El otro día tuve que llevar a reparar el iMac. La unidad de DVD se había estropeado, así que lo llevé a la tienda para que me lo cambiasen, que para algo está aún en garantía.
Unos días más tarde me paso por allí a preguntar. La chica de la tienda lo comprueba en el ordenador y me dice que ya está reparado, pero que aún no lo tienen allí. Supone que estará en Oviedo, en el servicio técnico, y que lo traerán en breve, o puede que incluso esté de camino a la tienda en ese momento. De pronto, se queda pensativa unos segundos y me dice: “Bueno, en realidad no está ni aquí ni allí, ya sabes, no está exactamente en ningún lugar”.
La imagen acudió a mi mente casi enseguida: un iMac dentro de una caja de cartón y, hasta que no la abres y colapsas su estado o como se diga, no sabes si el iMac está vivo o muerto.
Estaba vivo, me apresuro a añadir. Pero confieso que durante un tiempo tuve mis dudas. La incertidumbre, ya sabéis.

Jurjurjur…