El cristal con que se mira

No suelo ver los telediarios, lo confieso. Pero el domingo pasado, mientras esperaba a que estuviera la comida, me dio por bajar a las cadenas generalistas y hacer un poco de zapping. Me encontré con las noticias de TeleCinco, que se estaban volcando en la cobertura informativa del Gran Premio de Brasil, y complementando el asunto con pequeños reportajes que, lo confieso, encontré más bien estúpidos.

Hubo uno que me llamó la atención, sin embargo. Un reportero se había desplazado al lugar donde vivía Hamilton y nos mostraba una ciudad totalmente indiferente a la suerte que pudiera correr el posible futuro campeón del mundo. Eso contrastaba con las imágenes que acabábamos de ver, con un Oviedo sumido en el delirio y el frenesí.

Y no pude por menos que preguntarme si me estaban mostrando la verdad. Si realmente los habitantes del pueblo en cuestión pasaban del tema tanto como parecía. Porque al fin y al cabo, es muy fácil ir a una ciudad, filmar los lugares que nos interesen y luego mostrar eso como si fuera representativo del ambiente que se vive allí.

No, no pienso que TeleCinco nos engañara o nos diera una visión deformada del asunto. Seguro que lo que nos mostró no estaba manipulado. Sin embargo, habría resultado tan fácil… Igual de fácil que habría sido, por ejemplo, para un equipo de televisión inglés, acercarse a Oviedo y filmar en los lugares y momentos adecuados para dar la impresión de que la ciudad era indiferente a la suerte de Alonso.

No es ninguna novedad, desde luego. Estamos acostumbrados a mirar el mundo a través de una ventanita estrecha en la que alguien nos muestra lo que le place y que nosotros aceptamos como la realidad. “Si sale en la tele, es cierto”, se dice. Y lo contrario, también: “si no sale en la tele, no existe”.

Y, como digo, no es ninguna novedad. No he descubierto el fuego ni inventado la rueda, eso salta a la vista. Lo que comento es algo que se sabe, que supongo que todos más o menos sabemos. Pero en lo que, me parece, no solemos pensar.

¿Qué sabemos realmente de lo que pasa en el mundo? Sólo lo que otros nos cuentan, en la medida que a ellos les interesa y del modo en que a ellos les interese. Y es curioso, porque tengo la sensación de que cuanto más avanzados son los medios de comunicación, cuanto más sencillo es, tecnológicamente, transmitir una información veraz y sin distorsiones también resulta más fácil distorsionar.

¿Adónde quiero llegar? Pues en realidad, no lo sé. A ninguna parte quizá.

9 comentarios

  1. Completamente de acuerdo.

    En mi modesta opinión, creo que, ahora sí, el Gran Hermano nos vigila. Orwell, qué gran visionario…

  2. Si, si que quieres llegar, y conecta exáctamente con el anterior post de Cervantes.

    Los que ven las noticias son el tercer tipo, los que leen la vida.

    Y este es solo un ejemplo de porqué yo odio la tecnologia, y porqué hayq ue desconfiar de ella. No nos deja vivir la vida por nosotros mismos, no nos deja realizarnos como seres humanos, y así estamos de frustrados y de locos, cada vez más.

  3. El problema no está en la tecnología, sino en el uso de la misma.

    Este discurso antitecnológico lo he oído muchas veces pero siempre me encuentro con el mismo argumento. ¿A qué llamas tecnología? ¿En que punto paramos?
    Tecnología es la rueda, el uso del calor para modificar alimentos, los medios de transporte, la calefacción, el agua corriente, la electricidad. ¿En qué momento la tecnología es mala?

    Como siempre el problema es el uso y el abuso.

    En el caso concreto de los medios de comunicación se está usando en dos sentidos totalmente opuestos y con una separación exponencial.

    Los medios de comunicación tradicionales (periódicos, TV, radio) están usando todo para sus propios fines o para los de los partidos y grupos empresariales a los que representan. La manipulación está siendo más y más sesgada, usando para ello todo lo que esté a su mano.

    Hemos visto cortes de declaraciones hechos con intención, periódicos que son capaces de sacar interpretaciones opuestas de las mismas declaraciones, países líderes filtrando la información de una guerra a sus ciudadanos, personas que desaparecen de fotos, o personas que aparecen en otras. Es totalmente sangrante.

    En el sentido opuesto estamos viendo a particulares, asociaciones y personas involucradas dando sus testimonios in situ, sus puntos de vista, sus opiniones.

    El problema es que eso nos hace trabajar, filtrar, pensar y opinar. Lo opuesto al consumo pasivo de la TV.

    Quien quiera saber lo que piensan los ingleses sobre Hamilton tiene cientos de webs, videos y podcast al respecto. En inglés escrito por ingleses.

    Por supuesto puedes quedarte esperando que Lobato te cuente su película, pero si te la crees es por dejar pensar a otro por ti.

  4. Flecha, sabes que no comparto tu opinión sobre la tecnología.

    Por una razón muy sencilla: la tecnología no nos “deja” ni nos “deja de dejar” hacer nada. No tiene voluntad ni intención. Es una cosa. Nada más. Y como cualquier otra cosa la puedes usar para hacer cosas buenas y malas, interesantes y alienantes, liberadoras y opresoras. Como una pieda.

