Todo Sherlock Holmes

Durante mucho tiempo los aficionados españoles hemos echado de menos una edición cronológica del canon holmesiano, donde pudiéramos leer todas y cada una de las distintas historias del detective de acuerdo a su orden interno. Cierto que hay abundantes ediciones completas del canon en nuestro idioma, pero generalmente se limitan a compilar los libros originales en los que Arthur Conan Doyle agrupó las distintas narraciones y lo hacen en un orden, a menudo aleatorio, que ni siquiera coincide con el orden de su publicación original. (La excepción sería ediciones Valdemar, de la que volveremos a hablar más adelante).

Por supuesto, uno puede realizar por sí mismo esa ordenación, por más que resultará una tarea ciertamente fatigosa. Si bien es cierto que la bibliografía holmesiana en nuestro idioma no es abundante, hace tiempo que está disponible en castellano la biografía que W.S. Baring-Gould escribió sobre el más famoso detective consultor (Sherlock Holmes de Baker Street, en Valdemar) y, a través de lo que comenta en sus páginas se puede proceder a la ordenación de los distintos casos narrados por el doctor Watson (y en un par de ocasiones por el propio Holmes). Sin embargo, como he dicho, la tarea no hará otra cosa que entorpecer la lectura, al obligar al lector a ir saltando de un libro a otro si quiere leer cada una de las historias en su orden correcto.

Así que creo que no podemos por menos que felicitarnos por la iniciativa de Cátedra de publicar completo el canon holmesiano ordenado cronológicamente. Lo ha hecho en su colección Bibliotheca Avrea, dedicada a publicar las obras completas de distintos autores —más o menos «clásicos»— en ediciones cuidadas y, al mismo tiempo, populares y asequibles a la mayoría de los bolsillos.

La edición es interesante por varios motivos. El primero, evidentemente, por el precio: más de 1600 páginas en tapa dura y papel-biblia a 35 euros (de hecho, esta especie de “ediciones omnibus” que está haciendo Cátedra me parecen de perlas: tener la obra completa de Cervantes en solo dos tomos bien editados y por menos de 70 euros, por ejemplo, es un ejemplo a seguir). El segundo por la oportunidad, por fin, de asistir a la carrera de detective de Sherlock Holmes desde su inicio hasta su final y poder seguirla secuencialmente, sin molestos saltos adelante y atrás en el tiempo.

No es el único motivo de interés en esta edición a cargo de Jesús Urceloy. La abundancia de notas, la estupenda introducción, las breves biografías de Doyle, Holmes y Watson y los completos apéndices en los que (además detallar todos los casos, no sólo narrados, sino mencionados por el doctor) se incluye un comentario atinado y pertinente a cada una de las historias incluidas en el volumen, hacen de este libro una pieza imprescindible en la biblioteca de cualquier holmesiano.

Es cierto que la datación de algunas historias es, como poco, discutible. Urceloy sigue a Baring-Gould y va situando cada narración de acuerdo a lo establecido por el famoso especialista. Pero al hacerlo así contradice a Watson en más de una ocasión. Claro que, si tenemos en cuenta que el propio Watson se contradice a sí mismo más de una vez —llega a situar un caso en el año 1892, cuando todo el mundo, el doctor incluido, daba a Holmes por muerto—, eso no debería preocuparnos tanto. Para poder ordenar las historias del canon de un modo coherente hemos de partir, necesariamente, de la base de que el buen doctor en ocasiones se confunde y en otras, sin duda para proteger la identidad de los implicados, miente directamente en cuanto a fechas y circunstancias. Baring-Gould así lo hizo (y su datación se ha convertido en canónica desde entonces) y Urceloy no contradice al famoso especialista inglés.

Sin embargo —quizá porque me atañe personalmente— sí que me molesta un poco el que en el detalle cronológico de las aventuras holmesianas (tanto las narradas como las no) se sitúen en el mes de setiembre los casos de Isadora Persano, James Phillimore y el barco Alicia. Watson, cuando los menciona, afirma taxativamente que el Alicia «se internó en un banco de niebla una mañana de primavera». Difícilmente la estación de primavera dura hasta setiembre (salvo que el Alicia navegara por las antípodas, claro). Dado que en mi novela Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos tomo al pie de la letra las palabras de Watson respecto a la primavera, es comprensible que me resulte molesto encontrarme la datación del caso en otoño.

Pido perdón por la digresión anterior (quizá poco oportuna, lo reconozco) y recapitulo recomendando la que, sin duda, está a llamada a convertirse en la edición definitiva del canon en nuestro idioma. O, por contradictorio que resulte, una de las dos ediciones definitivas.

Sí, suena absurdo, pero es que ediciones Valdemar ha acometido la edición del mismo material, siguiendo los libros ingleses originales y editando con el artesanal primor que nos tiene acostumbrados: en concreto, hasta el momento ha editado Estudio en escarlata, El signo de los cuatro, Las aventuras de Sherlock Holmes, El sabueso de los Barskerville y El archivo de Sherlock Holmes. Una vez que la edición de Valdemar esté completa (yo diría que faltan varios años teniendo en cuenta el ritmo «tranquilo» con el que esa editorial emprende sus publicaciones) tendremos en nuestro idioma dos ediciones que, a su muy distinta manera, podrán ser consideradas definitivas. La de Valdemar sin duda (por más que le pueda pesar a Tusquets, que anda metida en la publicación del mismo material) será la edición definitiva de los libros recopilatorios originales.

La de Cátedra lo es, ya, de cada una de las historias.

© 2007, Rodolfo Martínez

5 comentarios

  1. Las traducciones son nuevas, en efecto.

    Y no, el papel biblia en este caso no es transparamentoso, aunque un poco más delicado que el normal sí que es, evidentemente.

  2. ¿Un solo traductor, o varios?
    (perdón por el interrogatorio, pero es que no puedo ver el libro en persona hasta dentro de una semana o más)

  3. Pues no estoy seguro ahora mismo, tendría que mirarlo cuando vuelva a casa. Creo que hay más de un traductor, aunque debe haber habido alguien que supervisaba la traducción porque no he detectado incoherencias.

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