Viva el derecho romano

Recientemente me he visto entera la primera temporada de Boston Legal (sí, ya sé que anda por la cuarta). La serie me ha gustado. De hecho, va gustándome más a cada capítulo que veo. Y no paro de sorprenderme del excelente papel que hace William Shatner.

Pero lo que más acudía a mi cabeza a medida que la veía era el pensamiento de que teníamos mucha suerte por nuestro sistema legal. Con todos los fallos que tiene, y todas esas sentencias absurdas que a veces vemos por ahí, lo prefiero mil veces al sistema anglosajón basado en el derecho consuetudinario y los jurados populares. No es perfecto, ciertamente, pero al menos aquí tenemos leyes escritas que intentan abarcar todos los casos posibles y los jueces están obligados a fundamentar sus sentencias en base a esas leyes.

Soy consciente de que lo que vi era una serie de televisión y, por tanto, las situaciones estaban deliberadamente exageradas para que fueran más dramáticas. Pero, incluso restando eso, el sistema de juicios por jurados me sigue pareciendo una aberración. En nuestro país, un juez no puede condenar a un acusado simplemente porque le caiga mal, al menos en teoría. Y, cuando quiere hacerlo así, se ve obligado a justificar sus prejuicios en base a la ley existente. En un sistema de jurados como el americano, se puede fallar a un lado a otro dejándote llevar simplemente de tus simpatías o antipatías, y no tienes por qué justificar nada.

Hace unos años, si no me equivoco, que se lleva intentando introducir el sistema de jurados en nuestro país, al menos para cierto tipo de casos. Y, de hecho,recuerdo un caso bastante sonado donde el juez que supervisaba el proceso tuvo que anular la sentencia emitida por un jurado. Tal como lo vi, a la acusada se la había condenado por dos motivos básicos: era lesbiana y antipática. Eso fue suficiente para tener el jurado en contra. Las pruebas no importaban: la señora en cuestión caía mal y fue suficiente para que se fallase en su contra.

El argumento de “democratizar la justicia” que se ha esgrimido a veces para justificar el sistema de jurados siempre me ha parecido de un papanatismo extremo. ¿Qué demonios tiene que ver la democracia con eso? ¿O es que acabaremos llegando al extremo de cierto pueblo de Canadá que decidió por referendum que la torre que había en las afueras era “auténticamente vikinga”?

En fin, que me alegro de vivir en un país que tiene el derecho romano como base de su sistema legal. Y que siga así por muchos años.

8 comentarios

  1. ¡Denny Crane! Evidentemente, como serie de televisión que es, hacen trampa en muchas cosas, pero eso no le quita grandeza a los alegatos de Shore y Schmidt, ni a las charlas de terraza, sin duda lo que más me gusta de la serie. Pero es curioso que salga esta cuestión, porque me recuerda mucho a otra (aparte, en otro orden de cosas, de retrotraerme a “Doce hombres sin piedad”, claro). De hecho, se puede rebatir lo que dices cambiando un par de palabras al mismo argumentario.

    Ejercicio de adivinación:

    “Todos tenemos nuestro propio concepto de la justicia, y el mismo derecho de evaluación. Todo es subjetivo. Así pues, no veo que un sólo individuo esté más preparado que cualquier otro para evaluarla, por mucho que haya estudiado la materia durante años. El concepto de justicia puede cambiar dentro de 100 o mil años, así que, ¿por qué va a tener un juez mayor autoridad moral que yo mismo para decidir el signo de una acción determinada?”

    Cámbiense un par de palabras y se encontrará en qué otro campo se utiliza.
    Yo, por supuesto, estoy contigo, porque el factor humano es más difícil de controlar cuando se potencia con el número y la falta de conocimiento. De hecho, la causa para retrasar muchos de los juicios allí es la recusación de jurados.

  2. Y no te olvides de aquella otra sentencia escandalosa: cuando un jurado popular absolvió a un tío que había asesinado a dos ertzainas. En ese caso no fue por simpatía o antipatía, sino por puro miedo.

  3. Supongo, Kaplan, que el cambio de un par de palabras a que te refieres haría que el párrafo se refiriera, por ejemplo, a la valoración estética de una forma de arte, en lugar de a la Justicia.

  4. Kotinussa: es cierto, había olvidado ese otro ejemplo hasta que me lo has recordado.

    Evidentemente, un sistema como el nuestro no es infalible y todos sabemos de sentencias de jueces que nos parecen absurdas. Y los jueces pueden ser intimidados, sin duda, igual que un jurado.

    Pero, pese a todo encuentro más “objetivo” el sistema de una ley escrita y un experto que la interpreta que el derecho consuetudinario y depender de la buena voluntad de un puñado de desconocidos que pueden no tener ni idea de leyes.

  5. La diferencia es pequeña, tal vez, pero digamos no voy a acabar en la cárcel o ejecutado porque a los críticos se les exija un título o sean elegidos al azar o por votación popular. Es decir, las consecuencias que va a tener para mi vida un modo u otro de enfocar la valoración del arte son, en realidad, despreciables.

    Las consecuencias que puede tener para mi vida un sistema legal u otro… creo que son más relevantes. Un poquito.

  6. Y quizá la cuestión de fondo es ¿qué es la justicia? Desde un punto de vista meramente pragmático es, supongo, simplemente que las leyes de un país concreto se apliquen de la forma más eficaz posible.

    Desde un punto de vista moral o filosófico es otra cuestión. De hecho, hace tiempo le oí dejar a un abogado que el término “ley injusta” era un oxímoron. Tal cosa no puede existir, pues la propia definición de lo que es una ley excluye la posibilidad de una injusticia. Claro que eso es meternos en unas honduras que, a estas horas, y con la galvana de después de comer, como que no.

  7. Pues sí, nuestro sistema es más justo que el norteamericano. Ganamos en justicia (real) y perdemos en interesantes series de abogados. No se puede tener todo en la vida, ¿no?

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