, sones de Italo Calvino. Incluso la figura de Tolkien se vislumbra ocasionalmente por el texto. Pero eso no impide que la autora tenga una voz personal, definida y definitiva que confiere unidad al libro y lo articula como algo propio y difícilmente imitable más allá de influencias o reflejos de autores anteriores.

Por otra parte, es fácil que muchos habituales del género fantástico en su vertiente más popular se sientan defraudados por este libro al no encontrar dragones, magos, ni fornidos guerreros que salvan el mundo a tajo de espada; acostumbrados sin duda a la sombra de Tolkien que planea sobre casi toda la fantasía moderna se preguntarán qué tiene de fantástico este libro y qué les han tratado de colar por la puerta de atrás. Porque, si lo pensamos un poco, vemos que todas y cada una de las historias que nos cuenta Angélica Gorodischer son difícilmente encasillables en la literatura fantástica al uso: estamos en un ambiente seudo medieval, es cierto, y las resonancias épicas de un pasado legendario dejan sus ecos por toda la obra, pero no hay en ella el menor atisbo de fantasmas, magos, o intervenciones sobrenaturales. En realidad, los relatos de Kalpa Imperial son realistas (en el sentido más amplio del término) pero narrados en un entorno y en un tono que los convierte en literatura fantástica.

Pero posiblemente esa sea la clave del libro: el tono, el lenguaje preciso y evocador con el que la autora nos narra cada uno de los cuentos en él integrados. Es ese tono el que permite que la mirada del lector se vaya deslizando por la historia, vaya engarzando cada relato con el siguiente, y formando (mediante una cuidada y nunca agobiante acumulación) un todo completo del que es imposible separar cada parte.

Angélica Gorodischer es una de las voces más personales e interesantes de la narrativa fantástica en lengua española. Lo ha venido demostrando durante muchos años con cuentos como “Los embriones del violeta” o libros como Trafalgar. Kalpa imperial es, en cierto modo, la culminación natural, inevitable y hermosísima de una vida entera dedicada el fantástico.

Es difícil aventurarse a calificar algo como obra maestra. Y no seré yo quien se atreva a hacerlo ahora. Pero sin duda Kalpa imperial está muy cerca de ser algo así.

© 2007, Rodolfo Martínez

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