Here lies one whose name was writ in water
-Epitafio en la tumba de John Keats

Archivo de Noviembre 9th, 2007

Curiosas carencias

Viernes, Noviembre 9th, 2007 Pertenece a A mi alrededor, El mundo real | 5 comentarios »

Hablar de oídas no sólo es peligroso, sino profundamente injusto. Después de todo, si la propia visión personal de cada uno ya está sesgada por filias y fobias de las que a menudo ni es consciente, imagináos cómo lo estára la visión que tenemos a través de la visión que otro nos da, sesgada por propias sus filias y fobias.

Pese a todo, no puedo resistirme a comentar un par de cosas de la pasada HispaCon. Un par de pensamientos que me han venido a la cabeza tras leer algunas de las reflexiones de la gente que acudió. Como digo, es hablar de oídas y lo que digo, por tanto, debería ser tomado con muchísimas pinzas y un cuidado exquisito.

Es la primera HispaCon a la que no voy en mucho tiempo. Desde 1993, concretamente. Es cierto que, en los últimos años, me empezaba a sentir un poco cansado del asunto: me lo pasaba bien, ciertamente, pero había algo cansino en el ambiente de las HispaCones y, si lo pienso un poco, tengo que reconocer que a las últimas fui más por inercia que por otra cosa. Lo cual tiene su gracia, porque de no haber ido a alguna de ellas es muy posible que mi vida fuera hoy muy distinta. Pero eso es otra historia.

Este año decidí no ir. Por pereza, por una parte: estaba demasiado lejos y la gente que me rodeaba y con la que suelo ir a estas cosas tampoco estaba muy por la labor. Por desconfianza, también: la información que había sobre el evento me parecía escasa y la poca que me llegaba no me daba muy buen fario.

Parece ser que me he equivocado. Que no ha sido una mala HispaCon: los actos han estado bien, han resultado interesantes y no estaban mal organizados. Leo en el blog de Juanma Santiago que eso fue más mérito de la actual Junta de la AEFCFT que de los organizadores del evento y, aunque no estaba allí (y repito una vez más lo peligroso e injusto que es hablar de oídas) tiendo a sospechar que Juanma tiene razón. En buena medida porque lo conozco y no me parece de los que se pongan a decir ese tipo de cosas sin motivo. Y en parte, también, porque no me sorprende demasiado.

Porque, por lo que he podido leer, las carencias de esta HispaCon han ido en la dirección que esperaba: precisamente en las cosas, en los pequeños detalles nimios que deberían ser lo mínimo que uno le pide a un Congreso o una Convención.

Me explico.

Los organizadores de un evento no pueden garantizar que éste vaya a resultar interesante. Pueden matarse a trabajar y que a la hora de la verdad las mesas redondas sean un caos sin sentido, las conferencias resulten plomizas y las actividades complementarias no le gusten a nadie. Es perfectamente posible, y no hay modo de controlar eso. Son cosas que pasan.

Pero lo mínimo que sí deberían ser capaces de garantizar son los aspectos meramente organizativos: que uno no tenga que rellenarse su propia acreditación, por ejemplo; que no te cobren un ojo de la cara por quedarte con hambre; o que exista un lugar accesible y cercano donde los aficionados puedan descansar del congreso y charlar con los amigos frente a unos cafés o unas birras. Son cosas “de mínimos”; elementos que deberían ser los primeros que cuidase cualquiera que organice unas jornadas, unos encuentros, un congreso profesional o una cosa de esas. Y que, por lo que sé, aquellos que se dedican profesionalmente al asunto, realmente cuidan.

Pero no en la HispaCon, por lo que he podido leer (sí, lo repito de nuevo; hablo de oídas).

Y es curioso. Porque ésta no ha sido una HispaCon organizada por un grupo de frikis voluntariosos a los que quizá podríamos mirar con más indulgencia. En un caso así no estamos frente a organizadores profesionales de congresos, y seguramente hablamod de personas que cuentan con pocos medios y menos gente y hacen todo lo que pueden hasta quedar al borde del colapso, así que tampoco nos vamos a poner exigentes con ellos.

Pero no, no ha sido una de esas HispaCones, sino que ésta ha estado a cargo de personas que, eso suponía yo al menos, deberían tener los “huevos pelados” de organizar encuentros, jornadas y congresos y para los que los pequeños detalles de infraestructura deberían ser algo tan cotidiano y sabido que sería lo último que descuidarían.

Parece que no ha sido así.

No pretendo echarle a nadie las culpas, ni meter el dedo en el ojo, ni despertar polémicas innecesarias. Pero me choca el asunto. Porque sin duda uno de los motivos que llevó a buena parte de los miembros de la AEFCFT a elegir esta sede para la HispaCon fue la aparente profesionalidad de los encargados. Así que no deja de ser “chocante”, creo yo, que precisamente las carencias que se le atribuyen a esta HispaCon vayan por ese lado.

¿El motivo? Ni idea. Bastante malo es hablar de oídas como para ponerme a especular acerca de los motivos de algo que quizá ni siquiera pasó como creo que pasó. Se me ocurren un par de cosas, evidentemente, pero no las voy a comentar, no creo que sea el momento.

© 2007, Rodolfo Martínez

© 2007, Rodolfo Martínez
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