    Somos nosotros quienes no nos permitimos a nosotros mismos realizarnos como seres humanos, en todo caso. Y le echamos la culpa a las circunstancias, a la tecnología, a que el AVE no termina de llegar o a lo que sea…

    Pero no descarguemos culpas sobre lo que no la tiene. Odia al género humano, si quieres por ser imbécil. Pero odiar la tecnología es como odiar a la piedra que te ha abierto la cabeza en lugar de al cabrón que te ha tirado la piedra.

  5. Hace más de 150 años Balzac expresaba su creencia en la inexistencia del pluralismo informativo cuando constataba que la mayoría de los periódicos de su época, por economía y por eficiencia, utilizaban los servicios de la agencia de noticias Havas (la más antigua del mundo, al parecer). Siempre existieron cristales de colores para teñir la información que nos llega. No veo por qué ahora iba a ser distinto. En todo caso, incluso, veo razones y medios suficientes para que eso se haya agudizado.

  6. Como ya dije, no he inventado la rueda, precisamente. Simplemente, son cosas que están ahí y en las que realmente no piensas hasta que de pronto un día algo te las trae de la parte de atrás de la cabeza a la de alante. Y en mi caso fue algo tan tonto como el mini reportaje ese de Tele 5.

  7. Concuerdo completamente en el post y en el argumento frente a la tecnofobia.

    Respecto del post, he leído hace un par de días, lo siento no recuerdo dónde, que el dueño o director de un diario decía que un periódico primero es un negocio, luego un medio de influencia y finalmente, si el lector tiene suerte, un medio de información. Es la cruda realidad.

  8. Si que le hemos dado vueltas a este tema, si.

    Pero tengo la impresión de que no me explico correctamente o que, hay tal animosidad ante unas afirmación como la mía, que se dan cosas por sentado.

    Dependemos psicológicamente del medio, aquel en que nos criamos, y aquel en que existimos, pues somos como se dice animales de costumbres, y estas se ajustan a lo que nos rodea, a lo que podemos obtener y a lo que no.

    Por un lado, nuestro medio cambia, alejándose cada vez más rápido de aquel que dió lugar al ser humano, y tán rápido que nuestra capacidad de adaptación a veces no puede con ello. Nuestro medio se desnaturaliza más a medida que se “tecnocratiza”, o como leches se diga. Y como el medio te condiciona, es actualmente la tecnología la que lo hace, y no podemos escapar ni pretender ser libres de ello. Por esto considero que la idea de que la tenología no es buena ni mala, sino que depende del uso, esa afirmación, en términos filosóficos falaz. Obviamente, la tecnología no es un ente y no puede ser bueno o malo, pero nuestro uso, bueno o malo de ello, tampoco depende enteramente de nuestra elección, la cual está condicionada por el medio “tecnocrático”.

    Por otro lado, es muy buena obsevación esa que haces, Rudy, sobre que culpamos a las circunstancias en vez de tratar de enderezarnos a nosotros mismos, y de nuevo, en este caso, las circunstancias son el medio “tecnocrático”, que hace las veces de árboles que no os dejan ver el bosque, nos dá una percepción incorrecta del mundo real, y para ello el ejemplo del AVE es muy bueno… Cuando no había rápidos medios de locomoción, se iba de un sitio a otro y cuando se llegaba se llegó. Hoy día, lo tenemos todo y no es suficiente; tenemos medios que nos llevan en tiempos irrisorios de un sitio a otro, y al llegar siempre hay alguien esperandonos que se queja de lo tarde que hemos llegado…

    En fin, como tu dices, el género humano es imbécil, pese a todo.

  9. Lo que siempre me ha hecho gracia de la actitud de algunos “tecnófobos” (y no digo que sea tu caso, Flecha, que me pareces bastante más sensato) es cómo obvian ciertas cosas. Hablo de esa tecnofobia que exige una vuelta a una vida pretecnológica. Y, claro, cuando les dices que si esa vida pretecnológica va a incluir la carencia de antibióticos, técnicas médicas modernas y demás, o no saben qué contestar o se enfadan contigo.

    Soy partidario de tener una actitud crítica con la tecnología, y con todo lo demás, ya que estamos. Pero a veces se llega a ciertos papanatismos un tanto ridículos.

    Otro ejemplo es ese tópico, falaz y estúpido, de que las culturas primitivas viven en armonía con su entorno. Falso. Son tan destructivas en intención como el hombre moderno, simplemente su tecnología no es lo bastante avanzada para causar tanto daño. Aunque si lo pensamos: la desertización de Asia Menor no la provocó una multinacional en tiempos recientes sino generación tras generación de pastereo indiscriminado y “pre-tecnológico”.

    Vamos, que el problema de fondo está en nuestra actitud. Somos animales y, como cualquier otro animal, aspiramos a llenar todos los huecos posibles. El problema es que no tenemos depredadores naturales, salvo nosotros mismos a veces, y no hay quien nos pare, de momento.

    Vamos, que somos una plaga. Cualquier organismo vivo es una plaga en potencia si no tiene un depredador que controle su población. Y nosotros no lo tenemos.

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